San Francisco Solano, el santo del violín

La Iglesia Católica recuerda hoy a San Franciso Solano, sacerdote español nacido en 1549 en Andalucía, que realizó gran parte de su tarea pastoral en el norte del país.

Poco antes de cumplir veinte años ingresó en la Orden Franciscana, y a los cuarenta partió para América. En 1590 llegó desde España, vía Panamá, enviado por el Rey para participar de la campaña de Evangelización desde el Perú hasta el Tucumán.

Recorrió gran parte del actual territorio argentino y se hizo muy popular entre los naturales, pues junto con el crucifico llevaba siempre un violín con el cual lograba atraer su respeto.

Francisco Solano hizo su viaje a lomo de mula desde Lima, Perú, hasta la región del Tucumán. Estudió quechua y aymara, y aprendió a tocar la flauta y la quena.

Jujuy al Momento dialogó con el escribano Raúl Calizaya, apasionado por la historia argentina, quien contó que cuando Franciso Solano vino a estas tierras desde Cuzco, tuvo que desviar su camino porque “este territorio estaba habitado por tribus feraces, con Viltipoco y Teluí a la cabeza. Tuvo que hacer un giro. Se fue las serranías de Lipes, Rinconada, Casabindo, Cochinoca, las Salinas Grandes, bajó hasta Tumbaya y desde ahí, superando toda la Quebrada de Humahauca, encaró hacia el Tucumán”.

Son conocidas las proezas y milagros que se atribuyen al santo. Calizaya cuenta que “según la tradición oral, cuando llegó cerca de Rinconada, al pie del Cerro Bravo, la gente le pidió que se quedara y les ayudara a solucionar las aflicciones. Son lugares altos donde muchas veces las brumas y los celajes cubren las montañas de manera casi permanente. Los arrieros no se animan a hacer su camino y los animales al perder el sentido de la huella se precipitan al vacío. El sol aparece muy pocas veces. San Francisco Solano dio una misa, tocó una pieza con su violín y les pidió que tuvieran fe. Al otro día el cielo apareció despejado con un sol brillante.  Ahora muy raras veces se esconde el sol”.

Para Calizaya, San Francisco Solano es “el más jujeño de todos los santos”, porque recorrió toda la extensión provincial caminando. En su periplo recorrió las antiguas regiones de Tucumán y Chaco, dejando a su paso una huella imborrable. A donde iba llevaba su violín, que enseñaba a tocar a los jóvenes  y muchachos de los distintos sitios. El violín fue, junto con la Biblia, el elemento más importante del santo en su tarea evangelizadora.

El escribano Calizaya encuentra en este antecedente el espíritu folklórico de los pueblos norteños. “¿Quién mejor que los santiagueños para hacer una chacarera y la interpretación del violín? ¿Quién como los salteños para hacer las zambas? ¿Quién como Tarija, en donde todavía se hace adorar al Niñito Dios con la interpretación del violín a cargo de las mujeres? Ese es el legado que nos deja San Francisco Solano” reflexiona.

Alrededor del 1600 volvió al Perú y luego a su país, donde falleció el 24 de julio de 1610 Benedicto XIII lo proclamó santo en 1726.

San Francisco Solano ha sido declarado hace algunos años, patrono del Folklore argentino y vicepatrono de América.

Dejá tu comentario