Patotas, drogas y delincuencia en Mariano Moreno
Uno de los barrios más antiguos de la Capital se ve azotado por patoteros, adictos a las drogas y delincuentes. La seccional N° 30 en la mira: ¿Ineficiencia o complicidad?
Una delicada situación es la que se vive en uno de los barrios más antiguos de la Capital. Los vecinos expresan con preocupación cómo se reiteran los robos y asaltos violentos contra transeúntes que circulan desprevenidos por el lugar.
La gente de bien, la que padece la delincuencia en el lugar, apunta contra los grupos que se adueñan de la plaza principal del barrio, en las inmediaciones del Bachillerato Provincial N° 21. “Son los mismos de siempre y la policía los conoce”, afirman por lo bajo vecinos que temen exponerse ante las cámaras porque saben que las patotas mandan en el lugar.
Lo cierto es que la zona se ha vuelto literalmente intransitable en ciertos horarios.
Hace algunas horas, testigos relataron con indignación cómo dos delincuentes, por su aspecto menores de edad, agredieron brutalmente a un joven con discapacidad, a tan sólo dos cuadras de la comisaría, con el objetivo de arrebatarle su celular o algún otro objeto de valor. Como no portaba nada que les sirviera, los patoteros le desfiguraron el rostro.
La respuesta de los agentes en la seccional N°30 fue más que preocupante: con resignación, le tomaron la denuncia a la víctima y prometieron hacer “un recorrido”, mientras por lo bajo admiten que les falta personal para cuidar a la gente.
Lo cierto es que el servicio que prestan es totalmente ineficaz.
Por si fuera poco, abundan los comentarios de gente que los señala por una supuesta complicidad con los delincuentes.
Los vecinos aseguran saber quienes delinquen. Extrañamente, la policía lo desconoce.
En ese marco, el barrio se ha vuelto en un símbolo de la delincuencia.
Miles de familias trabajadoras que viven en la zona deben lidiar en forma cotidiana con malvivientes que se dedican a delinquir para solventar sus adicciones, destruyendo su vida y afectando la de los demás.

