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"Puccini - La biografía americana" de Liliana Bellone

Liliana Bellone presentó en Bs. As. su rica y acabada novela “Puccini- la biografía americana” donde nos habla de la vida de Michele Puccini, músico que vivió en Jujuy, hermano de Giacomo Puccini, célebre músico.

Este en sus cartas desde Italia le dice: “…sigue contándome de esa tierra, la dibujaré, la describiré con música”. Esa tierra, Jujuy.

A continuación, comentario del escritor correntino Alejandro Bovino Maciel.

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PUCCINI, LA BIOGRAFÍA AMERICANA


Liliana Bellone, escritora, narradora tuvo feliz iniciativa de escribir el revés de una trama. En forma simple, podríamos enunciarlo así: las cuatro naciones territorialmente más grandes de Europa hallaron en Argentina el país más parecido a ese vasto territorio comprendido entre España, Italia, Alemania y Francia que dejaron allá. Entonces, si hay una historia europea de un europeo, en contrapartida, debe existir una versión argentina de esa misma biografía.

Puccini, vida e imaginación, de Gustavo Marchese, editado en Parma es una de las más completas biografías italianas del músico. No conozco otra obra centrada en la biografía de Puccini escrita en nuestras orillas pero Liliana Bellone vino a llenar ese vacío, incitada quizás por la geografía. El hermano menor del músico, llamado Michele Puccini, también músico, vivió en Jujuy y murió, según parece, en un tugurio de Río de Janeiro en algún agasajo no exento de peligros pasionales, según los chismes de la época.

La Editorial Verbum de Arganda del Rey publicó esta obra este año. Liliana Bellone nos cuenta en esta biografía novelada que el músico también pensaba seguir los pasos de su hermano Michele y radicarse en la Argentina pero que, ante la alarma de Michele que casi se lo prohibió, finalmente desistió. Otra hubiese sido la historia de la ópera pucciniana de haberse instalado en nuestro país. Pensemos nada más en las resonancias que hubiese evocado, por ejemplo, la música del noroeste con ese silencio majestuoso de la cordillera ante el solitario encanto de la caja o la flauta de caña. A Puccini, que tanto le fascinaban los sonidos misteriosos y ajenos que la evolución de la música del siglo XX imponía, no le hubiesen sido indiferentes. Pensemos nada más en los ecos orientales de Turandot, o en las dulces entradas de Madama Butterfly. La novela se inicia con la partida de Michele hacia América al ritmo del “Va pensiero” verdiano que es un himno de toda la ópera y un himno de toda la Italia de la Reunificación. Michele se embarcaba porque estaba libre, pero Giacomo, el músico, ya se había casado, tenía familia y responsabilidades allá en Lucca.

Entonces los dos hermanos empiezan a escribirse cartas. Michele contando todo cuanto ve en Jujuy, Giacomo todas las rutinas de Italia y el mundo de la ópera con sus empresarios teatrales, sus empresarios editoriales, los Ricordi, sus compositores y poetas que acechaban un tema para convertirlo primero en libreto similar al del teatro pero distinto al mismo tiempo, ya que musicalmente hay frases que se deben repetir tres o cinco veces, lo que en teatro sería insoportable pero musicalmente es de una eficacia asombrosa.

En un párrafo la autora recrea esa conversación hecha de cartas que conservan toda la magia de las entrelíneas que hoy por hoy los mensajes de texto del celular aniquilaron. En un tramo, Giacomo le dice a su hermano: “sigue contándome de esa tierra, la dibujaré, la describiré con música”. Está en plena efervescencia de la composición de Manon Lescaut, la primera ópera que le dará éxito y fondos para proseguir ya que los dos intentos anteriores La Villi y Edgar, tuvieron escasos resultados.

Entre relatos y cartas Liliana Bellone va deslizando el nombre casi mágico de comidas de la zona quecha y Aymará, supongo que provienen de esa región y de esa tradición porque cargan la música de sus nombres, por ejemplo: cuaresmillo, chalona, tulpos, mote, mazamorra, ajíes puneños, frangollo, locros pulsudos, carnes guateadas.

Se podría decir que toda esta obra está impregnada del espíritu del melodramma per música del tardío siglo XIX. Michele va a Jujuy invitado por un senador argentino que lo conoce en Buenos Aires. Vive en la estancia colonial de ese senador. Una criada mestiza que se llama América se convierte en su amante pero Michele está enamorado de Fidelia, la esposa de su anfitrión. El triángulo edípico del que vive todo el melodramma per música comienza la novela biográfica de Liliana Bellone. Las continuas evocaciones de Dante, de Francesca y Paolo en el Infierno de los lujuriosos, los celos asesinos del señor Malatesta rondan las páginas y la vida de Michele, el hermano. Las nieblas de las dudas terminan envolviendo el último acto de la ópera de Michele. Hay un viaje que es una fuga del músico y la esposa del senador anfitrión hacia Río de Janeiro, huyendo de Malatesta. Otras versiones dicen que Michele murió en una pelea de bajos fondos en alguna taberna del sur del Brasil. Para la novela, lo mejor es la generosidad de la bruma que deja siempre un halo de dudas, que es el destino del conocimiento humano donde casi nada es fehaciente.

Después aparece un personaje, un italiano llamado Giovani Campassi, obsesionado por seguir paso a paso la vida de Giacomo Puccini, el gran músico. Este Giovani podría ser alter ego de Liliana ya que persiguen lo mismo: conocer algunos detalles de la vida de Giacomo Puccini, que es un poco la vida de los personajes inmortales que nos dejó en sus óperas.

Un amigo con quien discutía me dijo que los compositores no crean personajes porque se limitan a poner música a un texto donde yacen ya hechos y derechos los protagonistas de la obra. Disiento, le dije. Una obra artística está hecha de unos pocos hechos y muchas emociones. Los pocos hechos: la jovencita que conoce al extranjero y se enamora de él, el extranjero que vive todo como una aventura que olvidará cuando regrese a su país, la joven mujer cuando comprende que ha sido engañada, se suicida. Madame Butterfly está diseñada con estos rasgos, pero para nosotros, para quienes hemos escuchado una y otra vez Madama Butterfly estos hechos apenas evocan una anécdota.

Para nosotros Madame Butterfly está hecha de “Son giunte”, de “Un bel di vedremo”, de “Tú, tú piccolo iddio”. Madame Butterfly está hecha de música, entonces el compositor es quien mayor responsabilidad tiene en la creación de esta mujer hecha de sonidos, no es libretista.

Liliana Bellone ha escrito una biografía llena de matices. Como buena novelista intuirá que la ficción necesita descentrar un poco la historia para evitar los inspectores de fallas que tiene invariablemente toda biografía, pero eso puso en centro escena a Michele. A través de Michele vemos a Giacomo Puccini en la primera parte de la obra. Desde Jujuy asistimos a La Scala, a la Opera di Roma, al Colón y a las plateas donde se estrenan las obras posteriores de Puccini, que fue discípulo de Amilcare Ponchielli, el célebre compositor de La Gioconda y El Lituano. De allí extrajo las primeras cualidades de su obra. Las óperas de Puccini pueden considerarse casi un contrapunto entre el cantante, el coro y la orquesta. Si Wagner le reprochó a Verdi haber relegado la orquesta a un plano secundario para destacar el canto, burlándose de Verdi por usar la orquesta como si fuese un guitarrón que está en el fondo, Puccini no olvidará esta ironía wagneriana. Las obras de Puccini tienen esa cualidad envolvente con la música orquestal que se inicia suavemente pero va ganando fuerza con cada acorde hasta convertirse en una atmósfera donde no solo respiran los personajes que cantan, sino también el público que se ve transportado a otro mundo, el que propone el argumento, el que propone el arte para no hacernos olvidar nunca jamás que si este mundo nuestro es imperfecto, algún día podría alcanzar la belleza absoluta.

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