José Leiva, referentes social de la CCC en Libertador General San Martín, advirtió sobre un marcado incremento en la cantidad de personas que recurren a comedores y merenderos para poder alimentarse. A la creciente demanda se le suma el cierre de algunos espacios comunitarios y las enormes dificultades para sostener los que continúan funcionando a pulmón.
El fenómeno no solo se refleja en la cantidad de asistentes, sino también en el cambio etario de quienes concurren. Si bien históricamente los merenderos recibían principalmente a niños, hoy la asistencia se ha extendido hacia adolescentes y jóvenes.
“La gente que va es adolescente, es joven también que asisten. Ha crecido la edad de personas que también recurren a nuestros espacios para tratar de zafar un poquito en el día a día”, explicó el dirigente al dialogar con Radio 2.
Desocupación, informalidad y baja del consumo
La problemática alimentaria está profundamente ligada al deterioro del mercado laboral. En la zona se registra un aumento de la desocupación, impulsado en parte por el cierre de oficinas de organismos nacionales, y un fuerte crecimiento de la informalidad.
Oficios tradicionales como la albañilería y la soldadura, al igual que el servicio de remises, reportan una drástica reducción en la actividad, trabajando apenas un par de días a la semana debido a la parálisis general del consumo y la escasez de circulación de dinero.
A esto se le añade la dificultad para acceder a programas de asistencia. Los comedores que recibían ayuda estatal mensual dejaron de percibirla a raíz de exigencias burocráticas excesivas. Las normativas actuales solicitan documentación personal exhaustiva tanto de los responsables como de cada uno de los niños y familias que retiran su porción de comida, lo que redujo drásticamente el padrón de beneficiarios.
“Cuando te pide comida no te pide fotocopia, no te pide impresiones, no te pide salvedad de pantalla ni nada de eso; te da hambre y vas a un lugar y al final la nómina de 60 termina siendo una nómina de 20 y te mandan menos, y la fila se hace más grande”, señaló Leiva con indignación.