Política

Sadir recorta gastos en servicios esenciales pero invierte en proyectos con retorno incierto

En el gobierno del Sr. Sadir hay una idea que suena técnica pero que toca la vida diaria: la diferencia entre gasto e inversión.

Sadir recorta gastos en servicios esenciales pero invierte en proyectos con retorno incierto

La grave confusión radica en que se busca justificar ajustes recortando gasto en servicios esenciales mientras se mantiene el sello de “inversión” para proyectos con retorno incierto.

A veces, cuando el gobierno anuncia recortes o ajustes, lo que vemos son mensajes que parecen útiles para el presupuesto, pero que ocultan una decisión de fondo: qué queremos construir a futuro y qué estamos dejando de cuidar hoy.

Pensemos en esos sectores que la gente identifica con la memoria de la provincia: una carretera que conecta ciudades, o los famosos centros de atención primaria de la salud o el caso del hospital nuestra señora del rosario en abra pampa o hasta una escuela que ha formado generaciones. Son símbolos pero también son realidades que sostienen a la gente: trabajan familias, permiten que los niños vayan a la escuela, que los médicos atiendan a quien lo necesita. Cuando se anuncian recortes en estas áreas, la explicación que se da muchas veces es “gestión más eficiente”. Pero la pregunta clave no es solo cuánto ahorramos ahora: es qué futuro estamos frenando con ese recorte.

La trampa está en la denominación de la medida que eventualmente se toma, es decir reducen el gasto de mantenimiento de puentes y carreteras por ejemplo para “dejar más dinero para inversiones” y lo que parece un ahorro se convierte en un costo para todos: rutas con más baches, tiempos de viaje más largos, costos de transporte que suben, y menos seguridad. En esas circunstancias, la supuesta inversión que “vende” el gobierno puede terminar siendo solo una promesa, porque sin resultados comprobables y sin rendición de cuentas, no se garantiza que ese gasto extra vaya a generar beneficios reales para la gente.

Pero cuidado, la inversión no es solo hacer grandes obras. También es invertir en servicios públicos de calidad: educación, salud, agua potable, seguridad social. Si se califica cualquier gasto como inversión para justificar recortes en servicio, estamos confundiendo la hoja de ruta. Una buena inversión debe tener claridad sobre qué beneficios se obtienen, en qué plazo y a quiénes llega. Si la cuentas no cuidan esos puntos, la inversión se vuelve un disfraz del ajuste y la gente paga el precio en la vida diaria: menos atención en hospitales, menos maestros, menos oportunidades para los más vulnerables.

La crítica no es contra el gasto sino gastar sin un plan claro, sin evaluar resultados y sin transparencia.

Dos ideas para entenderlo mejor: primero, la distinción entre gasto corriente y gasto de capital debe ser explícita en cada presupuesto; segundo, toda inversión debe ir acompañada de metas concretas y de auditoría pública que diga, con números, si realmente funcionó y cuántos beneficios dejó.

La consecuencia de no hacer esa distinción es simple: cuando se confunden inversión con gasto y se recortan sectores emblemáticos, la gente pregunta si la provincia está invirtiendo en su futuro o simplemente haciendo recortes para cumplir una cuenta contable. Y la respuesta que termina sorprendiendo es: muchas veces la política fiscal deja de enfocarse en mejorar la vida de la gente para enfocarse en mejorar la puntuación en la planilla de gastos.

¿Qué se está logrando exactamente con estos recortes? ¿Más superávit? Sino derrama en la gente pasa a ser tan solo una cifra asentada en una planilla de Excel. A propósito: ¿qué beneficios reales se esperan y en cuánto tiempo? Si no hay respuestas claras, entonces no es ajuste eficiente: es una señal de que la gestión pública está priorizando mensajes sobre resultados.