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Tiene 88 años y anota todos sus gastos desde 1957

Sylvia Olivetti empezó en su luna de miel y nunca se detuvo. Administró el sueldo de su marido, anotó hasta los centavos de las latas de arvejas y logró que su familia recorriera el planeta. “No es pérdida de tiempo, es mi entretenimiento”.

En el living de su casa en Mar del Plata, Sylvia Lourdes Olivetti despliega sobre la mesa una hilera de cuadernos. No son diarios íntimos convencionales, aunque contienen la intimidad más reveladora de una familia: su economía. Con 88 años y una lucidez que envidiaría un economista, Sylvia custodia una bitácora que comenzó en diciembre de 1957 y que no interrumpió ni un solo día.

Llevo anotando todos los gastos desde que llegué a mi viaje de boda. En ese momento no tenía nada que hacer, estaba sola en la habitación del hotel y empecé”, recordó.

Su marido, Dardo, había empezado a anotar algunas cosas siendo soltero y ella, casi como un juego para combatir el aburrimiento, tomó la posta. Nunca imaginó que esos renglones se convertirían en el pasaporte para conocer el planeta.

Una “hormiguita” en tiempos de cigarras

Sylvia es de Goya, Corrientes, pero su vida dio vueltas por todo el mapa. Vivió en el sur, en Mendoza, en Buenos Aires y finalmente en “La Feliz”. En cada destino, el ritual era el mismo: Dardo traía el sueldo y ella lo administraba con una disciplina de hierro.

“Él me traía el sueldo, o a veces iba yo misma a cobrar a la municipalidad. Dardo no se metía, era un control mío. Hasta me pedía plata a mí después”, contó entre risas.

Para Sylvia, el orden no era un peso, sino una herramienta. En sus registros de los años 60 y 70 se lee de todo: “Sueldo de mayo: 32.000”, “Saco de Lili”, “Manteca 76”, “Leche 215”. Nada era demasiado pequeño para el papel. “A veces me faltaban unos pesos y daba vuelta todo para saber en qué se habían ido. Mis hijas, Liliana y Leticia, se matan de risa porque dicen que me sacaban para los caramelos, pero yo tenía que saber”, explicó.

“Él me traía el sueldo, o a veces iba yo misma a cobrar a la municipalidad. Dardo no se metía, era un control mío. Hasta me pedía plata a mí después”, contó entre risas.

Para Sylvia, el orden no era un peso, sino una herramienta. En sus registros de los años 60 y 70 se lee de todo: “Sueldo de mayo: 32.000”, “Saco de Lili”, “Manteca 76”, “Leche 215”. Nada era demasiado pequeño para el papel. “A veces me faltaban unos pesos y daba vuelta todo para saber en qué se habían ido. Mis hijas, Liliana y Leticia, se matan de risa porque dicen que me sacaban para los caramelos, pero yo tenía que saber”, explicó.

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El mito familiar dice que “viajaron gracias a Sylvia”, y los cuadernos le dan la razón. A pesar de ser una familia de ingresos medios, el método Olivetti les permitió tachar destinos que muchos solo ven en fotos.

“Conocimos la República Argentina de punta a punta, llegamos hasta Humahuaca con el auto. Y después nos animamos a más: fuimos a Río de Janeiro diez veces. Al principio en avión, pero después íbamos en colectivo de línea desde Buenos Aires. ¡Eran 54 horas! No eran coche-cama como ahora, pero nosotros queríamos viajar”.

Gracias a esos cuadernos donde los ceros se acumulaban (y ella los suprimía para que le entraran en el renglón), Sylvia y Dardo recorrieron Estados Unidos (Miami y Disney), México (Taxco y Acapulco), y gran parte de Europa. “Conocimos España, Marruecos, Francia... A París fuimos dos veces. Yo quería ir a Andorra porque lo había estudiado en la escuela y era el país más chiquito”, explicó la mujer.

La batalla contra la inflación

Dardo falleció en 2013, pero Sylvia no abandonó el hábito. Hoy, vivir sola no es excusa para el desorden. Su método para monitorear la inflación actual es infalible: anota el precio y la fecha directamente sobre los envases de lo que compra.

“Fijate esta caja de galletitas: la pagué 1200 el 9 de marzo. Esta otra, 1000 pesos a fines de marzo, aumentó solo 50. Yo miro todo. Si se me acaba un aceite, ya estoy comprando el otro. No me puede faltar nada”, sostuvo.

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Incluso con sus remedios mantiene la guardia alta: “Este remedio para la presión, el Enalapril, salió 20.254 pesos el 27 de enero. Anoto cuánto sale y cuándo lo compré, así sé cuánto me duran los 60 comprimidos”.

A sus 88 años, Sylvia se define como una mujer “hincha” —según sus hijas— pero profundamente generosa. Ayudó a sus hermanos, llevó a su madre a conocer las Cataratas del Iguazú y Bariloche, y siempre tuvo un peso guardado para el que lo necesitara, sin haber sacado jamás un préstamo ni deber dinero.

“Yo les digo a los jóvenes que ahorren. No se gasten todo el sueldo porque después no tienen nada propio. Hay que ser como la hormiguita de la fábula. La cigarra cantaba y la hormiga trabajaba; cuando llegó el invierno, la hormiga estaba dichosa y feliz en su hormiguero”.

Antes de cerrar su cuaderno actual, Sylvia reflexionó sobre el valor de sus anotaciones. Para ella, no es solo contabilidad; es la memoria de sus días con Dardo, de los cumpleaños de sus hijas que pasó viajando y de los chipá y el lemon pie que la hicieron famosa en el barrio.

“Llevo anotando todos mis gastos desde diciembre de 1957. No es una pérdida de tiempo, es mi entretenimiento. Y si me preguntás por qué lo hice... lo hice para conocer el mundo. Y lo conocí”, concluyó.

FUENTE: TN

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