China aseguró que no quiere una guerra comercial con Estados Unidos, pero se verá obligada a enfrentarse a la primera economía mundial si el presidente Donald Trump sigue intensificando las tensiones comerciales, dijo el miércoles su Ministerio de Comercio.
Nueva respuesta de China a los aranceles de Donald Trump: "No dejaremos que nos intimiden"
El desenlace dependerá de hasta dónde estén dispuestos a llegar ambos gigantes y de cómo el resto del mundo logre adaptarse a las nuevas reglas del juego.
"No hay ganadores en una guerra comercial", dijo el ministerio en un comunicado. "China no quiere una, pero el Gobierno nunca permitirá que los derechos e intereses legítimos del pueblo chino sean perjudicados o arrebatados".
La declaración acompañó a un libro blanco sobre los lazos comerciales entre EEUU y China publicado por la Oficina de Información del Consejo de Estado, que se relaciona con los medios de comunicación en nombre del Gobierno.
El documento se publicó después de que entraran en vigor los aranceles masivos de Trump del 104% sobre los productos chinos, una medida que Pekín ha calificado de "chantaje" y ha prometido combatir.
"Estados Unidos está utilizando los aranceles como una herramienta para ejercer la máxima presión para obtener beneficios egoístas. Esto es unilateralismo clásico, proteccionismo y acoso económico", añadió un portavoz del ministerio.
Los posibles ganadores de la embestida arancelaria
Un puñado de países se perfilan como posibles ganadores, aunque el riesgo de una recesión inducida por los aranceles limitará las ventajas.
Con aliados de larga data y estrechos socios comerciales de Estados Unidos como la Unión Europea, Japón y Corea del Sur entre los más afectados -con aranceles del 20% o más-, rivales desde Brasil a India y desde Turquía a Kenia ven un resquicio de esperanza.
Brasil se encuentra entre las economías que escaparon con el arancel estadounidense "recíproco" más bajo, del 10%. Además, el gigante agrícola podría beneficiarse de los aranceles de represalia de China que probablemente afectarán a los exportadores agrícolas estadounidenses.
Brasil, como importador neto de bienes de Estados Unidos, ejemplifica la forma en que algunos países podrían aprovecharse de la guerra comercial que Trump está librando principalmente contra China y otros grandes exportadores que tienen superávits comerciales con Estados Unidos.
Marruecos, Egipto, Turquía y Singapur, todos ellos con déficits comerciales con Estados Unidos, podrían encontrar una oportunidad en la angustia de aquellos que, como Bangladés y Vietnam, tienen grandes superávits y han sido duramente golpeados por Trump. Mientras que los dos últimos están lidiando con aranceles previstos del 37% y el 46%, respectivamente, los primeros, como Brasil y la mayoría de sus vecinos, enfrentan un 10% cada uno, algo como un tirón de orejas en el nuevo orden mundial de Trump.
Turquía, cuyas exportaciones de hierro, acero y aluminio se vieron afectadas por anteriores aranceles de Estados Unidos, ahora se beneficiará a medida que otros comerciantes mundiales soporten gravámenes aún más altos.
Kenia, país con el que Estados Unidos mantiene un superávit comercial, también podría beneficiarse de un golpe arancelario relativamente leve. Los productores textiles, en particular, expresaron su esperanza de obtener una ventaja comparativa frente a los competidores de los países más afectados por los aranceles.

