Raúl Galán, poeta del asombro
En estos días luminosos de octubre, cuando las flores llenan el corazón y el paisaje, también se ahonda la nostalgia, sobre todo de aquellos que señalaron hitos existenciales. En este caso hablo de quien fuera mi profesor, el poeta jujeño Raúl Galán.
Tendría que referirme a su figura de gran escritor nacido en Libertador General San Martín el 23 de octubre de 1913 y que murió en un accidente el 15 de enero de 1963. Tan joven, tan señorial y hermoso. Pero quiero referirme, esencialmente, a ese ser que supo hacerse respetar y admirar por sus cálidas características personales.
Poeta y docente. Realizó en su corta vida significativas acciones por las letras, la cultura, la educación.
Martín Raúl Galán residió en Tucumán desde 1938 hasta 1941, y desde 1944 hasta 1955. En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, se graduó de profesor de Letras, en 1950. En San Miguel de Tucumán creó el movimiento literario ‘La Carpa’, con el cual inauguró una nueva poética en el noroeste argentino, entre otras acciones importantes culturales.
En Jujuy presidió el Consejo de Educación y fue docente en el Profesorado de Letras. Allí lo conocimos, lo conocí. Adivinaba en sus alumnos sus condiciones y las gratificabas con sus enseñanzas y acciones. En sus poemas líricos que cantaron a la patria chica, donde supo expresar el amor por su tierra, por sus seres queridos, por su infancia, se percibe su sensibilidad poética elegíaca.
Quiero recordarlo en este octubre de primavera. Qué bueno que una fecha, la de su nacimiento, nos remonte a testimonios maravillosos de la vida.
Porque eso fue. Los que lo recuerden, los que lo lean, sabrán valorar su obra dedicada a Jujuy y a los que amaba. Es el deseo.
Dice el poeta:
Me iré llorando distancias,
muerto de silencio y duda,
a buscarme cuando niño
por un camino de brumas.
El muchacho en la pizarra
dos corazones dibuja;
y unas trenzas presumidas,
entre campánulas fugan.
Yo me llamaba Raúl,
hijo mío y ven criatura:
estaban tus manos, madre,
acariciando mi angustia.
¡Ay, de la falda y el trino
y esta nada tan profunda!
(...los azahares del silencio
mueren de amor por la luna).
De “Se me ha perdido una niña” Ed. La Carpa, Tucumán, 1952.
*
Con mi emoción:
RAÚL MARTIN GALÁN
Tu imagen melancólica
ya es parte de estos cielos
de estas lomas verdiazules
que se prendieron a tu memoria.
Decir Raúl Galán
es oír cantar a los coyuyos.
Es pensar en lapachos florecidos.
Es trepar quebradas artesanas
en solitarios vientos enrarecidos.
Es ver llorar en hilos finos
a los sauces y a los pinos.
Raúl Martín
meditabundo profesor mío,
atrapaste una mariposa
perfumada de recreos
de juveniles lágrimas
y te la llevaste
en aquel lejano enero.
Ahora,
eres coyuyo
de otro cielo.
Susana Quiroga