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Agosto en Jujuy, según el diccionario mágico de Antonio Paleari

La gente está apurada porque pase. Los viejos se mueren, los novios se enojan, los chicos se enferman. Así describió Agosto en Jujuy el escritor Antonio Paleari en su libro "Diccionario mágico jujeño".

Mes perverso en Jujuy. La gente está "apurada" porque pase. Los viejos se mueren, los novios se enojan, los chicos se enferman; el viento norte acosa y dañinea. No sólo los viejos se van; cualquiera, de repente, se muere sin que nadie lo espere. Hay muertos que se han venido muriendo poco a poco desde hace un tiempo; está bien. Pero en agosto muere gente que "tendría" que seguir viviendo. Agosto es insólito y aciago. Es mes torpe y desidioso, agosto no es mes para Jujuy; tendrían que mudarse los vientos o el nombre. Podría llamarse Aurelio, Calígula o Trajano. En agosto se sahúman las viviendas para que no se aposenten los demonios de la intolerancia.

Los peores días de agosto son el 1° y el 13. A esos días, según la tradición quichua-aimara hay que "dejarlos pasar". No hacer, no trabajar; no reñir, no negociar; no mandar, no obedecer; no enfrentar, no correr; no pensar, no sospechar; no escoger, no desvirgar; no frailear, no hostilizar; no prohibir, no prodigar; no ungir, no pronosticar; no envalijar, no prometer; no envidiar, no emborrachar; no echar, no recibir. Vivir, sólo vivir.

En el hemisferio norte se simboliza el mes de agosto por la diosa Ceres (agricultura) o por un joven segador con la hoz en la mano, sentado sobre una gavilla de espigas, junto a un sembrado. En Jujuy, lo único que se cosecha son gerontes y desgracias; lutos y rabietas. Se cosechan también las chapas y las tejas que han volado de los techos. Y la caña.

En quichua se llama "Chawawarki killa", el mes que no está cocido.

En agosto muere Santa Rosa de Lima y cumple años la Pachamama.

En agosto la mayor parte de los jujeños son egoístas, es decir "personas de mal gusto que se interesan más en sí mismos que en nosotros".

Pero fue también en un agosto infausto, hace añares, cuando sólo quedaron en Jujuy sombras tercas y fantasmas llenos de asombro, vagando entre adobes calcinados y techumbres en llamas. Fue el agosto del Éxodo Soberbio cuando Jujuy murió una vez de tantas, para ayudar al parto de la Patria Grande.

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Antonio Paleari fue un militar, escritor y político, que falleció en diciembre de 1995, dejando un gran legado literario basado en investigaciones sobre Jujuy, provincia que describía como "mágica".

Su obra está volcada en “Diccionarios” que agrupan nombres y datos, aportando referencias personales:

En el “Diccionario Toponímico” (1981) develó el misterio de los nombres, de las relaciones con antiguas culturas, de la raíz de los patronímicos, de los secretos en suma de esa Jujuy interior que profundizó con mucho cariño.

En el “Diccionario Mágico Jujeño” (1983), expresó las costumbres, los dichos y los hechos de una provincia con voz propia. Con gente definida en sus creencias y sus mitos, en cuanto a sus realidades y a sus necesidades.

En el “Diccionario Geográfico de la Provincia de Jujuy” (1986), Paleari se aleja de la magia, aclarando que esta obra solo pretende aportar información que pueda ser útil sobre territorio jujeño. El Diccionario es un útil y ágil elemento de consulta que sirve tanto al profesional o simplemente al lector curioso.

En el “Diccionario de Dioses Andinos” (1988), Antonio Paleari vuelve a la magia que le respetó a Jujuy en toda la línea, esta obra lleva ese sello inconfundible y raigal de quien le está dando al terruño una muy loable y digna contribución destinada a enriquecer los altos fueros culturales de nuestro Jujuy de siempre.

FUENTE: Con información de Diario Pregón, Biblioteca Popular de Jujuy y Diccionario Mágico Jujeño.

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