Poesía, siempre poesía
Escribe Sebastián Jorgi
Sobre “CIELOS DE ENERO”, de Carlos Pierre
Carlos Pierre
“ Dónde está todo ese amor que tenías
Para darme bajo el cielo de enero…”
Siempre me sorprendieron los títulos de los poemarios de Carlos Pierre, desde que lo conocí, pasados ya 30 años. Cómo no recordar sus primeros libros, El inquisidor de la rosa y Sonetos del asombro, publicados entre finales de los 70 y principios de los 80. Desde el silencio, a partir de su modestia, desde el laberinto de la creación, surge el nomenclador de más de 30 libros de poesía, por los que puedo arriesgar que la matrícula de poeta fino y original es genuina. A los veinte años obtuvo ya una distinción por un ensayo sobre Blas Pascal. Formado nada menos que con el escritor Sigfrido Radaelli, sus libros tuvieron pronto reconocimiento, a tal punto de ser acompañado con prólogos de Horacio Ferrer y Félix Luna, con ilustradores como Martiniano Arce, el querido fileteador de San Telmo.
Portador de un bagaje cultural que suman la música, las artes plásticas, la arquitectura, la poesía, la narrativa, el teatro, el cine (cronista profesional) aparecen los nombres de Rembrandt, John Williams, Shakespeare. Conocedor de los más importantes museos europeos, Carlos Pierre está empujado por un hálito creativo que no admite pausa. En sus poemarios le canta a la belleza de la mujer, esbozando un fino erotismo, pero también a lo bello y sublime del alma. Un poeta de raigambre neorromántica, a mi modesto entender, ya que sólo podemos aproximarnos al mundo de los poetas. Libros como Pasión Buenos Aires, (prólogo H.Ferrer)lo asocian a lo porteño, al tango. Precisamente, su parentesco con la familia Bragato, el inolvidable músico concertista, más lo acercan a la alta música ciudadana.
El tópico del Ubi sunt lo podemos apreciar en este poema: “Dónde está todo ese amor que tenías/Para darme bajo el cielo de enero/No es posible que ese viento ladrón/Lo llevó lejos de mis besos ciertos/Cuando alegre me decías te quiero/Y la noche sellaba nuestros besos/Dónde está pregunto tu breve gloria/Junto a mi ilusión y este mi desconsuelo”. Este libro, edición muy cuidada de la gráfica L’Aiglon, contiene tres títulos más: La ronda nocturna, Hombre de otoño y Vals del Sur.
Conocedor de la música pre-barroca y barroca propiamente expresada, en sus versos puede advertirse formalmente alguna huella al respecto, pero esto es una idea mía, sólo podemos aproximarnos a esa zona íntima que es el instante creador del poeta. Brueghel, Villon, Goya, los patios de Balvanera, el frío Mar del Norte, la Cruz del Sur, abarcan una amplia geografía lírica, con imágenes y metáforas, conformando un lenguaje delicado, es decir, la forma se cohesiona con una semántica acorde a esbozos neorrománticos.
Cielos de enero, un volumen apreciable, para releer y disfrutar su lenguaje. Verdaderas baladas que le cantan al Amor, la Belleza y al Mundo.
A continuación dos poemas:
Libro Cielos de Enero
WILLIAM SHAKESPEARE
24 DE ABRIL (1564-1616)
Vivo y muerto el mismo día Guillermo
En tu albor la incipiente primavera
O este postrer invierno de tu gloria
Deja que mi mano roce tu rostro
Y me conmueva tu rara excelencia
Con este salvaje viento del Sur
Que aviva tu fuego en mi corazón.
* *
LA RONDA NOCTURNA
Eras tan joven como la mañana
Entre mis manos ávidas
Eras clara como la primavera
Eras luna creciente y la gloria
En mis ojos de espanto
Eras una estrella azul en mi frente
Blanco vestido en los años sesenta
Eras un temblor nuevo
El primer pecado bajo la luz
Eras el gran estreno del amor
Mi asombro sin historia
* *