Bob Beamon: Dinámica de salto y vuelo olímpico
A los diez años, Beamon ya era capaz de saltar 6 metros de distancia. Superó la barrera de los siete cuatro años más tarde; a los 17 años, la de los 8, y a los 20 años marcó exactamente 8 metros 33 centímetros. Un adelantado a su época.
Cualquiera que lea la biografía de Bob Beamon puede observar que fue un verdadero amante de los deportes casi desde el momento en que llegó al mundo. Tuvo una infancia triste. Cuando tenía ocho meses, su madre murió de tuberculosis.
Como de su padre no tenía noticias y su padrastro estaba preso, fue su abuela Bessie quien lo crió. Durante sus primeros años prácticamente vivió en las calles y en las canchas de básquetbol. Ya como adolescente, Beamon fue expulsado de su colegio y recluido en un centro de detención de menores por pegarle a un profesor.
Allí Beamon descubrió el atletismo y comenzó a destacarse rompiendo todos los récords estatales en el salto de longitud. Pudo elegir el camino de la NBA, donde gracias a sus 192 centímetros de estatura llegó a recibir propuestas de varios equipos profesionales. También probó suerte en las carreras de velocidad (100 y 200 metros llanos). Sin embargo, este atleta estadounidense, que nació el 20 de agosto de 1946 en la localidad neoyorquina de Jamaica, decidió destacarse en una disciplina en particular: el salto en largo.
A los diez años, Beamon ya era capaz de saltar 6 metros de distancia. Superó la barrera de los siete cuatro años más tarde; a los 17 años, la de los 8, y a los 20 años marcó exactamente 8 metros 33 centímetros. Un adelantado a su época. Pero fue a los 22 años cuando se transformó en un símbolo del atletismo contemporáneo.
Los Juegos Olímpicos de México DF 1968 fueron el escenario elegido. En la clasificación para la gran final, Beamon estuvo al borde de quedar eliminado, tras realizar los dos primeros saltos nulos. Sin embargo, en el tercer y último intento logró el objetivo. Convencido de que no tenía la más mínima chance de ganar el oro, el 18 de octubre Beamon salió a la pista completamente relajado, lejos de un estado de concentración ideal para ese momento.
Y si bien era uno de los favoritos (había ganado 22 de las 23 competencias previas), nadie imaginaba lo que vendría, sobre todo porque la mejor marca de Beamon hasta allí era de 8,33 metros. A las 15:45 del viernes 18 de octubre, durante los Juegos Olímpicos de México ’68, Bob Beamon corrió por la pista, dio 19 zancadas, se elevó en el aire y saltó 8 metros y 90 centímetros, con lo que estableció un nuevo récord mundial en salto en largo, que superó al que hasta ahí ganaba el oro por… ¡55 centímetros! Nadie estaba preparado para eso. Ni siquiera los jueces, que no tenían herramientas para medir la distancia, y tuvieron que recurrir a una cinta métrica. Después de unos cuantos minutos de incertidumbre, apareció la sentencia imposible, única, tremenda, inolvidable: 8,90. Nadie podía creerlo. Ni el propio Beamon, que para festejarlo se tiró al piso.
El anterior campeón olímpico, Lynn Davies, dijo que Beamon había destruido la prueba. Además, ese salto, calificado como “el salto del siglo”, dio lugar a que se inventara un nuevo adjetivo en inglés para la jerga del atletismo: Beamonesque, que se aplica a cualquier hazaña o hecho espectacularmente fuera de lo común. La epopeya fue tan impresionante que la plusmarca conseguida por Beamon recién pudo ser batida 22 años, 10 meses y 22 días después, en 1991, durante los Campeonatos Mundiales de Atletismo disputados en Tokio.
Esa vez, el estadounidense Mike Powell saltó 8,95 metros. Sin embargo, la marca que Beamon estableció en 1968 sigue siendo el récord olímpico para la especialidad y, al menos hasta los Juegos de Londres 2012, la segunda mejor marca de todos los tiempos. Lamentablemente, la fama le jugó una mala pasada. Beamon dejó de entrenarse y malgastó su dinero en inversiones ridículas. Se retiró poco después de obtener la medalla de oro en México y no participó en la siguiente convocatoria olímpica, en Munich. En 1973 regresó a la alta competición, con poca trascendencia.
Posteriormente ejerció como entrenador y colaboró con el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Los Angeles de 1984.
Se casó tres veces y se recibió de sociólogo en 1972. También viajó a España, donde trabajó en comercios. En 1990 regresó definitivamente a los Estados Unidos, donde montó una empresa de consultas deportivas y una pequeña inmobiliaria. A pesar de haber echado por la borda su carrera deportiva, Bob Beamon será recordado por siempre por aquel tremendo e histórico salto en largo que realizó en los Juegos Olímpicos de México ’68.
Fuente: 50 glorias del deporte olímpico (Pablo Lisotto)
Por Sergio Tolaba, academista olímpico (Especial para Jujuy al Momento)

