Eduardo Galeano

CELEBRACIÓN DE LA AMISTAD/2
Juan Gelman me contó que una señora se había batido a paraguazos, en una avenida de París, contra toda una brigada de obreros municipales. Los obreros estaban cazando palomas cuando ella emergió de un increíble Ford a bigotes, un coche de museo, de aquellos que arrancaban a manivela; y blandiendo su paraguas, se lanzó al ataque.
A mandobles se abrió paso, y su paraguas justiciero rompió las redes donde las palomas habían sido atrapadas. Entonces, mientras las palomas huían en blanco alboroto, la señora la emprendió a paraguazos contra los obreros.
Los obreros no atinaron más que a protegerse, como pudieron, con los brazos, y balbuceaban protestas que ella no oía: más respeto, señora, haga el favor, estamos trabajando, son órdenes superiores, señora, por qué no le pega al alcalde, cálmese, señora, qué bicho la picó, se ha vuelto loca esta mujer...
Cuando a la indignada señora se le cansó el brazo, y se apoyó en una pared para tomar aliento, los obreros exigieron una explicación.
Después de un largo silencio, ella dijo:
—Mi hijo murió.
Los obreros dijeron que lo lamentaban mucho, pero que ellos no tenían la culpa. También dijeron que esa mañana había mucho que hacer, usted comprenda...
—Mi hijo murió — repitió ella.
Y los obreros: que sí, que sí, pero que ellos se estaban ganando el pan, que hay millones de palomas sueltas por todo París, que las jodidas palomas son la ruina de esta ciudad…
—Cretinos — los fulminó la señora.
Y lejos de los obreros, lejos de todo, dijo:
—Mi hijo murió y se convirtió en paloma.
Los obreros callaron y estuvieron un largo rato pensando. Y por fin, señalando a las palomas que andaban por los cielos y los tejados y las aceras, propusieron:
—Señora: ¿por qué no se lleva a su hijo y nos deja trabajar en paz?
Ella se enderezó el sombrero negro:
—¡Ah, no! ¡Eso sí que no!
Miró a través de los obreros, como si fueran de vidrio, y muy serenamente dijo:
—Yo no sé cuál de las palomas es mi hijo. Y si supiera, tampoco me lo llevaría. Porque, ¿qué derecho tengo yo a separarlo de sus amigos?
De El libro de los abrazos.
* *
VINICIUS DE MORAES

Vinicius de Moraes, poeta, compositor, intérprete brasileño, crítico de cine en periódicos y revistas, vivió entre 1913-1980. Formó parte del cuerpo diplomático de Brasil en Francia y Uruguay.
En el siguiente poema canta bellamente a la amistad.
POEMA AL AMIGO
Se necesita un amigo.
No es necesario que sea hombre,
basta que sea humano,
basta que tenga sentimientos,
basta que tenga corazón.
Se necesita que sepa hablar y callar,
sobre todo que sepa escuchar.
Tiene que gustar de la poesía,
de la madrugada, de los pájaros, del Sol,
de la Luna, del canto, de los vientos
y de las canciones de la brisa.
Debe tener amor, un gran amor por alguien,
o sentir entonces, la falta de no tener ese amor.
Debe amar al prójimo y respetar el dolor que
los peregrinos llevan consigo.
Debe guardar el secreto sin sacrificio.
Debe hablar siempre de frente y
no traicionar con mentiras o deslealtades.
No debe tener miedo de enfrentar nuestra mirada.
No es necesario que sea de primera mano,
ni es imprescindible que sea de segunda mano.
Puede haber sido engañado,
pues todos los amigos son engañados.
No es necesario que sea puro,
ni que sea totalmente impuro,
pero no debe ser vulgar.
Debe tener un ideal, y miedo de perderlo,
y en caso de no ser así,
debe sentir el gran vacío que esto deja.
Tiene que tener resonancias humanas,
su principal objetivo debe ser el del amigo.
Debe sentir pena por las personas tristes
y comprender el inmenso vacío de los solitarios.
Se busca un amigo para gustar
de los mismos gustos,
que se conmueva cuando es tratado de amigo.
Que sepa conversar de cosas simples,
de lloviznas y de grandes lluvias y
de los recuerdos de la infancia.
Se precisa un amigo para no enloquecer,
para contar lo que se vio de bello y
de triste durante el día, de los anhelos
y de las realizaciones, de los sueños y de la realidad.
Debe gustar de las calles desiertas,
de los charcos de agua y los caminos mojados,
del borde de la calle, del bosque después de la lluvia,
de acostarse en el pasto.
Se precisa un amigo que diga que vale la pena vivir,
no porque la vida es bella, sino porque estamos juntos.
Se necesita un amigo para dejar de llorar.
Para no vivir de cara al pasado,
en busca de memorias perdidas.
Que nos palmee los hombros,
sonriendo o llorando,
pero que nos llame amigo,
para tener la conciencia de que aún estamos vivos.
* *
DOMINGO ZERPA
Domingo Zerpa, poeta y escritor jujeño,(1909- 1999) testimonia en un bello romance la amistad entre él y su amigo también escritor, Leopoldo Abán.

Domingo Zerpa y Leopoldo Abán.
ROMANCE DEL AMIGO LEOPOLDO ABÁN
Su padre fue carpintero,
su casa carpintería.
Viniendo de donde vino
tuvo que tener la misma simplicidad
de la mesa de la cruz o de la silla.
Lo conocí en Abrapampa
cuando Abrapamapa tenía
cuatro calles hacia Chile,
dos calles hacia Bolivia.
Comenzamos a entendernos,
de la forma más sencilla,
juntando piedritas blancas
para hacer alcantarillas;
alcantarillas que siempre
nos han unido toda la vida.
Un día nos separamos
tuvo que llegar el día,
me vine peñas abajo;
él se quedó siempre arriba.
La tierra se hizo papel
los años se hicieron tinta;
cada carta de sus manos
eran manos que traían
cogollos de estrellas altas
aromas de rica-rica;
lo que no estaba en las letras
se adivinaba entre líneas;
Rinconada, Casabindo;
Miraflores, Lagunillas...
¡Toda la puna en sus cartas
como un corazón se abría!
Si tales bienes me ha dado,
bien está que yo le diga:
Leopoldo, cuando me muera
tiéndeme una alcantarilla
desde el umbral de tu casa
hasta la azul lejanía,
que entre la vida y la muerte
o entre la muerte y la vida
no hay otro puente mejor
que ese de la mano amiga.
De “Tranco a tranco”, 2000.

