La Bandera de la Libertad Civil fue creada un 25 de Mayo
A su vez La Cámara de Diputados de la Nación aprobó en el año 2015 la ley por la que se reconoce a la Bandera Nacional de la Libertad Civil, obsequiada por el general Belgrano al pueblo jujeño en 1813, como “símbolo patrio histórico” de todos los argentinos.
La iniciativa fue presentada en aquel momento por legisladores que representaban a Jujuy en ambas cámaras nacionales, a partir de un proyecto del historiador y vexilólogo Miguel Carrillo Bascary que data de 2012 y que impulsó el Instituto Belgraniano de Jujuy.
La Enseña se conserva en el Salón de la Bandera de la Casa de Gobierno y con su creación, Belgrano quiso reconocer el honor y el valor de los hijos de Jujuy en las batallas de Tucumán y Salta, tras el Éxodo de 1812, que salvaron a la Revolución de Mayo.
El Prócer mandó confeccionar la bandera, enteramente blanca, con el sello de la Asamblea Constituyente pintado en su raso, anticipándose a la vocación independentista que conllevaba aquella gran corporación cívica reunida en Buenos Aires.
La elección del albo color no fue un capricho. Numerosos actos de Belgrano indican que conocía de Heráldica, disciplina que llama al blanco “plata”. Así se hacía evidente la correspondencia entre el color de la divisa y el nombre de la nación que alboreaba: las “Provincias Unidas del Plata”. Con el tiempo aquel escudo aprobado por la Asamblea en 1813 se erigió en el blasón patriótico de una nueva nación, a la que todavía identifica.
Con su gesto Belgrano intuyó la significancia profunda de aquel símbolo, centrado en el gorro de la libertad rematado en la mascaypacha, que aludía al poder incaico redimido; las manos entrelazadas, claro signo de la hermandad y de la igualdad democrática, cimiento de los derechos humanos; sosteniendo la pica, elemental arma del pueblo llano; todo sobre celeste y blanco (colores con los que ya se reconocían los patriotas). El conjunto aparece timbrado por dos ramas del laurel de la gloria conquistada en Suipacha; ambas Piedras; El Cerrito; Tucumán, y Salta; unidas por el lemisco rojo, en recuerdo de la sangre vertida y del sacrificio realizado; mientras que toda la alegoría es presidida por el sol naciente, que patentiza la trascendencias del astro para las culturas originarias en donde entronca nuestra nación y su amanecer en el concierto internacional de la época. Tal es la “Bandera nacional de la libertad civil”.
Así, el 25 de mayo de 1813, concluido el Te Deum, Belgrano presentó esa nueva bandera y después la entregó al Cabildo de Jujuy; auténtica representación política del pueblo jujeño. Asimismo la hizo bendecir solemnemente, lo que en la religiosidad que profesaba tiene el profundo significado de remarcar el valor del símbolo; más aún todavía, ante la consideración de un pueblo, también culturalmente creyente.
Era su forma de reconocer los ingentes esfuerzos realizados por Jujuy en las luchas por la libertad y, en especial el heroísmo que caracterizó al Éxodo de meses antes. El propio Belgrano lo explicitó diciendo que entregó ese lábaro para que se:
Se trató de una nueva bandera surgida de su fértil inspiración, para nada incompatible con la blanca y celeste que hiciera bendecir un año antes y que empleaba su Ejército.
Así se selló el ya entrañable vínculo entre Belgrano y Jujuy, lazo que se agiganta con la marcha de la Historia hasta llegar al presente.
La Bandera Nacional de la Libertad Civil representa el estado de derecho que los pueblos habían ganado en el campo de batalla contra la tiranía realista y el absolutismo monárquico que no consideraba a los americanos ciudadanos sino meros súbditos sometidos a la voluntad despótica del rey.