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“Se abrió una escotilla y dijeron ahí va uno”

El 7 de octubre de 1976, Eduardo Samman y un grupo de presos, fueron traslados en vehículos militares hacia el Aeropuerto El Cadillal.

Allí los detenidos varones fueron subidos a un avión Hércules, sentados en el piso y esposados, con cabeza gacha. A las mujeres las aguardaba una avioneta que las llevaría a Villa Devoto.

Relató Samman el horror vivido durante ese viaje. “Nos golpeaban y nos hacían cantar fuerte canciones patrias como la Marcha a San Lorenzo”. Entonces escuchó que “se abrió una escotilla y dijeron “ahí va uno”. Algunos testimonios recogidos en este juicio revelan que en ese vuelo, algunos presos habrían sido arrojados al vacío, desde el Hércules.

Detalló después el testigo el brutal recibimiento en la Unidad Penal 9 de La Plata, a donde llegaron 78 detenidos. Fueron alojados en un Pabellón donde les hacían requisas cada 2 o 3 días. Allí estuvieron dos semanas en observación  hasta que los pasaron a otro pabellón, donde tenían un régimen de visita. Sammán recibió a su familia en Año Nuevo.

Recordó las humillaciones y el maltrato psicológico que recibían en La Plata, donde estuvo hasta que en junio, en un avión de LADE, fue llevado a  la Penitenciaría Nº 1 de Córdoba. Eran, recordó, “18 varones, entre ellos un judío Isaac Rumic y 3 mujeres traídas de Devoto”•. Los amenazan que si les pasaba algo a Videla que estaba efectuando un raid por el norte argentino, iban a perecer los 21.  

A fines de septiembre fue trasladado a Sierra Chica donde estuvo hasta principios de abril cuando fue liberado. “La salida fue terrible también” dijo, afuera del penal aguardaban familiares que clamaban noticias por los suyos y que solidariamente lo ayudaron a llegar a Córdoba primero, y finalmente a Libertador, sin DNI, solo con el papel de su libertad.

“ Volver a mi pueblo fue terrible, la consigna era que no teníamos que regresar”. Pero además, recordó la indiferencia de la gente que “se cruzaba de calle para no saludar”.

“Todas las víctimas detenidas y desaparecidas somos y seguiremos siendo inocentes, porque jamás fuimos juzgados” sentenció Samman en medio de su declaración.

Una semana después de su regreso a Libertador, fue citado al Regimiento 20, donde fue recibido por Bulgheroni y Ortiz. Le entregaron entonces una constancia firmada por Bernal Soto, jefe del Regimiento 20 y en ese mismo encuentro lo invitaron a “colaborar”. Le dijeron: “cuando vayas a una confitería y te encontré con gente, anota los datos y llámanos”.

Samman después de detallar los horrores vividos personalmente durante su cautiverio, señaló también los padecimientos a los que fueron sometidos los familiares por Bulacios, entre otros. Recordó que una vez a su esposa después de arengarla, la amenazó con que harían desaparecer a su hijo, “Dijo que lo tenían que matar para matar de raíz la subversión”.

A los dos meses lo llamaron para trabajar en la fábrica de alcohol de Ledesma, entró como obrero, después de haber sido empleado de primera categoría.  En el 79 lo pasaron a la fábrica de papel.  Renunció en 1978 y se dedicó a la docencia, actividad a la que se dedica actualmente.

Sammán narró también el camino en búsqueda de justicia, desde su declaración en la Comisión Investigadora de la Legislatura de Jujuy en 1984 y los vaivenes provocados por las leyes de amnistía, olvido, perdón e indultos. “Ledesma está cooptada por delatores” sentenció y señaló la crueldad que supuso la impunidad que los cruzó en la vida cotidiana con sus captores.

También Samman se refirió a la historia cíclica, cada vez que el sindicato de trabajadores del azúcar se fortaleció y llevó adelante demandas, sus dirigentes fueron perseguidos. En los 50 –durante el surgimiento del peronismo- y en la década de los 70, se registraron dos momentos importantes de crecimiento sindical en Ledesma que fueron seguidos de represión.
                                                                    

Soledad López a principio de los 70 se había integrado a la Unión de Estudiantes Secundarios vinculada a la JP, brindando asistencia en los barrios pobres a jóvenes y niños. “Militaba en los barrios, dando clases de apoyo en El Chingo, organizábamos los festejos del día del niño. Eso era lo grave que habíamos hecho”.

Al comenzar su testimonio, en el Día del Estudiante, López dedicó sus memorias a los jóvenes que hoy luchan y a su compañero hoy detenido desaparecido Víctor Orlando Farfán. Agradeció a Néstor Kirchner “porque cuando bajó el cuadro de Videla nos dio esperanzas a todos nosotros para que llegue la justicia que es un bálsamo para todas las heridas”.

En 1974 después de la detención de Jorge Weisz y otros dirigentes, la Juventud Peronista realizó una pintada exigiendo su libertad. Después de ese episodio se produjeron detenciones, entre ellas la de María de los Ángeles Cabana, “Pichona” y Carlos Tilca.

Soledad López conocía la situación, entonces fue a la casa de “Pichona” Cabana para avisar que la habían detenido. Salió la madre, la tía y el esposo, el Cro. Rioja. López fue agredida, la acusaron de haber sido la responsable de lo sucedido con Pichona. “La tía de Pichona me dijo “vos sos la que organizaste y la llevaste” y la amenazó: “ahora vas a ir presa vos también”. Ahí comenzó su calvario. Era el 9 de noviembre de 1974. Soledad tenía entonces 19 años.

Ese día fue apresada en la parada del colectivo por dos personas de trajes que la golpearon y la obligaron a subir a un auto. Fue conducida a la Policía de la Provincia. Allí el Cro. Rioja –tío de Pichona- le dijo “quién te mandó a secuestrar al hijo de Pichona?”, trató de explicarle el equívoco y recibió una bofetada. Una mujer la requisó, después algunos agentes le advirtieron “habla porque si no te van a llevar a la Federal y te van a hacer re cagar”.

De la Central de Policía fue llevada a la Federal, donde fue acusada de haber estado pintando paredes. “Me golpearon en la cabeza como si fuera un hombre” dijo e identificó al agresor como Rodríguez Mendoza. Quedó sin capacidad de coordinación después de los golpes, entonces la llevaron a una pieza sola. Estando allí Rodríguez Mendoza la increpa: “decís que hiciste” y como no le contestó, la amenazó.  “Yo te voy a ayudar a recordar” dijo y se sacó el cinto del pantalón.  “Pensé que me iba a pegar, pero no  era para eso” dijo y señaló que Mendoza estaba a punto de agredirla sexualmente, entonces suplicó que no lo hiciera que ella iba a decir que había estado en la pintada. El hombre se puso la ropa.

Estando en la Federal, escuchó un hombre que pedía que no le pegaran, se acercó y vio a Eduardo López Salgado. “Lo abracé y pedí que no le pegaran, me sacaron de la habitación” narró.

En esa dependencia policial, le tomaron declaración y la obligaron a firmar un escrito que no pudo leer. Al día siguiente vio a su amiga Pichona Cabana, quien le preguntó qué le había pasad. También su amiga le dijo que había tenido que contar  todo “mi familia está en el poder”, le había confesado.

“Ella sabía todo, me dijo que el que me detuvo fue Jaig, que quien me había pegado era Rioja y el que me tomó declaración era Torena”.

Estuvo detenida en la Federal alrededor de una semana, hasta que se le pasaran los rastros de los golpes. Allí vio al “Gaucho” Martín “con una valija con dos cables que tenían unas puntas rojas y negras”, lo que interpretó más adelante habría sido un equipo para picanear gente.

De la Federal fue llevada al Juzgado Federal a declarar y tras esto quedó detenida en el Buen Pastor. Estando allí se le hinchaba el vientre, pensó que estaba embarazada y creía que esa noche que había sido  golpeada y perdió prácticamente la conciencia, había sido violada. Más tarde comprobó que no se trataba de un embarazo.

Estuvo detenida en el Hogar Buen Pastor, alrededor de un año y en 1975 fue trasladada al penal de Gorriti. Las condiciones de detención eran ostensiblemente mejor en el Buen pastor, donde las presas recibían un dinero mensual por fajinas.

Allí la testigo compartió cautiverio con Dora de Weisz que cursaba un embarazo, narró la solidaridad de las presas para juntarle alimentos nutritivos. Las visitaba Marina Vilte, “era muy solidaria con nosotras, nos llevaba quesos, dulces, fiambres, leche que distribuíamos entre todas”.

En 1975, ya trasladada a la penitenciaría de Gorriti, sufrieron un régimen duro de detención. Al principio, relató, estaba alojada en celdas individuales, con ventanas tapadas, sin luz. Recordó a celadoras humanitarias, Claure y Temer, que les permitían salir por momentos de esa condición.

El día del Golpe, el 24 de marzo de 1976, recordó, se produjo el ingreso al Penal de Marina Vilte, de gente de Ledesma y Calilegua.

López señaló que Jones Tamayo –ya veces el Capitán Page- la sacaba de su celda para conversar, le preguntaba qué estudiaba, quienes eran sus amigas, qué hacían, que película veía, qué libros leía y sobre su militancia,
Durante su testimonio López recordó un episodio. Era junio o julio del 76, cuando vio a Dominga Álvarez de Scurta, Alicia del Valle Ranzoni y Juana Torres. Ranzoni se encontraba muy deteriorada porque había sido picaneada en sus genitales y estaba llena de moretones. Juana Torres recordó estaba muy preocupada por su hermanito de 14 años que estaba preso por subversivo.

Las tres –Scurta, Ranzoni y Torres- fueron sacadas del Pabellón esa misma noche. López miró por la hendija de la puerta y observó a Singh, Jaig, Gutiérrez, Díaz y otros efectivos más.

Vio pasar delante de su celda primero a Scurta que la miró y le guiñó el ojo, después pasó Torres y Ranzoni que gritaba “no por Dios, no”. Después de esto, “me quedé muy mal” recordó López .

El 5 de octubre se produjo un traslado de presas a Buenos Aires. Varias de ellas fueron llevadas a Villa Devoto. En Gorriti, quedaron Soledad López, Hilda Figueroa, Mabel Jaramillo y Olga Demitrópulos.

Después de esto recrudeció el trato hostil, que había cedido. De nuevo les taparon las ventanas, las celadoras no las hablaban. Pasado un tiempo, tuvo un encuentro con el Obispo Medina que le dijo “tu fe te ha salvado porque rezas”.
 A fines del 76 o principios del 77, la volvieron a llevar a la Federal, esa vez estaban López y Braga o Fraga. La interrogaron acerca de gente de Tucumán. Uno de ellos le dijo “voy a jugarme por vos, te voy a dar la libertad. No sé si sos un Jesús en la tierra o sos una hija de puta que un día me va a matar”. Después de este episodio fue puesta en libertad. La testigo nunca pudo recordar el día, pero estimó que debía ser cerca de febrero del 77.

Soledad López intentó reinsertarse socialmente, pero no conseguía trabajo, o a poco de ingresar a alguno era despedida. Un joyero le confesó que el problema era que la Policía les advertía que no era conveniente que le dieran trabajo a ella porque había sido guerrillera. Entonces buscó entrevistarse con Ricardo Ortiz, a quien visitó en una  oficina del RIM 20. “Por qué no me mataron, para que me liberaron si ahora no me dejan vivir”, le espetó. Ortiz entonces la llevó a un encuentro con el Capitán Arenas y le dieron un certificado  que consignaba su libertad por falta de mérito.  

Al poco tiempo consiguió un empleo estatal, estabilizó su vida y quedó embarazada. Su felicidad se interrumpió al poco tiempo cuando en 1980 un Secretario judicial le advirtió: “te tenés que ir del país urgentemente, porque van a pedir tu captura. Hay un expediente comprometedor”.

 Se le vino “el mundo abajo”. Después de reunir algunos recursos, salió a Bolivia para salvar al hijo que llevaba en su vientre. La acogió una familia de Bolivia, cuyos integrantes eran del PC. Resolvió regresar a Jujuy cuando una amiga le dijo que la situación había mejorado. Llegó en Año Nuevo y a principios de enero quedó nuevamente detenida. Se había presentado en la Seccional Tercera donde estaba el Comisario Aldapi, quien la interrogó sobre donde había estado. “Y ese hijo de quién es? Es de un guerrillero?” le dijo Aldapi y enfatizó: “vos te escapaste una vez, pero esta vez sos boleta, a menos que me digas dónde estuviste”. López insistió en que no había hecho nada y comenzó nuevamente a sentir el mismo miedo de la primera vez que había sido detenida.  “Le pedí compasión porque estaba embarazada”. Estuvo allí detenida unos días, posteriormente la llevaron a la Central  de Policía donde funcionaba un CCD, supo más tarde.  Dos días después fue llevada al Juzgado a cargo de Magnu Topp quien la interrogó sobre si había ido a Barrio Belgrano a visitar a una persona y si había llevado panfletos.  Le respondió que no, porque en esa fecha estaba detenida en el Penal.
 
López fue finalmente liberada y a los pocos días perdió su embarazo. “Había perdido todo otra vez, después de tanto sacrificio que había hecho. Es algo que nunca voy a poder superar”, dijo.

Decidió volver a militar, si igual hiciera lo que hiciera iba a ser perseguida. Fue rechazada en el PJ, entonces se unió al Humanismo y después al MAS. Más adelante se incorporó al SEOM y empezó a trabajar en organizaciones barriales y centros vecinales.

“Descreía del peronismo, yo decía que con esa gente no iban a llegar a ningún lado.  Fue una alegría inmensa cuando llegó Néstor Kirchner, cuando bajó el cuadro de Videla. Ahora estoy orgullosa de ser peronista” afirmó.
López, también se refirió a la re victimización que provocó la impunidad. Tuvo que cruzarse durante las últimas décadas con victimarios como el Gaucho Martín, Aldapi o Cossio.

La testigo habló de las actuales persecuciones en su trabajo actual, y señaló que allí revisten tres efectivos que combatieron en Tucumán y que reclaman su lugar de víctimas e indemnizaciones. López consideró que es justo, pero afirmó, para eso tienen que “hablar, que denunciar y que contarle a la justicia todo”.

Al término de su declaración, López se dirigió a los jueces y les dijo “confío en ustedes, tengo fe en que se va a hacer justicia. Ellos, los represores han tenido un juicio justo, con defensores y todas las garantías, no como nosotros. Por eso reclamo lo que corresponde”. López durante su conmovedor testimonio, agradeció a la actual Presidenta y al kirchnerismo por su aporte al proceso de derechos humanos.
 

Luis Sanabria fue el último testigo de la  vigésimo audiencia del juicio. Al momento de su detención, Sanabria se encontraba con su hermano y un amigo en la Sociedad Española de San Pedro. Dos policías de la Brigada de Investigaciones les comunicaron entonces que estaban detenidos, pero les permitiéndoles avisar a sus familiares, antes del arresto.
 
Narró que fueron llevados  a la Comisaria de La Esperanza aproximadamente a las 21.00 y de allí en una camioneta del Ejercito “por un camino que era picada, monte” fueron conducidos hasta la Comisaría del Barrio San Martin en Jujuy, donde quedan alojados junto a presos comunes.

Sus padres alertados, se habían comunicado con el abogado Kamal Zamar pero desconocían el paradero. Pudieron conocerlo por un favor de un preso común que había estado detenido por ebriedad y a quien “le anotamos en el zapato el teléfono del abogado y le pedimos que avisara sobre la detención”.

El testigo fue trasladado esposado a la Central de Policía donde fue alojado en una celda al fondo junto a  otros detenidos que estaban atados con alambres, en medio de charcos de agua. Allí reconoció a Lazarte.
Al día siguiente Sanabria es regresado al Penal de Gorriti donde permaneció alrededor de 18 meses, mientras su hermano estuvo detenido seis mese.

Recuerda que se producían los “verdugueos propios: revolver la celda, tirar las cosas” hasta que a mediados de junio lo llevaron a una oficina, con hojas de diarios tiradas en el piso, música muy fuerte, que estaba ubicada en el sector del pabellón de las mujeres para “hacerle un interrogatorio, me picanean querían que les de nombres. Estaban Aguaysol, Arjona, Zarate, Vargas y Bulgheroni que  puso el arma remontada  y me dijo que de ahí no me iba a ir más. Después me tiraron en otra celda, en medio de otras vacías, por lo que no podía recibir respuesta a los golpes en las paredes que era la forma en que nos comunicábamos. Los compañeros decían que yo no volvía hasta que me llevaron al baño y pude encontrarme con algunos”.

“La hierba de los caminos la pisan los caminantes”
Recordó  Luis Sanabria que en julio del ’79 se encontraba en el patio del Penal cuando, Zarate – un secretario de Bulgheroni- le dijo “te vas mañana, cuando salgas corre”. Efectivamente al día siguiente lo llevaron en una camioneta blanca junto a Patricio Vidal Lazarte, Rosa Santos Mamani y Santos Vega al RIM 20 para retirar los documentos.

“Nos llevaba un chofer uniformado y un oficial con arma que empezó a silbar una canción prohibida. Mamaní (Rosa Santos) se da vuelta para escuchar y entonces uno de los efectivos le dijo “vos de acá no te vas” y lo bajó, ya en el patio del Regimiento 20. Mamaní es uno de los detenidos desaparecidos de Tumbaya, cuyo final se investiga en este juicio.

La canción a la que refería Sanabria y que silbaba el oficial era “La hierba de los caminos” o “Que la tortilla se vuelva” símbolo de la Resistencia española.
 

El testimonio de Mario Martin Núñez,  otra víctima más  del terrorismo de Estado, refuerza la falta absoluta de valor por la vida de los demás. Fue apresado por tres policías de la provincia (dos varones y una mujer) por “averiguación de antecedentes” en el domicilio de su padre en Calilegua el 20 de julio de 1.976, la Noche del Apagón. Lo llevaron primero a la Comisaría de Calilegua, de allí a la Comisaría del Ingenio Ledesma y desde ese lugar al Centro Clandestino de Guerrero donde sufrió “torturas de todo tipo: picana, submarino, golpes”.  El 22 de julio de 1978 le otorgaron la libertad, pero quedó tres meses más detenido por un error con su apellido materno.

Quince días después de estar en Guerrero, el 7 de agosto de 1976, Núñez fue trasladado de Guerrero a la Central de Policía, donde vio a su hermano Enrique que estaba lastimado y que había sido también detenido. En ese momento le conceden la libertad, pero como Núñez se quedó en el lugar aguardando a su hermano, fue detenido y conducido en un Falcón al Penal de Gorriti. Allí estuvo el 7 de octubre de 1976, fecha en que fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata. En su memoria permanecen compañeros de prisión como Horacio Díaz, Enrique Núñez (su hermano), Darío Ceballos, Alfredo Cortez, Raúl Rodríguez, René Rodríguez, Cassiano Bache, Dávila, los hermanos Miguel y Horacio Garnica, Domingo Reales , pero calcula que en el “camión que nos trasladaron desde la  Calilegua éramos 38 o 39”.

El testigo nombró a” Narváez y Aybar “como los que hicieron el traslado hasta el aeropuerto  y recordó los agravios contado por cada uno de los tuvieron como destino el penal de La Plata: golpes, humillaciones, robo.
Núñez brindó precisiones sobre  las torturas sufridas durante el traslado aéreo a La Plata y afirmó que “abrían las puertas y largaban gente” y para que no escucharan los hacían cantar.

Una visita de Amnesty Internacional a la Unidad 9 provoca la real libertad de Mario Núñez el 22 de julio de 1.978.
 

Un ex empleado de la Penitenciaría, Dalmasio Rodríguez también brindó testimonio en la Audiencia Nº 20.  Rodríguez ingresó a trabajar al penal en 1969 y estuvo allí prestando servicios hasta 1992 aproximadamente. Su testimonio no aportó datos substanciales.

El testigo señaló que el 24 de marzo de 1976 hubo un cambio de autoridades en el penal que fue conducido desde ese momento por el Regimiento 20. En ese contexto asumió como Director, el Tte. Antonio Orlando Vargas, imputado en este juicio.

Rodríguez, explicó la organización de los Pabellones y la rutina carcelaria. Al ser consultado afirmó que en esas dependencias junto a Vargas estaban habitualmente Braga y Bulgheroni y agregó que había movimiento de presos, a algunos los llevaban, volvía algunos, otros no. Indicó el testigo que su superior directo era Cándido Arjona