De la apatía electoral al descontento social
Después de la reciente elección, las declaraciones del ministro de Gobierno, Álvarez García, han generado polémica. El funcionario afirmó que el oficialismo mantendrá su quorum propio en la Legislatura. La pregunta que surge entonces es: ¿para qué? ¿Será para seguir imponiendo su agenda con mayoría propia, sin buscar un verdadero consenso democrático?
La preocupación radica en que, al mantener esa mayoría, el oficialismo va a seguir gobernando en la práctica con una lógica de imposición, ignorando las voces de la oposición, que tiene un papel fundamental en el equilibrio y control del poder legislativo. En lugar de abrir espacios de diálogo y búsqueda de acuerdos, van a seguir una línea de acción donde los proyectos se aprueben unilateralmente, solo con los apoyos de sus socios eventuales en la Legislatura.
Este enfoque distorsiona el rol de la Legislatura, dejando en segundo plano la representación de todos los sectores de la sociedad. La verdadera democracia requiere diálogo, consenso y búsqueda de acuerdos que beneficien a toda la ciudadanía, no solo a una mayoría que impone su voluntad sin considerar las distintas miradas o propuestas.
¿Estamos frente a un escenario donde el oficialismo no busca consolidar su poder a costa de la pluralidad y la participación democrática? La salud de una democracia se mide en cómo se respetan los equilibrios y las voces diferentes dentro de las instituciones.
Además de su postura sobre mantener el quorum propio en la Legislatura, Álvarez García hizo mención al bajo nivel de participación en las elecciones intermedias, argumentando que para la gente esas elecciones no son importantes y calificando esa conducta como algo “normal”. La verdad, lo que esto revela es una cierta desconexión con la ciudadanía y una visión que puede ser peligrosa para la democracia.
Esa apatía electoral, si se naturaliza, favorece a quienes buscan mantener y concentrar poder sin un debido control ciudadano.
En realidad, las elecciones intermedias son fundamentales: son una oportunidad para que la población evalúe la gestión de sus representantes, exprese su opinión, y participe activamente en la construcción de una democracia fuerte y plural. Ignorar o minimizar esa participación solo alimenta la apatía y la desconexión social.
Lo que habría que preguntarle al ministro Álvarez García es: si, como él dice, las elecciones intermedias no son importantes para la gente, ¿por qué se adelantaron? ¿Por qué se decidió gastar millones de pesos en un proceso electoral que, según esa lógica, no tendría mayor impacto en la ciudadanía, cuando en realidad esas elecciones bien podrían haberse ido junto con las próximas nacionales?
Lo que muchos no dicen, y que el ministro quizás evita mencionar, es que en realidad estaban preocupados. Pero esa preocupación no debería justificarlos para tomar decisiones que afectan la participación ciudadana
Desde mi perspectiva, el error del gobierno fue no haber insistido en la importancia de que la gente concurra a votar en estas elecciones intermedias. Porque recordemos: en esas urnas se puede encontrar un espacio clave para renovar o fortalecer los equilibrios que muchas veces faltan en la legislatura. Estas elecciones son una oportunidad para romper con la hegemonía que algunos consideran perversa, esa que muchas veces monopoliza el poder en la Legislatura, sin dejar espacio a otras voces ni a un verdadero debate democrático.
Además no podemos aceptar que la tecnología siga fallando sistemáticamente, y más cuando en otros lados las cosas funcionaron sin mayores inconvenientes. Eso habla de una gestión que no toma en serio la importancia de garantizar un sistema confiable, que brinde seguridad y certeza a la ciudadanía.
Y la desconfianza, que ya es un factor inevitable, se incrementa cuando vemos que en estas circunstancias la gente no puede tener plena certeza de que su voto se cuenta correctamente. A estos muchachos del gobierno, hay que recordarles que la confianza en las instituciones y en el proceso electoral es fundamental para fortalecer la democracia. Si no cambian esa actitud, si no arreglan la estructura, nunca vamos a lograr ese vínculo de confianza necesario entre los ciudadanos y las instituciones.
Vamos a seguir defendiendo el papel del Estado, dijo Álvarez García, porque el gobernador Sadir ha demostrado que un estado que sirve, es un estado presente. Pero, en realidad, me parece que el ministro Álvarez García está equivocado. Sadir ha fracasado hasta ahora: Jujuy, en muchos aspectos, parece ser una provincia sin estado, porque no ofrece respuestas de ningún tipo a su gente. La gente necesita soluciones, y lo que ve es un gobierno que no está. Por eso, le sugeriría que salga de su oficina, recorra los barrios, vea, escuche y se conecte con la realidad de la gente.
Hablando de las elecciones, Álvarez García dijo que la campaña fue tranquila y en paz. Es lógico que haya sido así, porque en general, los candidatos no tenían mucho más para ofrecer. La campaña, en realidad, fue muy aburrida. Y decir que esto estuvo garantizado por el gobierno radical, además, es una verdadera falacia. Sin transparencia, sin una rendición de cuentas clara, y obstruyendo todos los mecanismos de control, lo que estamos viendo es justamente lo contrario: un gobierno que se aleja de los valores democráticos.
Es el reflejo de un modelo autoritario, donde el poder se concentra y se manipula para mantenerse en el control.
En definitiva, no podemos seguir aceptando una gestión que solo alimenta el desgaste institucional y la desigualdad. Necesitamos un cambio real, un Estado que esté al servicio de toda la gente, y una política que respete los principios democráticos esenciales.