Julio Moisés volvió a declarar en el Juicio de Lesa Humanidad
Con un notable retraso de más de una hora, se reiniciaron las audiencias en el marco de los juicios de Lesa Humanidad, donde el Tribunal Oral Federal N° 2 juzga a los ex militares Rafaél Mariano Braga, Antonio Orlando Vargas y José Eduardo Bulgheroni.
La excusa dada por el Tribunal fue la demora en la conexión con el Centro de Detención de Ezeiza donde se encuentra detenido el ex militar Antonio Orlando Vargas, porque personal del Consejo de la magistratura no advirtieron encender los equipos de comunicación.
Uno de los testimonios más relevantes fue la del actual Intendente de San Pedro de Jujuy, Julio Carlos Moisés que a pedido de la querella, nuevamente volvió a sentarse frente al Tribunal para ampliar su declaración.
Moisés recordó que estuvo detenido desde el 24 de marzo del ‘76 en la Unidad Penitenciaria del Barrio Gorriti, donde fue trasladado y alojado en el Pabellón N° 1, en el primer piso, donde eran llevado los presos políticos de mayor peligrosidad.
Reconoció que Antonio Vargas era del Director del penitenciario en esos tiempo, pero no pudo verlo dentro del penal ya que tenían un régimen muy cerrado de salidas y visitas, por estar incomunicados. Si, dijo que tenían trato con el señor Shing, pero que después fue llevado al pabellón 3, donde eran clasificados según la ideología política que tenían.
También recordó que hubo entre dos o tres requisas muy violentas, por órdenes de superiores y que eran ejecutadas por el personal de la penitenciaria con el consentimiento el director.
Según Moisés, Vargas no entró nunca al sector donde estaban los detenidos políticos, lo sabía porque podía abrir la celda y sabía lo que pasaba a diario. Dijo que él conocía a Vargas por su actividad política y por haber concurrido a varios actos donde Vargas estaba presente, y recordó que “Vargas no hacía nada si no venía la orden de arriba”.
El trato en el penal, para él no fue malo, dijo y en ese sentido recordó que cuando nació su hijo, aproximadamente a las 22.30 horas, lo sacan de la celda y le comunican de la novedad, y lo llevan a una clínica ubicada en calle Otero, donde puede presenciar el parto de su hijo y luego de unos 30’ en el lugar lo llevan nuevamente al penal.
Recalcó que no vio personas lastimadas, si sabía que llegaban detenidos en malas condiciones de salud y muy golpeadas por un comentario recibido de Félix Rodríguez, un detenido de San Pedro que hacía la comida y fue él quien le comentaba. “lo traían de la Almona, donde lo llevaban a retiro espiritual”, destacó.
Finalmente resaltó que en una oportunidad es llevado por el capitán Jhony Tamayo, junto a otros presos para ver a Vargas, pero al llegar al lugar no estaba y que eran Vargas y Maldonado los que dirigían el penal.
Otro testimonio relevante fue la de Soledad López, quien estuvo detenida en primer instancia en el Hogar Buen Pastor y luego fue llevada al penal del Barrio Gorriti, donde fue muy mal tratada tanto físicamente como psicológicamente.
Fuimos trasladas a la cárcel de Gorriti en el 75, en condiciones feas, horribles. Nos sacaron del Buen Pastor, estábamos asustadas porque no sabíamos donde estábamos. Cuando llegamos al Penal, nos dieron un colchón sucio, en pésimas condiciones, negro tenía como una capa de grasa de tanta suciedad y tenía chinche. Las sábanas estaban en iguales condiciones, hasta tenía restos de sangre. No podíamos dormir en esas condiciones, porque había bosta de gallina, en las sábanas y nos picaban los bichos”.
Recordó con mucha angustia, que las requisas eran violentan que entraban a las celdas a cualquier hora, y hacían un ruido terrible en todas las celdas, situación que le causó un trauma psicológico que le llevó a tener miedo el ruido de las puertas que lo sufre hasta el día hoy.
Al describir la celda donde fue alojada, dijo que estaba toda sucia y tenías las ventanas totalmente cerradas, no tenían contacto con ningún otro preso, tampoco había atención médica, a pesar de que ella tenía problemas digestivos. “Como las ventanas estaban cerradas, no sabíamos si era de día o de noche” recordó.
Al baño solo salían en caso de mucha necesidad, sino tenían un tarrito donde podían hacer orina y sufrían todo tipo de restricciones.
Las puertas de las celdas permanecían siempre cerradas, salvo en algunas veces cuando una celadora, de muy buena atención, le permitía salir, contradiciendo órdenes superiores. Recordó que después del golpe del 76, la cárcel se súper pobló considerablemente, y de estar solas en las celdas, llegaron a tener entre 2 o 3 compañeras.
En cuanto al mal trato que sufrían, dijo que eran a diario, pero habían otras mujeres como las propinadas a las chicas Torres y Scurta que llegaron muy golpeadas, con los ojos horribles por el castigo recibido y con signos de haber sido picaneadas. En otra ocasión también golpearon a mercedes Salazar, porque estaban muy nerviosas porque no se le permitía salir al baño. “mercedes empezó a gritar, estaba sumamente alterada, nosotros también estaba un tipo, Mamaní, que la agarró y le dijo que dejara de gritar y la sedaron y le sacaron los colchones. Recordó también el caso de Ilda Figueroa, que también estaba muy lastimada por una golpiza que había recibido. Personalmente, sostuvo que recibió maltrato cuando concurrió una vez al odontólogo por una caries que tenía en los dientes de adelante. “Las caries me produjo un dolor muy fuerte y me llevaron al dentista. Allí me anestesió y me extrajo directamente los dos dientes. Cuanto le pregunté al médico porque no lo habían curado, me respondió que “aquí no se curan”.

