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El cerdo que puede salvar vidas: Argentina logra un hito mundial en trasplantes de órganos

Un lechón nacido en abril en la Facultad de Veterinaria de la UBA puso a la Argentina en el mapa de la biotecnología global. Detrás hay años de investigación y una urgencia sanitaria que no para de crecer.

Siete mil personas esperan un trasplante en Argentina ahora mismo. Algunos llevan años en lista. Otros no llegan a tiempo. Frente a esa realidad que el sistema de salud no logra resolver solo con donantes humanos, un lechón nacido en Buenos Aires en abril pasado abrió una puerta que parecía reservada para los laboratorios de Estados Unidos y China.

Por primera vez en América Latina —y solo la tercera vez en el mundo—, nació un cerdo clonado con tres genes desactivados específicamente para que su cuerpo no despierte las defensas inmunes humanas. El logro es de un consorcio entre la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM y la startup CrofaBiotech.

El problema que este lechón intenta resolver

El trasplante de órganos es uno de los grandes cuellos de botella de la medicina contemporánea. Según datos del INCUCAI, hoy hay 7.385 personas en lista de espera en el país, con apenas 10,18 donantes por millón de habitantes. A escala global, la Organización Mundial de la Salud calcula que los trasplantes cubren apenas el 10% de la necesidad mundial.

El cerdo viene siendo estudiado como candidato ideal para los llamados xenotrasplantes —trasplante de órganos, tejidos o células de animales a humanos— porque su anatomía y fisiología se parecen bastante a la del ser humano, y encima se reproduce rápido. El problema de siempre: el cuerpo humano reconoce el órgano ajeno como un invasor y puede destruirlo en minutos.

Tres genes desactivados, un obstáculo histórico menos

Ahí entra la ingeniería genética. El equipo de la UNSAM, liderado por Adrián Mutto, logró desactivar tres genes del cerdo responsables de desatar esa respuesta inmune agresiva. En el ambiente científico, el procedimiento se llama “triple knockout”. El resultado: un clon con muchas menos chances de ser rechazado por el organismo receptor.

Una vez editados los embriones en el laboratorio, el relevo lo tomó la UBA. “Somos los responsables del mantenimiento de la gestación y el parto, es decir, somos el eslabón final del proyecto, pero también el inicio de la etapa de crianza de los lechones”, explicó Marcelo Acerbo, veterinario especialista en reproducción porcina y profesor de la Facultad de Veterinaria de la UBA (argentino). La intervención fue poco invasiva: implantaron 120 embriones editados genéticamente en la cerda receptora.

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El camino que todavía falta recorrer

El nacimiento del primer lechón es un punto de partida, no de llegada. El plan inmediato incluye sumar siete genes más —técnica conocida como knock-in— para hacer que el órgano porcino sea todavía más compatible con el cuerpo humano. Entre los objetivos: controlar el tamaño de los órganos, que en un cerdo adulto de más de 200 kilos excedería con creces la capacidad del cuerpo de un paciente.

“Esto incluirá el bloqueo de hormonas de crecimiento para moldear y adaptar el tamaño del hígado o el corazón porcino”, detalló Acerbo. Antes de hablar de pruebas en personas, habrá que completar estudios preclínicos. En Argentina, el INCUCAI será el organismo que evalúe y certifique si las condiciones están dadas para avanzar.

El proyecto enfrenta también desafíos económicos: sin financiamiento estatal para escalar, los investigadores de la UNSAM armaron una empresa de base tecnológica para captar inversión privada. La UBA aporta quirófanos, instalaciones de cría y el trabajo de sus especialistas.

Ya hay dos cerdas preñadas con nuevos clones en camino. La ciencia argentina acaba de escribir un capítulo que, con suerte y financiamiento, podría cambiar la historia de miles de pacientes.