Austeridad para la gente, privilegios para la política
Mientras el Gobierno provincial insiste en un discurso de ajuste y crisis financiera, crecen los cuestionamientos por el alcance real de las medidas y a quiénes afectan concretamente.
A través del Decreto Acuerdo N° 5084, el Ejecutivo dispuso una serie de restricciones con el objetivo de enfrentar una “situación financiera” compleja. Sin embargo, distintos sectores advierten que el impacto del ajuste recae principalmente sobre trabajadores y municipios, mientras la estructura política permanece sin cambios sustanciales.
El recorte, según se desprende del decreto, limita inversiones y condiciona el funcionamiento de las comunas, trasladando la carga a los niveles más cercanos a la ciudadanía. En ese marco, surge una de las principales críticas: la falta de medidas que alcancen a la dirigencia política.
En paralelo, la designación de Natalia Sarapura como secretaria de Gestión Pública,mediante el decreto 4907, volvió a poner en discusión el concepto de austeridad. La exlegisladora, que dependía anteriormente de la órbita nacional, pasó a integrar el gabinete provincial en un cargo que depende directamente de la Gobernación.
La situación generó cuestionamientos no solo por el momento en que se produce la designación, en medio de anuncios de ajuste, sino también por la falta de precisiones sobre las funciones específicas del cargo.
¿Esta era la alternativa pensada para Sarapura luego de que perdiera la candidatura a Defensora del Pueblo de la Nación por presentaciones de las comunidades remarcando que contribuyó y colaboró a la vulneración sistemática de derechos de los pueblos indígenas de Jujuy?
En este contexto, distintos sectores plantean un interrogante de fondo: ¿se trata de un ajuste genuino o de un reacomodamiento político?
La discusión no es menor. Para muchos, resulta difícil sostener un discurso de austeridad cuando no se perciben recortes en la estructura política, pero sí en áreas sensibles como el empleo, los municipios o la inversión pública.
Mientras tanto, el esfuerzo vuelve a concentrarse en los mismos actores: trabajadores y contribuyentes. Y es allí donde el concepto de austeridad empieza a ser puesto en duda.