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Morales, confiado en gobernar hasta 2023

Con el peronismo atomizado y sin liderazgos claros, el mandatario jujeño da por descontada su reelección y planifica hoy medidas que piensa aplicar después de 2019; qué o quienes buscarán interferir en sus proyecciones y cuáles son los riesgos de la falta de adversarios.

“A mitad de 2019 llegamos con el tren a Tilcara, (…) en 2020 vamos a trabajar desde Tilcara a Humahuaca para ver si en 2023 podemos llegar a La Quiaca”. 

Desde las vías del tren en Tumbaya, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, se entusiasmaba el pasado jueves con la ejecución de obras que su gestión tiene proyectado poner en marcha para reactivar el ferrocarril en los próximos cinco años. 

En las palabras de Morales, las elecciones generales de 2019 parecen ser un detalle menor. Tanto él como su entorno dan por descontado un triunfo cómodo en las urnas el próximo año. 

Meses atrás, el mandatario había reconocido en público lo que en privado todo su entorno conocía: su intención de ser reelecto. La proyección de medidas puntuales que exceden a su gestión actual confirma no sólo su voluntad si no su nivel de convencimiento. 

El contexto actual parece darle razones a tanta confianza. La caída de la fórmula Fellner – Jenefes en 2015 generó la implosión del peronismo en la provincia, cuyos líderes habían combatido durante sus 16 años de gobierno la formación de liderazgos alternativos. 

Cuando restan menos de dos años para la compulsa electoral, el peronismo se encuentra diseminado y sus dirigentes optaron por distintas tácticas de supervivencia. Algunos se acercaron en forma discreta al oficialismo, otros intentan oponerse a las políticas de la actual gestión en temas puntuales, pero de forma aislada. 

Tras perder la interna por la candidatura a senador con Guillermo Snopek, la actual diputada provincial Liliana Fellner perdió terreno y su estructura se vio seriamente debilitada. El ganador de esa compulsa, en tanto, pareció conformarse con haber obtenido la banca y no volvió a expresarse públicamente en ninguno de los debates públicos, algunos de altísimo voltaje, que ocuparon acapararon la atención de la sociedad. 

Parece difícil que el peronismo pueda construir en el corto plazo una figura con la suficiente legitimación para presentar un proyecto serio. 

Si bien el oficialismo descansa en su plan de ocho años, no son pocos los que opinan que el hecho de tener enfrente la cancha despejada puede ser contraproducente. Hoy las segundas y terceras líneas del gobierno acumulan errores no forzados que un buen líder opositor podría haber capitalizado con creces. 

Según esta lectura, la gestión, deficitaria en decenas de secretarías y direcciones, podría empeorar si la falta de contrincantes agrega relajación a una performance que hasta el momento no alcanza el nivel deseado. 

 

 

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