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Es el periodismo, estúpido

La estatura de un dirigente puede medirse por su capacidad para leer e interpretar la realidad. Cuando este cree que la política es sólo “rosca”, termina exhibiendo sus limitaciones. El caso del diputado Marcelo Nasif es sólo un síntoma de ese fenómeno, y de un sistema que colapsará, tarde o temprano, por la combinación de la actividad periodística y el hartazgo de la sociedad.

“La economía, estúpido”, es la histórica frase que ayudó a Bill Clinton a llegar a la presidencia de los Estados Unidos. Al final de esta nota, el lector interesado podrá leer más acerca de aquel hito del marketing político. 

La política jujeña en los últimos años acumula ejemplos que podrían comprenderse recurriendo a aquel episodio histórico. 

El gobierno que encabeza Gerardo Morales fue hábil para algunos y torpe para otros cuando eligió enfrentar al periodismo crítico inventando falaces conspiraciones. 

 

Logró permear a cierto sector de la sociedad con el mensaje pero para ello tuvo que reconocerse intolerante, hipócrita, mostrando su vocación por esconder lo que la prensa intenta mostrar. 

Desde ese momento, cualquier funcionario que es sencillamente consultado con una pregunta que pretende ir más allá de los discursos oficiales, ve en esa consulta segundas intenciones, fantasmas, conspiraciones, intereses económicos, etc. 

La inquietud por indagar un poco más allá de lo que muestra el gobierno no es, desde esa visión conveniente y sesgada, legítimo interés periodístico, sino una orden de ataque. 

La difusión de reclamos sociales que emergen de la falta de gestión o de la ausencia del estado, obedecen siempre, según los funcionarios, a una supuesta pelea de empresarios con intereses económicos de fondo. De lo contrario, habría censura para las quejas de la gente, como pasaría cuando hay “buena relación” entre esas empresas y el poder de turno. 

Esa forma sesgada de ver el mundo niega la posibilidad de que en Jujuy se ejerza el periodismo. Rechaza que existan periodistas honestos que quieran dedicarse a ejercer su profesión. 

Esa lógica fue expuesta con notable torpeza por el diputado Marcelo Nasif en la entrevista que le concedió al semanario “El Expreso”, que se hizo eco de una denuncia contra el legislador que visibilizaron Radio 2, Jujuy al momento y Canal 2, durante la última semana. 

 

En rigor de verdad, la presentación judicial la había realizado Luis Gaspar, ex colaborador de Nasif, el 29 de julio, en la fiscalía de investigación especializada en delitos económicos, a cargo de Aldo Lozano.

Allí Gaspar denunció al diputado oficialista por “pedirle” parte de su sueldo a modo de colaboración con fines políticos. 

Dos meses después, Radio 2, Canal 2 y Jujuy al momento, dieron a conocer el caso. 

En las declaraciones que refleja El Expreso, Nasif intenta justificar lo injustificable indicando que se trató de un pedido de colaboración para otros militantes. Allí Nasif subestima el sentido común de los lectores del semanario y de la ciudadanía en general, que aporta los impuestos con los que se pagan su sueldo y el de Gaspar. 

En otro párrafo, responsabiliza a Canal 2 por el escándalo que vuelve a convertirlo en blanco de críticas de la opinión pública, y adjudica la publicación del caso a la supuesta pelea del multimedio con el gobernador Morales. 

Allí es donde el legislador, envuelto en su desesperación, apela al recurso fácil con el que casi todos los integrantes del oficialismo intentan zafar cada vez que sus gestiones fracasan o, peor aún, que sus prácticas personales reñidas con la ética los terminan exponiendo. 

De esta forma, las coberturas, las preguntas, la reflexión crítica, las opiniones informadas, en definitiva, el ejercicio del periodismo en democracia, se reduce a un ataque orquestado que obedece a intereses económicos, cuya existencia – dicho sea de paso - nunca pudo probarse. 

La estrategia es tan recurrente que se vuelve trillada y poco creíble. Sin embargo suele ser usada por cada funcionario que se ve en apuros. 

El problema es que en este caso la utilizó Nasif, un político local conocido por su histrionismo, que fue funcionario del gobierno de Eduardo Fellner y supo reinventarse para pasar a ser más oficialista que Gerardo Morales en su versión actual. Es recordado también por su llamativa posición frente al trabajo infantil

La pregunta es si después de Nasif, la estrategia seguirá funcionando para explicar lo inexplicable de cara a la sociedad.

La histórica frase que ya aparece en los manuales de marketing político hace alusión a un cartel colocado en el búnker de Bill Clinton en 1992 por James Carville, estratega de campaña del entonces candidato a presidente de los Estados Unidos. 
Clinton enfrentaba al presidente en ejercicio George Bush padre, quien buscaba su reelección afirmado en los altos índices de popularidad que le otorgaba su exitosa política internacional. 

El asesor de Clinton había notado que, pese a todo, la vida cotidiana de los estadounidenses no pasaba por su mejor momento debido a la recesión económica reinante, y resumió en aquella frase, con elocuencia, lo que debería ser uno de los pilares de la campaña. Clinton fue electo presidente meses después. 

El episodio se volvió en una referencia útil que describe aquellas situaciones obvias que en ocasiones a los dirigentes les cuesta advertir, como consecuencia del encierro que generan los microclimas repleto de factores inmediatos. Perder contacto con la realidad es una consecuencia de ello.

 

 

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