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Cien años del Palacio de Gobierno, la casa de los jujeños

Tras atravesar diferentes etapas constructivas, un 10 de noviembre de 1921 el Poder Ejecutivo decretó la liquidación final de la nueva Casa de Gobierno y se dan por recibidas definitivamente las obras.

El antiguo edificio del Cabildo, ubicado cerca de la actual casa de Gobierno, fue utilizado como sede del gobierno hasta mediados del siglo XIX, cuando se lo consideró inadecuado por ciertas falencias arquitectónicas como consecuencia de movimientos telúricos y vejez de su estructura. Vinculado a esto, en el mes de marzo de 1863 se autoriza la construcción de un nuevo edificio gubernamental. Esta sede quedó terminada en 1867 y funcionó hasta las primeras décadas del siglo XX.

En diciembre de 1901 y mediante la ley nº 48 se inician los trámites para la construcción del actual Palacio de Gobierno, proceso que llevaría más de veinte años hasta su habilitación definitiva.

En 1902 se encomendó al ingeniero arquitecto Feliciano Lavenás la confección de planos y presupuesto, de acuerdo a las "reglas del arte" y las bases que recibió del Ministerio de Gobierno; la propuesta presentada fue aprobada en septiembre.

En 1904 Gonzalo Correa fue designado inspector de la obra, que estaba próxima a iniciarse. Tres años después, esto es, en 1907, se dispuso, mediante ley nº 144, contratar la edificación de la Casa de Gobierno. En 1908 se asigna a los señores Stramandinoli e hijos la ejecución del edificio; pero en 1912 se paralizarían las obras por conflictos legales.

Finalmente, y luego de atravesar diferentes etapas constructivas, el 10 de noviembre de 1921 el Poder Ejecutivo decreta la liquidación final de la nueva Casa de Gobierno y se dan por recibidas definitivamente las obras.

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2 Planta baja

4 Planta alta

3 Plano de Ubicación

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1 Vista general

5 Salón de la Bandera

Descripción del edificio

La Casa de Gobierno de Jujuy es una de las últimas obras del periodo liberal, y ejemplifica la ideología que guió a la generación del 80 en la producción de edificios para la administración del Estado.

El Palacio jujeño materializa las formas a través de las cuales se expresa el poder según la concepción dominante a fines del siglo XIX: el Academicismo francés, en este caso en su variante de Clasicismo borbónico.

Para los autores de La arquitectura del liberalismo en la Argentina, esta obra es una de las tantas versiones del palacio Vaux-le-Vicomte (Louis Le Vau, 1655): "pabellón central simétrico y alas laterales con cúpula".

El edificio en sí ocupa solo una parte de la manzana en la que se halla emplazado. Sus cuatro fachadas disponen de amplio espacio para la percepción, sobre todo las dos más extensas; la fachada principal, en efecto, enfrenta la plaza, y la posterior se abre hacia amplios jardines, que abarcan media manzana.

Dos órdenes superpuestos, rematados en techo à la mansart, organizan el diseño de las fachadas, en las que la masa predomina sobre los huecos. La fachada principal es simétrica; un pabellón central tripartito da ingreso a la casa.

Inmediatamente detrás de las puertas, paralelo a la fachada y perpendicular al eje principal de la composición se ubica un vestíbulo un tanto frío, casi schinkeliano, de proporciones severas y que conduce, siguiendo la dirección del eje, a la gran escalera, de importante desarrollo, a la que se ingresa previo paso bajo un arco en anse de panier.

El edificio se organiza alrededor de un patio central rectangular. Si bien el patio es un componente de la arquitectura tradicional de la región, no debe ser el motivo de su presencia en el edificio que comentamos. La elección estilística implica una inevitable indiferencia por circunstancias y tradiciones; es esa una típica característica del Academicismo, lo que nos induce a disentir de la nota que analiza esta misma obra en el tomo I de la colección El Patrimonio arquitectónico de los argentinos.

En la planta alta, de la sucesión de locales con puertas en enfilade se destaca el denominado Salón de la Bandera, de inspiración francesa y correcta ejecución; ubicado en el centro de la fachada principal, es el ambiente con mayor despliegue ornamental, en un edificio más bien austero en cuanto a decoración y riqueza de materiales se refiere.

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