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Hasta siempre señor Roberto Villagra

Muchos jugadores pasaron y dejaron su impronta, pero cada uno de ellos dejó un blindaje como el acero, así como cada cada jugador que haya defendido la camiseta de Altos Hornos Zapla según la doctrina del “merengue”.

Ya pasaron las viejas épocas de “La trituradora” y de los inicios imaginarios de los que te soñaron grande. Y en esa grandeza, estaba usted, como un granito de arena que se sumaba, como un ladrillo que a cielo descubierto contribuyó hasta llevar el grandioso nombre de Zapla, hasta la posteridad.

Así se cumplió la profecía de los señores de laburantes de la fábrica, hasta reincorporarte a aquella celebridades de ese entonces. Por eso, un día te repatriamos del talentoso y grandioso fútbol tucumano, para que volvieras a nuestra ciudad siderúrgica, esplendorosa en esos tiempos cuando ese loco “Don Coronel Emilio Fabrizzi” levantara nuestra famosa “Casa Blanca”, para que jugaras con tus camaradas y dejaras ese señorío al jugar al “Fobal”, como se jugaba por entonces.

Tu figura quedó impresa, como una instantánea inmortal dibujando algún sainete futbolístico. Eso y mucho más, señor Roberto Villagra, haciendo uso de la pelota bien jugada, con norma y con gracia, de ser posible.

Es que eso ya le vino de cuna, se hizo vida y concepto hasta el último pensamiento antes de la expiración como mortal.

Podríamos estar hablando con un montón de gente que lo vio jugar, pero creo que basta con este humilde preámbulo. Porque jugar como todos lo hacen como a su manera, es parte de las joyas que se conservan en el cofre memorial de los hinchas de Zapla.

Mejor hablar del hombre que un árbol que creció derecho como tipo, con raíces fuertes de virtudes y con una vida de cara al sol, con la firme convicción de que al fútbol se jugaba con orden y diversión, con la sumisión a la pelota y la mirada puesta es esas visectrices que tanto cuidan los arqueros.

Cómo entregar una pelota, con qué parte del botín hacerlo, cuando y cómo, según la secuencia de la contienda, todo eso me quedó marcado en la “canchita” del barrio Santa Bárbara, ahí en dónde aprendieron a volar los pardales.

Ninguno podrá decir que salió mal formado, ya que Don Roberto bien ponía en claro que jugar al fútbol era recibir el diploma antes de irse por otros lares, porque a jugar a la pelota, era hacerlo como en los potreros.

El que quería llegar a ser un profesional, debía pasar por una formación en la podía haber órdenes o rigor, pero en la que daba gusto aprender divirtiéndose en todas las tardes de Palpalá.

Su escuela no habrá tenido tanta prensa, pero los que estábamos en la pomada, sabíamos que había un viejo sabio, enseñando como seos profetas que no les importa a cuántos llegaría su mensaje futbolero.

A lo mejor sus hijos Roberto y “El ojito” Villagra, sigan llevando su palabra y sus gestos de hombre de fútbol, ni más ni menos.

Hasta ahora nadie puede creer de su partida, pero muchos ya elevaron sus plegarias. Porque usted se lo merece, porque jugador de fútbol se nace y se hace, pero persona también. Hasta siempre Don Roberto Villagra, su pueblo lo saluda y el fútbol jujeño también.