Travesía Cultural | recordación

Germán Churqui Choquevilca

El próximo 9 de abril se recuerda el natalicio del poeta de la Quebrada, Germán Churqui Choque Vilca. Como en otros años, la comunidad jujeña y amigos de Salta rendirán homenaje al poeta humilde y generoso que regalaba sus versos. Este merecido Homenaje revela la emoción que produce su vida y su obra literaria que trasciende la literatura regional.

Para adherirnos al mismo reproducimos unas palabras del poeta Pablo Baca que nos enviara alguna vez y estaban guardadas en el cofre de los recuerdos. En ellas, reconoce al hombre y al poeta.

Gracias, Pablo Baca.

 

RECUERDO DE CHURQUI CHOQUEVILCA

 

 

Entre mis notas hay una que se llama “Recuerdo de Churqui Choquevilca” en la que cuento lo siguiente:


“Yo tendría alrededor de veinte años en Tilcara y me demoraba en uno de esos bares del verano. Choquevilca permanecía con unos hombres en una zona oscura del mismo bar. Él mismo, creo, era el más oscuro. Alguno de los que me acompañaban lo reconoció. Yo miré. Lo recuerdo abstraído, con los ojos apenas abiertos y un rostro de piedra.
            “Ya para entonces había escuchado de su poesía. También de su vida. Si se puede decir que su vida a esa leyenda de borracheras y una mención de alguien que contó haberlo visto golpeando con un pico el camino bajo el sol duro de la quebrada.
            Eso fue todo ese día. Pero al día siguiente, o dos o tres días después, alguien me mostró un texto en el que Choquevilca hablaba de cielos vistos desde un avión. Un largo paisaje de cielos -o una sucesión de paisajes- desde un avión. El que me lo mostró me explicó de un viaje de Choquevilca a Europa con un grupo de músicos.
 

“Y yo, a partir de entonces, dije muchas veces –porque soy de reiterar- que no hay paisaje como el del cielo, o la tierra o el mar, vistos desde un avión. Y los poetas, sin embargo, salvo Choquevilca, se mantenían dispuestos a encontrar la belleza sólo en la rosa.
            “No sé. Cuando un grupo de sus amigos publicaron sus obras, busqué el poema del avión y no estaba.
            “Yo también, desde un avión, vi las nubes. Y no escribí el poema pero saqué una foto. Desde ya, mi foto es pobrecita. Choquevilca describía –quiero recordar- formas de nubes, la sombra y la oscuridad del cielo y la luz del mar, atardeceres y amaneceres sobre el océano y el reflejo profundo del agua. Mi viaje en avión sucedió al mediodía y al mirar por la ventanilla, me parecía que todas las nubes eran iguales.
            “Además no soy Choquevilca. Choquevilca debe haber empezado a escribir –y creo que después así lo hizo toda la vida-, bajo la emoción del paisaje. Mirando la tierra de colores y las piedras blancas del río y lamentando el paso del tiempo en las luces del cielo. Y siguiendo también huellas de los fantasmas del tiempo, sus propios ancestros. Porque en su escritura vuelven antiguos moradores que, como Choquevilca y como todos, algún día levantaron la frente para buscar el más profundo azul en un pedazo de cielo”.
            Hubo varios comentarios. Algunos muy hermosos, que están todavía entre las Notas, para el que quiera leerlos, pero nadie pudo aportar sobre el poema perdido. Fabián, de Punto y Coma Libros Tilcara, confirmó que el poema no estaba en las obras completas pero, dijo, recordaba haberlo leído en un librito solitario del Churqui. Dijo también que era verdad que había sido en un viaje a Europa, con músicos de la Quebrada, según le había contado Barbarita Cruz.
            Ahora Patricia Rodríguez nos ha mandado el poema, junto con una hermosa foto tomada desde un avión. Gracias Patricia! Para una futura edición de las Obras Completas del Churqui.

 

 

Pablo Baca, escritor jujeño.

 

 

A continuación, el poema de Germán ChoqueVilca:

 

 

 

 

POEMA SOBRE EL ATLÁNTICO

 

Qué hermoso es navegar aquí en el cielo
olvidado de cuantos me rodean,
viendo pasar las nubes en rebaños,
cortando el aire veloz como saeta.

Abajo el mar en íntimo sosiego
guarda en su seno la sal de la tormenta
y sus olas de raso dicen salmos
por la paz, la ternura y la inocencia.

Indiferente en su extensión verdosa,
palpita nimbos de pieles cenicientas
y entre su vientre y el espacio estira
un cordón umbilical de madreperlas.

Mi pensamiento ahora es aeronauta,
se proyecta en el sol y la tiniebla
y más allá del límite presiente
la cruz poligonal de cuatro estrellas.

En un tenue crepúsculo naranja
del Ecuador traspaso la frontera
y en el cielo de lentas pulsaciones
voy tocando las manos de la niebla.

Quién me llevó, qué impulso me devuelve
a mi país de sol, árbol y piedra.
¿Qué le llevo a mi madre en este viaje,
la alegría, el cariño o mi tristeza?

Mañana en alas del viento subandino,
me hundiré en las arrugas de mi tierra.
¡Quiero sentir arder mis carnes
el metálico sol de Sudamérica!

Entonces, turbio de greda cenagosa,
derretiré mi sangre en las cosechas
y en la nieve del cerro me haré cuarzo
o una caja en las ruedas de la fiesta.

 

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