Siete años de la tragedia en Volcán: un alud que se cobró cuatro vidas y destruyó hogares
En la madrugada del 10 de enero de 2017, la ciudad fue víctima de un atroz temporal con deslizamiento de piedra y barro. El pueblo quedó cubierto de sedimentos durante semanas.
- Hoy miércoles 10 de enero se cumplen siete años de la tragedia de Volcán.
- El pueblo todavía siente dolor al recordar cómo el alud destrozó hogares y se cobró vidas.
- El temor ante una nueva catástrofe de la naturaleza sigue latente.
Pasaron siete años del alud en el pueblo de Volcán. En la madrugada del 10 de enero de 2017, la ciudad fue víctima de un atroz temporal con deslizamiento de piedra y barro. El pueblo quedó cubierto de sedimentos durante semanas.
Hubo cientos de evacuados y cuatro muertos; dos turistas que transitaban por la cuesta de Bárcena y una madre y su hijo que fueron encontrados días después tapados por el barro.
Las localidades de Bárcena, Tumbaya y, principalmente, Volcán, a 40 kilómetros en la capital jujeña, amanecieron cubiertas de barro tras la intensa lluvia que azotó esa madrugada en la quebrada.
Desde 1978 no ocurría un desastre de estas características, las intensas lluvias que ocurrieron durante la madrugada del 10 de enero causaron que una gran masa de piedra y barro azotara violentamente el pueblo de Volcán.
Según César González Barry, geólogo de la UNJU, este tipo de fenómeno se da cada cuarenta años y si bien la ingeniería moderna puede mitigar los impactos, no puede frenar el cauce de la naturaleza.
Toneladas de agua, barro y piedra engulleron por completo las 150 hectáreas que comprenden la histórica localidad quebradeña, llevándose consigo las almas de cuatro infortunados y desplazando de sus hogares, hasta no hace mucho tiempo, a los vecinos, en su mayoría perdiendo toda pertenencia.
Hoy Volcán luce nuevas construcciones, viviendas y comercio modernos se entremezclan con la belleza de un pueblo paralizado en el tiempo. Recorriendo la Ruta 9 da gusto posar la mirada, mucho más bajar del vehículo y recorrer las callecitas silenciosas que se extienden hasta los márgenes del Río Grande.