A 36 años, los testimonios de los sobrevivientes
La guerra de Malvinas marcó un antes y un después en el pueblo argentino; no solo por la pérdida sino también por el recuerdo de los que volvieron.
Siguen marcados; ha terminado la guerra pero ellos siguen en la oscuridad, aún retumban en sus oídos las esquirlas de sus días en las Islas Malvinas.
Mauro es un sobreviviente del Crucero General Belgrano; era joven e inexperto pero para él su sueño era navegar. El sorteo del servicio militar obligatorio para ellos era una reunión de amigos; se juntaban a escuchar. Cuando le tocó el 920, ir a la armada era una alegría.
“Fui a cumplir con el deber de servir a la patria sin saber lo que iba a suceder”, cuenta emocionado sabiendo que el hundimiento llegó justo después de que terminará su turno. Los recuerdos y la posibilidad de que casi no sobrevive no dejan de dar vuelta en su cabeza.
Cuando volvió a Jujuy; su mamá pensaba que había fallecido. “La soledad me invadía. Volví en colectivo, por gracias de Dios pude volver. Todos sufrimos de distintas maneras y quedamos sufriendo”, explica Mauro que sigue a pulmón librando una batalla con el mismo.
Oscar Chiliguay era de la Compañía de Ingenieros Anfibio de la Infantería Marina. “Pasan los años y me preguntó cómo pude soportar todo lo que paso”, cuenta reflexivo.
Entre los testimonios más desgarradores están el de Saúl Barrozo, Destructor Piedra Buena y el de Alfredo Oropeza, del Grupo de Artillería Defensa Aérea 601.
“Yo también tuve miedo, quería llorar pero no debía”, cuenta Saúl; uno de los más fuertes. Su historia es conmovedora, el junto a sus compañeros volvió a rescatar a los sobrevivientes del Crucero Belgrano. A costa de morir, los buscaron sabiendo que podían atacarlos. Hombres quemados, congelados y heridos es lo que recuerda; ese día se dio cara a cara con la muerte.
Alfredo se quedó en el pasado; el no puede olvidar lo que sucedió. Al empezar a recordar se conmueve: un hecho marcó su vida para siempre.
“Los ingleses estaban constantemente. Era todo oscuro y se escucha el bombardeo. El grupo 601 dependía del ejército; todos los movimientos parecía que temblaba. Parecía navidad. Todos gritábamos viva la patria. El tiempo pasó, el bombardeo era constante. Explotó un radar, vi que la guerra había comenzado. Lloraba por un amigo; de apellido Castro: Lo vi morir. La guerra me destruyó la vida, no tengo vida. Estoy muerto en vida”, dice en su desgarrador testimonio de Alfredo.
Los testimonios coinciden; con una corta edad ninguno conocía su destino final; tampoco sabrían que servir al país casi les costaría la vida. Sin grandes armamentos y con pocos recursos son un orgullo tanto los sobrevivientes como los que quedaron en las Islas.
El temor muchas veces se apoderó de ellos pero rendirse no era una opción. El sentimiento de impotencia los invade aún 36 años después; nunca van a olvidar lo vivido ni nosotros a ellos.
La vuelta no fue gloriosa; nadie los espero, volvieron escondidos. Pero ellos volvieron orgullosos de lo que habían hecho; hoy les damos más valor. Tantos años después sabemos homenajearlos y agradecerles.
¡Muchas gracias héroes!