Cerró CJ: Crónica de un cierre anunciado
Según indican desde el directorio, la venta del producto sólo generaba pérdidas para la empresa encargada de su fabricación.
En el mes de marzo, los directivos de Monterrico S. A. habían mantenido una reunión en casa de gobierno con el gobernador Gerardo Morales y el ministro de economía y producción, Juan Carlos Abud Robles, alertándolos sobre la delicada situación financiera del emprendimiento.
El escaso margen de rentabilidad que dejaba la comercialización del producto era absorbido por los baches financieros que ahogaban a la cooperativa de tabacaleros, la propietaria de la empresa.
Según denuncian desde el nuevo directorio, hubo desmanejos en la administración de la empresa.
El sector tabacalero, influenciado por el poder político durante toda la gestión del binomio Fellner-Jenefes, padeció las administraciones de directivos que se encargaron de dilapidar los recursos que el tabaco genera.
La fábrica de CJ fue víctima de esta situación.
Hoy las comisiones directivas que administraron tanto la cooperativa de tabacaleros como la empresa Monterico S. A., de su propiedad, están denunciados penalmente por sospechas de fraude.
Lo cierto, es que un emprendimiento que mantenía 30 familias de la zona de los valles y llegó a ocupar un porcentaje importante del mercado de cigarrillos hoy debe cerrar sus puertas, fundido, y simbolizando un fracaso más en la economía de la provincia.