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El Chingo: payasos asesinos, ángeles y dragones despertaron al diablo

El desentierro del Pujllay en ese barrio es la experiencia más intensa y precisa dentro de lo que se puede definir como un carnaval popular en la capital jujeña. Una multitud de gente y miles de disfrazados se sumaron al festejo el sábado 24 de febrero. Este domingo será el entierro del diablo.

Seguramente esta nota periodística no alcance a describir el gran esfuerzo que las comparsas del barrio El Chingo, capital jujeña, dispusieron para realizar el desentierro del Carnaval. Pero sí puede reflejar cómo junto a miles de vecinos dieron rienda suelta a esta fiesta que, cada año, se va potenciando en algo que termina siendo inconmensurable.

Alegría. Pasión. Euforia. Exaltación. Entusiasmo. Emoción. Estos fueron algunos de los sentimientos que Los Alegres de El Chingo y Retote despertaron el sábado 24 de febrero cuando desenterraron al Pujllay.

Antes que se desate el carnaval, detrás de las angostas escaleras que conectan a esa zona barrial, las comparsas se percibieron como una familia. Los presidentes, delegados, coordinadores, vecinos y niños estuvieron a la par, ninguno fue más o menos importante. Se brindaron apoyo y ánimos para hacer la mejor bajada de los disfrazados, como en cada edición.

Abajo una multitud distribuida en las diferentes calles aguardó el descenso de los protagonistas. ¿Quiénes? Nada más y nada menos que dragones, ángeles, payasos asesinos, guerreros, conejos, simpáticos perros, la máscara, monjas, pitufos, Jason y hasta Ghostface de Scary Movie, entre otros personajes.

Los niños disfrazados le dieron un brillo especial a este gran festejo; contagiando la sana diversión. Por su parte muchos mayores, también disfrazados se entregaron por completo al baile, a compartir bebidas y a cantar a viva voz "quiero que comprendas cariño, que (Los Alegres - Retote) están primero".

Mientras transcurría la tarde, toda esa energía emanada por la inmensa masa de gente llegó a diferentes barrios generando así que miles de vecinos se sumen a la fiesta de "Chingolandia", nombre que adjudican muchos simpatizantes cada vez que llega el carnaval a ese barrio.

En resumen, fue un evento inolvidable, único, y colorido, donde volvió a renacer el objetivo del carnaval que es de amistad, diversión y sin violencia.

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