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Juicio histórico: la jornada del viernes aportó datos importantes a la causa Aredez

Este viernes, en la audiencia Nº 18 del juicio por delitos de lesa humanidad, comparecieron ante el Tribunal Oral Federal, testigos correspondientes a las causas Aredez y otros, Galeán y otros y Aragón y otros.

La nota de la jornada la aportó Nelly del Valle Márquez, prima de Olga Aredez, quien contó por primera vez que en Ledesma conoció a un hombre apodado “El Turco”, quien le dio detalles de cómo habría muerto el Dr. Luis Aredes, ex intendente de esa localidad y dónde habría sido enterrado (ver Revelador  testimonio por la causa Aredez)

Pero además del de Márquez, el Tribunal Oral Federal recibió el testimonio de otras tres personas.

El primero en declarar fue Patricio Vidal Lazarte, quien lo hizo desde el Consejo de la Magistratura por videoconferencia.

Vidal Lazarte fue secuestrado el 3 de enero de 1977, en horas de la madrugada. Ese día llegó hasta su casa un móvil policial (un Ford Falcon), con gente de civil armada con ametralladoras y lo llevaron a la comisaría de La Esperanza. Al día siguiente fue trasladado a la novena de San Pedro, donde permaneció tres días y sufrió simulacro de fusilamiento.

“No entendía por qué me daban este tratamiento. Me preguntaban por cuestiones políticas” dijo Vidal Lazarte.

Trtes días después fue trasladado a San Salvador de Jujuy, oportunidad en que uno de los guardias que lo custodiaban le dijo: “algo vas a tener que confesar porque si no te van a torturar más”.

En la Central de  Policía fue torturado durante horas por alguien “con la cara quemada”. Luego de la golpiza un policía le hizo firmar una declaración. “Puso lo que él quiso. Tuve miedo y firmé así como estaba” comentó.

De la Central de Policía  fue llevado al Penal de Gorriti donde estuvo alrededor de 18 meses. Recién a los tres meses de su detención es puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

En el Penal, relató, recibía junto a otros presos, visitas periódicas del Tte. José E. Bulgheroni. Entre los detenidos entonces mencionó al Dr. Ricardo Ovando, al Dr. Carlos Cardozo, a un dirigente obrero de apellido Vega y a Rosa Santos Mamaní.

“Una vez me amenazó de muerte, me reí pensaba que era una broma”, dijo Lazarte quien señaló que insistentemente trató de explicarle a Bulgheroni su situación, pero no fue escuchado. “Callate porque sino vas a desaparecer” recordó Lazarte que dijo entonces Bulgheroni, a quien recordó como “un tipo petulante, con la cabeza erguida que nos miraba desde arriba. El testigo víctima, también  buscó la asistencia del Obispo de Jujuy Miguel Medina quien no le brindó la asistencia requerida. “Le pedí al obispo Medina que me consolara y me dijo: ‘No hijo, vos sos comunista’”.ñ

También relató que la Cruz Roja visitó el penal para entrevistar a los presos. En esa oportunidad, antes de ser entrevistado por la gente de la Cruz Roja, Lazarte, fue nuevamente amenazado por Bulgheroni y sus secuaces que vigilaban ese suceso bajo una mirada atenta. “Tené cuidado con lo que vas a decir. Vaya con Dios” le dijeron irónicamente.

Narró el testigo que en la cárcel de Gorriti los presos eran sometidos a requisas periódicas y reveló que en las noches se escuchaba que “sacaban a algunos y después las celdas quedaban vacías”.

18 meses después de su ingreso a Gorriti, en junio de 1978, fue conducido con otros presos al Regimiento 20; intuían que iban a ser liberados. En las dependencias militares vio a Rosa Santos Mamaní (detenido desaparecido de Tumbaya, en la causa Galeán y otros), Vega y dos hermanos de apellido Sanabria.

Lazarte afirmó que allí en forma individual se fueron entrevistando con Bulgheroni. “Mamaní salió llorando porque le dijeron que si no confesaba le iba a pasar lo mismo que a los otros y no le iban a dar la libertad”. Rosa Santos Mamaní fue el único que no recuperó la libertad y nunca más se supo de él.

El testigo dijo que cuando quedó libre tenía mucho miedo de lo que le pudiera pasar en el camino. Al llegar a San Pedro un amigo le recomendó que se fuera de la ciudad por cuestiones de seguridad”

El tercero en declarar fue Juan Anún, empleado de Ledesma entre 1980 y 1986, quien no aportó datos sobre las causas. Su testimonio duró no más de cinco minutos ya que aparentemente no tenía nada para contar. La querella desconfió del testimonio de Anún, argumentando que por “versiones recibidas oralmente” el hombre habría sido chofer de la empresa en el año 1976. A raíz de esto, el querellante Néstor Ruarte, por la parte Aredez, pidió que el testigo aportara documentación que acreditara su permanencia en la empresa Ledesma, lo que fue desestimado por el Tribunal.

El último testimonio del día fue el de Jorgelina Díaz, esposa del detenido desaparecido Narciso Santisteban.  La mujer dijo que la última vez que lo vio a su marido fue el 13 de abril de 1977. Ellos vivían en San Pedro y “Chichi” se desempeñaba como policía de la provincia en Libertador.

Ese día lo llamaron desde Libertador en forma urgente porque se había desbordado el río San Lorenzo. Santiesteban se despidió su esposa diciéndole “negrita yo no quiero ningún error” y nunca más volvió.  Tampoco supo por qué había dicho eso.

Relató que al ver que su esposo no volvía, se presentó en la comisaría de Libertador General San Martín donde un oficial le dijo que Santiesteban estaba detenido en la Central de Policía de San Salvador de Jujuy y que la detención se debía a una orden militar.

“En la central me atendió Jaig, me dijo que mi esposo estaba detenido incomunicado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y que no iba a poder verlo hasta que haga los trámites correspondientes, pero nunca lo pude ver”, luego le informaron había sido trasladado al Penal del Barrio Gorriti y que para verlo debía ir el día domingo.

La testigo contó que con su cuñada y sus dos hijos se presentaron en el penal el día domingo llevando comida y ropa para Narciso. “Ese día fue bochornoso, porque los desnudaron a mis hijos, a mí y a mi cuñada. Yo les dije que solo quería ver a mi marido y me dijeron que tenía que sacar una orden para verlo;, les decía por favor déjenme pasar, aunque sea un momentito, pero nos tuvimos que volver”.

Después Jorgelina comenzó a recorrer el GAM 5 y el RIM 20 para poder conseguir la orden de visita. Recordó que en una oportunidad la atendió Bulgheroni quien le entregó un papel escrito a máquina donde decía que su marido había sido liberado a las tres de la tarde, y luego le dijo “debería dejarse de joder si no quiere correr la misma suerte de su marido, me dijo eso pero no le presté atención yo solo quería volver a mi casa con mi marido”, agregó Jorgelina, quien dijo haber visto en otras oportunidades a Bulgheroni pero nunca más la quiso recibir, ni darle noticias sobre “Chichí”.

El tiempo fue pasando y Jorgelina relata que debía trabajar para criar a sus hijos, y que se le hacía difícil continuar la búsqueda: “hasta hoy miro los programas de televisión, cuando aparece mucha gente lo busco a él, no hay un lugar donde ponerle una flor, o decirles a mis hijos ahí está sepultado su papá. Hasta ahora espero. Yo quería que sea una pesadilla, que no haya pasado”.

“Me fui enterando cosas de a poco. Después de 36 años, un vecino, Robustiano Ávila, que estuvo detenido en esa época, me contó que lo vio a Chichí detenido. Robustiano le decía mirá como estás y Narciso le respondió: es porque me picanean todos los días”, relató consternada Jorgelina.

Luego, también narró que otro amigo, Enrique, que en esa época era el encargado de la limpieza de celdas en el penal, le contó que una noche lo llevaron a limpiar una habitación donde había mucha sangre, y que en la de al lado vió a “Chichí” al que lo escuchó gritar, y que quien lo golpeaba le decía “hablá, vamos a traer a tu mamá, a tus hijos y les va a pasar lo mismo”, y que Narciso no contestaba.

“Luego de lo que pasó no volví nunca mas a Ledesma, la gente en el barrio no me hablaba, no me miraba. Y este año, el 24 de marzo, Juan Meccia me dijo que estuvo detenido con Narciso, que lo vió”, concluyó Jorgelina.