Cargos públicos: concursos vs. “dedocracia”
El nuevo gobierno llegó al poder en 2015 con un discurso que parece haberse quedado a mitad de camino: una reforma que proponía eficiencia en los servicios que brinda el estado, en sus tres poderes.
El puntapié inicial se dio en la justicia. La reforma judicial que impulsó el gobernador Gerardo Morales incluyó la selección de jueces por concurso, en forma paralela a la polémica ampliación del Superior Tribunal de Justicia, de 5 a 9 miembros, dos de ellos diputados que tras votar la reforma pasaron a ser parte de ese tribunal.
Pero la reclamada selección de jueces por concursos abrió una primavera en el poder judicial que generó expectativas, y sin embargo, hoy, se demuestra insuficiente.
Estos últimos siguen siendo seleccionados con un criterio discrecional, que suele obedecer a los parentescos, la militancia o la fidelidad, antes que la formación y la experiencia.
Así, la gran familia judicial continúa inalterable, mientras el servicio de justicia es cada vez peor, con juicios que demoran décadas con suerte.
Cada juez que habla en público reconoce el malestar de la gente hacia su trabajo. Sin embargo, no se ven iniciativas que apunten a contrarrestar, con eficacia, la mala imagen del Poder Judicial.
Una voz en el oficialismo, como el diputado Ramiro Tizón, aseguró el gobierno evalúa extender el sistema de concursos, no sólo a los empleados y funcionarios en el palacio de Tribunales, si no también hacia toda la administración pública.
Allí Tizón abrió, quizás sin querer, una ventana hacia otro submundo de acomodos.
Punteros políticos sofisticados terminan poblando la “Honorable” casa de piedra.
El denominador común es siempre el mismo: nadie rinde un exámen para ingresar, mucho menos explica bien qué hace.
Pedir una rendición de cuenta de los presupuestos que administraron o simplemente de la productividad en las horas que los contribuyentes pagaron con sus impuestos – como en cualquier empleo decente – parece ser utópico.
Sin embargo, vehículos de alta gama, viáticos, choferes y sueldos onerosos se destinan ante la vista de todos, sin demasiada justificación.
En toda organización, el recurso humano es fundamental. Los concursos para seleccionarlo quizás sean la clave y el punto de partida para aspirar a un mejor servicio público en los tres poderes del estado.