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Ecuador hace frente a la catástrofe por el terremoto

Quito.- Ecuador se movilizó con todos sus recursos para hacer frente a la catástrofe desencadenada por el potente terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter que el sábado por la noche golpeó la costa norte del país y dejó 272 muertos y 2.068 heridos, además de un número indeterminado de desaparecidos.

Tras "la mayor tragedia de los últimos 67 años", según indicó el presidente Rafael Correa en referencia al terremoto de Ambato del 5 de agosto de 1949, con la luz del día salieron a relucir las consecuencias de la sacudida en las provincias afectadas, en especial las de Manabí y Esmeraldas, declaradas en emergencia por el Gobierno junto a las de Guayas, Santo Domingo de los Tsáchilas, Los Ríos y Santa Elena.

Además, el estado de emergencia rige en el conjunto del país, que comienza a hacer acopio de medicinas, agua, mantas, carpas y alimentos para hacerlos llegar a lugares como Pedernales y Manta, dos de los puntos más castigados, consignó la agencia EFE.

El terremoto se produjo a las 18.58 hora local del sábado (20.58 de Argentina), entre los balnearios costeros de Cojimíes y de Pedernales, en la provincia de Manabí y colindante con la vecina Esmeraldas, que también sintió el impacto de las réplicas.

Descartado el riesgo de tsunami, la búsqueda y rescate de sobrevivientes se convirtió en la principal prioridad para las autoridades, que hicieron constantes llamamientos a la calma y a la unidad mientras aseguraban que lo primero es atender a los damnificados.

Los equipos de rescate buscan sobrevivientes entre los escombros que dan a lugares como Pedernales, en el epicentro del desastre, el aspecto de un lugar castigado por un bombardeo, como lo describió el ministro del Interior, José Serrano.

Imágenes de televisión mostraban en ese lugar turístico casas derrumbadas por completo y otras bastante destruidas, vías dañadas, hoteles desplomados, gente en las calles llorando por personas fallecidas, desaparecidas o heridas y personas deambulando consternadas en medio de polvorientas vías.

El terremoto, uno de los diez más fuertes registrados en América Latina durante los últimos veinte años, propició reacciones de apoyo de gobiernos, organizaciones y entidades del exterior, así como envíos de ayuda humanitaria.

Varios países comprometieron su apoyo por medio de equipos de rescate que comenzaron a llegar para sumarse a las labores de desescombro y salvamento.

Durante las horas posteriores al temblor, tiempo en el que se contabilizaron 239 réplicas, diferentes instituciones nacionales e internacionales pusieron en marcha operativos de apoyo y mecanismos de coordinación, como el Ministerio de Inclusión Económica y Social, que abrió un programa de recogida de ayuda de la población para los afectados.

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) anunció su disposición a poner en marcha su mecanismo de asistencia por desastres naturales y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) abrió una cuenta para donaciones internacionales en favor de los afectados.