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Juicio de lesa humanidad: “Nadie se comunicará y dejan de existir”

Gladys Artunduaga víctima testigo del Terrorismo de Estado,  brindó un conmovedor testimonio, reconstruyendo parte de esta historia horrorosa y pidió que la Justicia de respuestas.

El testimonio lo brindó ante el Tribunal Oral Federal, siendo la segunda vez que lo hace en este nuevo juicio por crímenes de lesa humanidad que se está desarrollando en Jujuy.

“Nos avisan que nadie se comunicará con nosotras. Que dejamos de existir”, esa frase contó Gladys que les dijeron cuando las llevaron al Pabellón 4 que ocuparían en su estadía en el penal de Gorriti, después de tapar con maderas las ventanas, estaban incomunicadas.

A Gladys Artunduaga, la secuestraron en mayo de 1975 cuando estaba dando clases a sus alumnos de 2° grado en la escuela “Gabriela Mistral” (La   Mendieta) en un operativo exagerado. Fue llevada junto a Mercedes Zalazar, Sara Murat, Ninfa Coffler y Martin Chávez al Buen Pastor. Luego en noviembre de 1975 el Ejército las traslado violentamente al Servicio Penitenciario de Gorriti. Contó que después del Golpe de Estado comenzaron a llegar al penal mujeres golpeadas y torturadas. 

“Estar bajo la decisión de Singh (Néstor) o de los hermanos Ortiz (Carlos y Ricardo) que entraban al pabellón  y se paseaban por el pasillo gritando amenazas en las que hacían ver que estaban bajo las órdenes del Ejército, porque decían cosas como –ahora que está el jefe Vargas se le va a acabar todo- o –a sus madres las pone en vereda Braga- nos hacía vivir con miedo por una y por la compañera que sacaban”.

Destacó que tanto los hermanos Ortiz, Singh eran subordinados y cumplían órdenes del Ejército, del Área 323.
Recordó con mucha claridad a Dominga Scurta, Juana Torres Cabrera y Alicia Ranzoni,  pudo ver los signos de tortura con las que llegaron y que aumentaban cada día cuando las regresaban de las sesiones de tortura. Con la que menos habló fue con Dominga porque su enfermedad sumada a los golpes la mantenía acostada. Alicia le pidió que comuniquen a la familia que las torturan, y que están bajo las órdenes de Jaig. Juana no sólo la hizo depositaria de la cadenita para su Beba – Laura López- sino que le pidió que cuente lo que les pasa.  “En este momento estoy cumpliendo con ese compromiso, que sepan lo que pasó” dijo bañada en llanto.

“Ellas estaba conscientes de que las iban a matar “relató compungida. “Las celadoras se persignaban y decían a estas las llevan a matar. Las que salen no vuelven”.

Fue consultada por el fiscal Pelazzo si vio a Eublogia Cordero de Garnica en el penal, y Gladys respondió que sí, que había llegado con las compañeras de Ledesma. Estaba muy lastimada –dijo- tenia las muñecas con heridas profundas.

También recordó que Eublogia le conto que el Obispo Miguel Medina había intentado confesarla. 

Eublogia estuvo detenida en uno de los 11 Centros Clandestinos como fue Guerrero,  donde también estaban sus hijos, hoy siguen desaparecidos. Recordó con mucho dolor lo peor que puede pasarle a una mujer, la violaron delante de sus hijos. “No puedo entender que un hombre de la iglesia sea cómplice de la tortura” había dicho Eublogia. Medina le dijo: sí tus hijos están metidos en algo, tendrán lo que se merecen…”.

Gladys fue traslada a Villa Devoto donde recibió el mismo mal trato, y luego fue liberada.

Testigos citados: Carlos Alberto Villarroel, Zacarías Portillo, Luis Remigio Castillo y Arnulfo Carrasco (por la defensa) en la presente jornada. Retacear la información lo que los lleva a respuestas contradictorias se hizo constante en las declaraciones de los testigos aportados por la defensa. Son sesiones tediosas en función de la necesidad de la re pregunta a la que los mismos testigos obligan y cuesta mantener la atención en los relatos. La dirección de la Presidenta del Tribunal Dra. Fátima Ruiz Díaz, aporta la calidez que a veces ignoran las leyes. El objetivo de que todo se desarrollo en armonía para que las y los testigos tengan un desenvolvimiento tranquilo y sus dichos desnuden datos importantes para lograr Justicia, la preocupa y la tiene en todos los detalles. No se reserva tampoco poner las cosas en  su lugar cuando las defensas no respetan este código de relación.

Carlos Alberto Villarroel: “No asomen la nariz a los pabellones 3 y4”. Así fue la orden que, según él, les impartió la superioridad en referencia a los espacios ocupados por los detenidos políticos.  “No sé si eran subversivos” agrega. Contó también que su hermano Mario Ernesto ingresó al Servicio Penitenciario en 1977 y que uno de los imputados, Ricardo Ortiz es padrino de su hija. Su testimonio estuvo plagado de contradicciones, razones difíciles de creer que no agregaron mayores datos a la causa.

Zacarías Portillo: “Creo que todo el mundo se tiene que haber dado cuenta”. En contradicción a lo  manifestado por un gran número de ex penitenciarios, Portillo dijo que los cambios después del Golpe de Estado eran notables. Reiteró que el control lo ejercía personal del Ejército y Gendarmería, que ellos no andaban armados dentro del edificio detalle que a los militares no les interesaba. Tal vez el dato más importante que aportó fue que a los presos políticos los llevaban al RIM 20.

Luis Remigio Castillo: “Cuando entraba a la cantina podía ver a los presos políticos”: Esa es la razón por la que sabía que estaban  allí aunque admitió que hubo cambios, que antes del golpe no había detenidas mujeres pero recalcó que “estaban a cargo del Regimiento”.

Arnulfo Carrasco: “Me enteré que estaban trabajando en grupo de tareas con el Ejército”. Así se refirió este agente penitenciario cuando le preguntan si sabía de qué se encargaba Herminio Zárate agregando que “creo que Mario Gutiérrez también”. Cuenta que él junto a dos penitenciarios más fueron asignados por el jefe Tte.  Antonio Vargas como “asesores del alférez Pérez de Gendarmería por el movimiento del penal”