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Deporte y fair play

La definición hace hincapié en superar los términos de respeto a las reglas, compañeros y adversarios. Se esfuerza en ir más allá del comportamiento para acceder al origen del mismo, el modo de pensar.

Mucho hemos oído del Fair Play y de sus expresiones y manifestaciones en los terrenos de juego, pero me temo que, frecuentemente, son únicamente tales manifestaciones externas al único componente y contenido del concepto. Por tanto, hemos de plantearnos una definición mayoritariamente aceptada para que, a partir de ahí, poder ir reflexionando analíticamente sobre la misma.



La definición hace hincapié en superar los términos de respeto a las reglas, compañeros y adversarios. Se esfuerza en ir más allá del comportamiento para acceder al origen del mismo, el modo de pensar: "Es más que un comportamiento, un modo de pensar"  Podríamos decir entonces que Fair Play es una actitud que emana de un modo de pensar.

El Fair Play que vemos, es decir la "actitud perceptible" es un conjunto de elementos que componen el respeto a los elementos y actores del juego deportivo: A las reglas, o normas que regulan la convivencia, en este caso deportivas, pero que en la vida de relación del individuo llamamos leyes, decretos, órdenes o códigos y cuyo cumplimiento garantizan nuestra propia libertad en el seno de una sociedad dueña de sí misma. A los compañeros, coactores de un trabajo en conjunto con un objetivo común.

El respeto a la especificidad técnica, física y psíquica del compañero, significa el reconocimiento de sus méritos, de sus virtudes y de su aportación, por pequeña que sea. El respeto a los compañeros es la base del trabajo en equipo, de la convivencia laboral y de la integración social. Al adversario, o compañero que se opone deportivamente, posibilitando el hecho deportivo.

El adversario supone en el deporte y en el mundo laboral la superación como necesidad, al mismo tiempo que es la garantía, también en ambos casos, de la libre competencia y la negación del monopolio. El adversario es un cierto aval para la existencia y la presencia de justicia social. A los entrenadores, cuyo fin inmediato es la mejora en aspectos técnicos-tácticos de los actores. Es la evolución del deporte a través del progreso de sus practicantes.

Los entrenadores son directores de recursos humanos que, a partir de las posibilidades individuales, buscan el rendimiento del conjunto, se llame éste equipo o empresa, según los casos. Al arbitro, juez encargado de garantizar el desarrollo de las posibilidades de cada persona en el juego. El respeto a sus decisiones, compartidas o no por cada sujeto, supone la aceptación de la condición humana a la que se pertenece, sujeta a aciertos y errores, y anteponer la convivencia a las convicciones propias.

La autoridad arbitral deportiva o humanamente aceptada supone la formación en la humildad. A los espectadores, quienes si bien no son, en absoluto, objeto ni fin de la actividad deportiva, ni en edades escolares, ni en cualquier tipo de actividad deportiva, han de ser receptores de - los aspectos que dimanan del deporte realizados por otros: aspectos estéticos o táctico-técnicos, por ejemplo. Pero, como ya hemos dicho el respeto es una forma de actuar, de comportarse, una actitud que emana de un modo de pensar.

¿Qué supone la generación de un modo de pensar que genere tal respeto? En principio, ese modo de pensar del que nos habla la definición de Fair Play conlleva un proceso de educación:

De educación crítica: ante un fenómeno social conformado por el deporte actual, con enormes proporciones de presencia mediática, objeto de polémica y debate público y permanente. El deporte en estos momentos necesita del posicionamiento maduro y reflexionado de la persona, que ha de superar el forofismo, la tentación de la violencia, o el encasillamiento o adocenamiento al que tienden las posturas simplistas. La praxis deportiva escolar ha de educar en posturas críticas basadas en el conocimiento y en razonamientos con criterio.

De educación autocrítica: posicionarse ante el fenómeno deportivo supone, desde la óptica del ejecutante escolar, la autocrítica, que como proceso de educación se forma desde la propuesta del profesor-entrenador, quien ha de invitar e inducir al análisis autocrítico a sus alumnos. Valorar al compañero y autovalorarse son posturas críticas y que han de indicar niveles de maduración del educando.

De educación ética: El deporte, en edades de formación, es un instrumento pedagógico, que como tal ha de ser utilizado por el pedagogo en sentido educativo, es decir, como elemento de desarrollo individual y, en consecuencia, social. La búsqueda de la victoria por cauces pactados ha de suponer además de otros valores, la aceptación de la misma con la humildad de quien sabe su precio y lo efímero de la misma.

Del mismo modo, quien trabaja en pos de la superación propia o de circunstanciales y virtuales adversarios ha de encajar la derrota como un elemento formativo, equilibrador y pedagógico, en tanto que permite el análisis crítico que posibilite la corrección de los déficits.

La aceptación de victorias y derrotas con humildad y dignidad, brinda una interesante posibilidad de educación ética, de gran valor equilibrador. Vemos que crear "un modo de pensar" generador de la actitud de respeto que denominamos Fair Play, es una tarea educativa, por tanto encaminada a ayudar a evolucionar a la persona. En este sentido podemos afirmar que, como tal tarea educativa, comporta un trabajo técnico, al que en el ámbito educativo se denomina como "pedagogía".



El deporte configura un elemento de la educación atípico, en tanto que utiliza como medias las posibilidades motrices de la persona, pero desde la visión de la pedagogía es tan sólo un instrumento más de la educación. Por tanto, con las mismas exigencias pedagógicas que cualquier otro instrumento educativo:

1- Fijación de objetivos.

2-Conocimiento y dominio de los medios.

3-Conocimiento de la realidad social circundante.

A finales del siglo XIX, Pierre Fredy, Barón de Coubertín, proponía la inclusión del deporte en el sistema educativo francés, por las posibilidades que este brindaba al pedagogo para educar en los valores que demandaba la sociedad. Coubertín, hace cien años determinó tales valores en una obra que tituló “Pedagogía deportiva".

Los valores coubertinianos eran “la toma de decisiones", “la intensidad”, "la búsqueda de la perfección", "la perseverancia" y "el menosprecio del peligro". Supongo que hoy podremos discutir sobre la validez actual de estos -valores", cuando en realidad no tenemos más valores consensuados universalmente que "los derechos humanos".

Sin embargo nuestra sociedad valora la capacidad para la toma de decisiones", es decir, la responsabilización, por encima del trabajo cuantitativo. La facultad de calibrar de manera rápida los pros y los contras" de una o varias acciones y tomar una decisión coherente de la que posteriormente responsabilizarse, sigue siendo un valor socialmente demandado.

'La intensidad" en la actuación, la apuesta por la decisión tomada, la intervención con ánimo de eficacia, sigue siendo hoy un valor contrapuesto a la tibieza, a la acción dubitativa y a la permanente inseguridad. "La búsqueda de la perfección" como sinónimo de superación, de cualificación, es hoy, quizás más que hace cien años, un valor presente e incluso en alza. Vivimos el momento de "la calidad” de servicios, de productos y de actuaciones.

La búsqueda de la perfección, el superarse limando defectos, no ha perdido vigencia como valor, al contrario, es un valor de moda en una sociedad progresivamente exigente y necesariamente competitiva.

"La perseverancia" en los objetivos apunta hacia la fe en los mismos, hacia la formación en una voluntad fuerte, que sepa oponerse a las adversidades, a las derrotas y a los contratiempos y sinsabores que permanentemente tiene la vida, tanto del estudiante como de cualquier profesional.

"El menosprecio del peligro" tiene, en la explicación coubertiniana, una connotación más cercana a lo que podríamos denominar como "valoración del riesgo" que a una manera irresponsablemente peligrosa de actuar. Este valor presentado como objetivo pedagógico tiene relación con la huida de la inhibición por miedo, con el desprecio a la "no toma de posiciones", y a la falta de compromiso personal.

Hoy, creo, los valores expuestos en la "pedagogía deportiva" de Coubertín siguen siendo socialmente preciados y demandados, y al igual que hace un siglo, difícilmente trabajables en la pedagogía utilizada por la educación intelectual. El deporte, en manos del educador consciente, ofrece una oportunidad valiosa para que la persona pueda aprender a responsabilizarse de sus acciones, a tomar decisiones transcendentes, a superarse, a medir el riesgo, a perseverar en pos de un resultado buscado.

Todo ello, con la intensidad propia de la actividad física puesta en competencia contra uno mismo o contra otros. Quizás nuestra compleja sociedad haya ido uniendo "valores" a la lista del Barón francés, pero sin hacer caducar nada de cuanto él propuso. Hoy, conceptos como la salud", "relación social" o "actuación hedónica" pueden ser añadidos al catálogo de valores socialmente apreciables, con el factor común con los anteriores de la posibilidad pedagógica que brinda el deporte para su asimilación e interpretación por el ser humano. Por otra parte, tampoco creo que sea absolutamente necesaria la universalización de conceptos y valores demandados para reivindicar el deporte como instrumento pedagógico.


FUENTE: Luis V. Solar Cubillas

Por Sergio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)

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