25 accesorios que todas las chicas de los 90 usamos con orgullo
La década de los 90 fue una de las mejores que se han vivido hasta el momento: los colores abundaban, la creatividad estaba en todos lados, la películas tomaron un giro inesperado, la tecnología nos pisaba los talones y el mundo de la moda no se quedaba atrás con sus divertidos accesorios y diseños de ropa singular.
Si viviste tu niñez durante esta época, te aseguro que pasaste los mejores momentos de tu vida, en especial al ir a la escuela y presumir con tus amigas desde los lápices y mochilas hasta la ropa nueva que tu mamá te había regalado y que hoy en día ni de broma volverías a usar. Las 25 imágenes que verás a continuación son un claro ejemplo.
Entre más grandes eran, más cool te veías.
Los había de todos los tamaños, colores y hasta con figuras de perritos y gatitos.
Tu ropa reflejaba el amor que tenía tu mamá por las plantas.
Todos creían que eran lindos, excepto tú, porque tu trasero se veía enorme.
También para la cara y para el cabello, literalmente para todo.
Sus diseños eran extraños y sin sentido, pero al final estaban de moda.
Quien haya dicho que utilizar varios colores y diseños al mismo tiempo no era apropiado, seguramente no vistió en los 90.
Había tantos diseños que era imposible solo tener un par.
Si los llevabas a la escuela estabas en onda.
Aunque ahora nos recuerdan a las tortugas ninja, toda chica tenía una de estas.
La prenda más usada.
A más pulseras mayor popularidad.
Eran flojos, crujían al caminar y provocaban exceso de sudor… pero estaban de moda.
A veces mezclabas más de un diseño.
Las chaquetas contra el frío nunca fueron tan gruesas.
Ahora sabes que no lucen tan bien; sin embargo, tu mamá era la encargada de peinarte.
Si tuviste uno de estos, jamás pusiste atención en clase.
Extrañas no sería la palabra adecuada; monstruosas sí.
Eran tan pesadas que se resbalaban de tu cabello.
Todos veían lo que cargabas: tu desayuno, tus lapices y hasta la basura que no tirabas en días.
De verdad solo eran para momentos especiales.
Tus orejas terminaban llenas de pegamento o con solo uno de los aretes puestos.
Los gorros con girasoles eran los más populares, y los diseños eran tan variados que hasta podías ver un minijardín en algunos de ellos.
No solo fueron las chamarras, también algunas blusas e incluso pantalones.
Se resbalaban, se atoraban, se enterraban en tu cabeza y eran una gran tortura, pero aun así las usabas.


























