Waldo Kantor, un histórico del voley argentino en Jujuy

El técnico de Buenos Aires Unidos se encuentra desde ayer en la provincia brindando charlas sobre políticas deportivas. Esta noche el ex jugador de la Selección Argentina visitará los estudios de Canal 2.

Pasó por Jujuy en oportunidad de la Liga Nacional de Voleybol, vino con su equipo de Buenos Aires Unidos. Pasó pero no pasó desapercibido, solo que las circunstancias, nos remitieron a hablar solamente de un ocasional partido.

En aquel momento, nos quedamos con las ganas de hablar, con un pedazo de historia de este maravilloso deporte. Porque él, fue y será parte de una mítica Selección Argentina, parte de una gesta histórica, que no solo conmovió a los amantes de este deporte, sino también a todos los argentinos, que aprendieron los rudimentos del voley, impulsados por una nueva "fiesta de todos", cada vez que esa cancha, se inundaba de papelitos y serpentinas, como si fuera un trascendental encuentro de fútbol. Por eso la emoción de haberlo tenido cerca y la impotencia de no haber logrado decirle al oído ¡gracias por aquella alegría; gracias por habernos dado a los argentinos un excusa más para estar orgullosos!

Porque ese mundial de 1982, quedará grabado en el corazón de todos, simplemente por haber sido una tierna historia de amor a la camiseta celeste y blanca, de lucha, sacrificios, de compromiso con el voley, para dejarlo bien sentado en el deporte argentino.

Dios tenga en la gloria suprema, a un exótico entrenador llegado de Corea, llamado Young Wan Sohn, quién junto a esos muchachos (incluido el personaje en cuestión), fueron los obreros, ingenieros y arquitectos, de una cambio sustancial para el voleybol.

Noches inolvidables en cancha de Newell’s en Rosario y las gloriosas jornadas en el Luna Park, en dónde Daniel Castellani y su saque de potencia lo hacían un súper hombre, Raúl Quiroga pegaba duro como con una maza, Hugo Conte y "el mono" Martínez eran un “Muro de Berlín”, ¡una muralla china en la red!

Pero claro, no todo era transpiración en el conjunto argentino, porque ese equipo tenía un jugador de manos mágicas, un ilusionista de cada bola en el aire, un pibe sencillo que había comenzado a jugar en Ferro, y que con esfuerzo e inspiración se transformó en el mejor armador de la historia de nuestro voley. No solo eso, sino además uno de los mejores del mundo, considerado en el planeta uno de los mejores 25 jugadores en los anales de este deporte.

Porque de la Argentina, saltó al mundo, jugando internacionalmente, ya que además de obtener esa medalla de bronce (que brillaba como oro en el mundial jugado en nuestro país), también estuvo presente en los mundiales del 86 y el 90. Jugó también los Juegos Olímpicos de Los Angeles ‘84 y de Seúl ‘88, Europa pudo apreciarlo cuándo militó en el voleybol de Italia y Francia.

Este extraordinario levantador, armador y genio, ahora también brilla como entrenador. La exactitud de los números, dirán que jugó 350 partidos con la sagrada camiseta argentina. Pero para nosotros, que llevamos en la memoria y en el alma, a ese pibe nacido en Buenos Aires, de rulitos ensortijados, que llegó a ser uno de los más brillantes jugadores de voley en su puesto, será el honorable y querido Waldo Kantor. Un pedazo de historia a quién, después de tantos años, le podemos decir ¡gracias Waldo! por aquel sueño de aquel mundial, por tus hazañas, y sobre todo, por tu humildad de estar sentado contigo, en una “Mesa Deportiva”, en tu homenaje, y para nuestra propia alegría.

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