Miles de personas viven una odisea para escapar tras el huracán Dorian
Sin apenas agua ni comida y con la electricidad en mínimo tras el paso del terrorífico huracán, miles de personas concentran sus esfuerzos en intentar salir de las islas Ábaco y Grand Bahama, aunque con suerte dispar.
Uno de ellos es el venezolano Argimiro Torres, de 54 años, quien espera a las afueras del Aeropuerto Internacional de Freeport junto a un grupo de otros cuatro compatriotas a que su empresa envíe un avión para evacuarlos.
"Ese es nuestro avión, el amarillo", dice a Efe más esperanzado que convencido de que tendrá suerte mientras mira desde el otro lado de una valla cómo el pequeño avión se estaciona. Junto a él, hay otras aeronaves de escasa capacidad a las que sube un reducido grupo de personas y enseguida despega. Otras vienen cargadas de suministros de primera necesidad y acceden a evacuar a unas pocas personas, cuyos nombres forman parte de una larga lista de espera.
Otro de los afectados, Julio César Ceballos, también forma parte de este grupo de venezolanos que trabaja en Bahamas en una empresa que repara barcos. El soldador luce cansado después de días de tensión y espera al lado del aeropuerto para poder salir.
La opción aérea llegó después de que el viernes lo intentaran por el puerto de Freeport, pero allí había "demasiada gente".
El barco, que trasladaba de manera gratuita a los que estuvieran enfermos, pronto se llenó y entonces llegaron las escenas de nervios y golpes, explica.
"Es una odisea salir de aquí", lamenta Ceballos, que solo piensa en ser evacuado para poder bañarse y descansar en un sitio con aire acondicionado. Nada que ver con la casa hedionda por la humedad dejada por agua del mar donde tuvo que "maldormir" las últimas noches.

