¿La causa de este repentino interés? La pérdida del bastión electoral que antes les aseguraba el control. La realidad es que el proyecto de municipalización no es un acto de generosidad, sino una estrategia desesperada para retener el poder y recuperar votos en una zona donde su popularidad ya no es la misma.
¿De ingenieros de la ruina a arquitectos de la reconstrucción?
Es curioso cómo, después de diecisiete años de abandono, justo cuando las urnas les dieron la espalda, los radicales del frente “Jujuy Crece” descubren de repente la importancia de la municipalización de Alto Comedero. Ahora, cuando la zona se encuentra asfixiada por la pobreza, la inseguridad y la falta de infraestructura, estos mismos dirigentes, que miraron para otro lado durante años, pretenden presentarse como los salvadores.
Carlos Haquím, que durante años permaneció mudo y cómodo en la sombra de Gerardo Morales, ahora se acuerda de los vecinos como si nunca hubiera formado parte del gobierno que permitió el olvido de Alto Comedero. Martín Fellner, por su parte, intenta ocultar el fracaso de la gestión familiar que permitió que el barrio fuera un terreno desolado, bajo el control de sectores que se lucraron con la miseria.
Pero los vecinos de Alto Comedero no se dejan engañar tan fácilmente. Este proyecto no es la solución a sus problemas, sino una nueva trampa electoral. Como bien señaló el ingeniero Héctor Rubén Daza, la política tradicional ha fracasado porque no comprende la realidad del barrio. Los radicales no entienden ni respetan la idiosincrasia de Alto Comedero, y los resultados de esa desconexión están a la vista en cada calle rota y cada servicio abandonado.
Es hora de que los vecinos de Alto Comedero se den cuenta de que esta “solución” no es más que una nueva jugada política de los mismos de siempre, que buscan capturar votos para perpetuar sus fechorías. La municipalización debe nacer desde la gente, no de aquellos que solo aparecen en tiempos de elecciones.
Es una tragedia que, a pesar de los años de promesas incumplidas, los políticos sigan intentando vender el mismo paquete vacío. Este proyecto no es más que un intento de maquillar el fracaso de una gestión que ha dejado a Alto Comedero sumido en la miseria. No es una reparación histórica; es una manipulación política. La verdadera autonomía de Alto Comedero no vendrá con un decreto de la Casa de Gobierno, sino del poder de los vecinos para rechazar esta farsa.
Es hora de que los dirigentes que hundieron al barrio en la miseria den un paso al costado. El tiempo de la gerontocracia política se ha agotado. La gente está cansada de las promesas vacías, y no hay maquillaje que oculte cuarenta años de abandono sistemático.
Los vecinos de Alto Comedero no deben caer en la trampa electoral. La firma de un decreto no les da nada más que una nueva trampa administrativa. No es un favor; es una obligación que ha sido postergada durante décadas. No se dejen engañar por el cotillón oficialista. No olviden quiénes fueron los responsables de su abandono, porque, al final, los verdugos de ayer no pueden convertirse en los salvadores de hoy.
Es momento de poner fin a este ciclo de engaños. No dejen que el pasado los condene nuevamente. La verdadera autonomía de Alto Comedero depende de la fuerza de sus vecinos, no de los que solo aparecen para buscar votos.

