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De la gloria de los dioses a la gloria de los hombres (Parte II)

El espíritu olímpico se materializa en las esculturas de los vencedores de los juegos, en las que dioses y hombres se vuelven indistintos en aras de un modelo ideal.  

En este capítulo, nos adentramos en la parte específicamente histórica, con dato, nombres y fechas de lo que fueran dentro de ese contexto, los Juegos Olímpicos.
          
El espíritu olímpico se materializa en las esculturas de los vencedores de los juegos, en las que dioses y hombres se vuelven indistintos en aras de un modelo ideal. Por igual el canto de los himnos antaño dedicados a los dioses con Píndaro celebra a los vencedores olímpicos, otorgándoles la gloria divina, elemento que se da aparejado a la secularización de la poesía que acepta incluso a la ‘musa que proporciona dinero’.

En una sociedad en la que la manifestación de la gloria desciende a los vencedores de las gestas, Píndaro los enaltece hipertrofiando su valor trascendente, en lo que viene a ser una especie de sobrevaloración, (tal vez obligado en parte por su situación existencial, ya que no le es grato cantar a las glorias de Atenas en Maratón y en Salamina por ser tebano, recordando que los tebanos fueron aliados de Persia y castigados por los helenos toda vez que vencieron al Imperio Oriental).

Lo cierto es que desde un punto de vista artístico e ideológico, tanto el escultor como el poeta visualizan un arquetipo más que al ser de carne y hueso. El atleta victorioso en su grandiosidad es digno de compararse a los dioses, o viceversa, el Zeus magnánimo es representado como un ser humano excelso. Para que con ello la excelsitud heroica de los inmortales se transmita a los mortales.

De manera que la areté aristocrática manifiesta en el valor, se patenta en la Grecia clásica, como cualidades somáticas y psíquicas regidas por la templanza -sofrosine-, designando una ética trascendental: tradición de antepasados nobles para entonces transmitiéndose cual cualidad suprema: la kalokagathia. Apuntando a ser bello y a ser bueno en cuerpo y en espíritu; autodominio, serenidad, paciencia, templanza para luchar, competir y vencer.

En una temporalidad en la que las nacientes polis requerían de mitigar sus rivalidades, los Juegos Olímpicos, por medio de la adoración universal de Zeus, el dios supremo que presidía las justas, ameritaban la tregua sagrada: ekecheiria, en la que toda guerra entraba en tregua para hacer posibles las contiendas; concentrándose el buen propósito de suspender la guerra sustituyéndola por la competencia deportiva, así y los juegos no durasen más de una semana, y la tregua unos tres meses.

Olimpia estaba situada en el Peloponeso, en la costa occidental; tenía la condición de no ser propiamente una ciudad, sino un recinto sagrado, al igual que muchas edificaciones similares características de los Estados Arcaicos. Pero en su caso particular Olimpia pareciera destinada a lucir y trascender en la Historia haciendo honor al significado de su raíz: lampw (Λάμπω) = brillar, lucir.

Los Juegos Olímpicos se celebran cada cuatro años, en los días del primer plenilunio contiguo al solsticio de verano, en lo que parece ser el ciclo nato de las actividades terrenales (como hay cuatro estaciones hay cuatro rumbos cardinales). La que venía a ser una fiesta solemne se efectuaba en el Altis -bosque sagrado- en donde los helenos edificaron un cuadrilátero irregular rodeado por un muro de 200 metros de largo por 175 de ancho.

Los juegos organizados en la Era Helénica debieron tener inicio a principios del siglo -VIII, siendo los primeros registrados los celebrados en -776, en los cuales el vencedor de la carrera fue un atleta de nombre Koroibos. Y es sabido que aun y habiendo otros juegos importantes, como los de Delfos, Nemea, los del Ismo, las propias Panateneas en Atenas, los Olímpicos sobresalen hasta el grado de que fueron tomados en consideración como el marco de referencia histórico para localizar hechos relevantes; las hellanodikes que presidían los juegos se encargaban de redactar la lista de los olympionikes (vencedores de certámenes).

Encargándose de precisar el orden cronológico sabios como Hipias de Elis, a fines del siglo -V, lo mismo que Aristóteles, Filochoro, Pausanias; habiendo anagraphai de los tiempos romanos confeccionadas por Phlegon de Talles y Eusebio de Cesárea, únicas que llegaron hasta la Era Moderna.

Por Sergio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)

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