La identidad del diablo, un misterio que se debe respetar
Según las tradiciones que nos trasmiten los abuelos, quienes se disfrazan de diablos para carnaval asumen un compromiso que va más allá de ser el alma de la fiesta. Ellos deben cuidar que su identidad no sea develada.
El verdadero diablo del norte de Jujuy sabe que su identidad no debe ser conocida, que familiares y amigos no tienen que llamarlo por su nombre original.
El verdadero diablo tiene que permanecer con su traje puesto desde que llega a su comparsa hasta que se va, no tiene que sacarse la careta ni el cabezal y mostrarse al público porque la idea es ocultar al hombre o mujer que viene todo el año trabajando o estudiando y sacar esa parte de alegría, de desate carnavalero.
El verdadero diablo tiene presente que él es el alma de su comparsa por eso baila y baila. Para comunicarse saca el hablar de un duende oculto en su garganta, un duende pícaro que deja toda la pena en el olvido.
El maestro Fortunato Ramos explicó una vez que durante el desentierro el diablo se arrodilla, ofrece a la Pachamama vino, cerveza, chicha y también reza.
“El diablo no tiene que ser reconocido. Si se embriaga, se queda dormido y le quitan la máscara, pierde; ese diablo pierde el compromiso con la Pachamama y espera hasta un castigo, mucha gente desconoce esto y el turista viene pensando que es un gran espectáculo”.
Fortunato reflexiona en que el turista llega inocente y ajeno a todo lo que significa el carnaval, por lo cual es obligación de cada jujeño conocer su contenido para explicarlo.
“Esto hay que tenerlo en cuenta, respetarlo, asumirlo y con ese respeto ir al carnaval. Todo tiene una relación, cada persona mayor le puso reglas a su comparsa, le puso sus enseñanzas”.
La costumbre del disfraz es una tradición de muchos años, es por eso que quienes se disfrazan ante todo deben ser conscientes del compromiso que asumen con la Pachamama y con su comparsa, es decir con la tierra y su propia gente.
(Con información de archivo y Prensa Humahuaca)

