Juicio histórico: Julio Moisés declaró como testigo víctima
A las 9,35 el intendente sampedreño comenzó su testimonio diciendo “Lo hago de corazón; sin rencor pero sin olvidar el pasado”. Antes de iniciar su relato de los hechos que le tocaron vivir en tiempos del gobierno militar, Moisés se dio vuelta para ver quién estaba entre los presentes y se quebró al ver a Adriana Aredez, hija del desaparecido médico Luis Aredez, al que recordó como un buen amigo.
Julio Carlos Moisés fue detenido el 24 de marzo de 1976, el mismo día del golpe militar, a primera hora de la mañana, en San Pedro. Relató lo fueron a buscar a su vivienda donde le dijeron “en nombre de las fuerzas Armadas queda detenido”.Le ataron las manos a la espalda, le pusieron una capucha blanca en la cabeza y lo llevaron a su estudio donde revolvieron todo en busca de armas. Por aquel entonces era abogado de varios sindicatos de la zona.
Dijo que un subteniente de apellido Allende Posse “lo apretó” para que dijera donde escondía las supuestas armas. También comentó en ese momento que “los muchachos de la JP República Argentina me habían puesto tres bombas. Era tipos difíciles, por eso tenía un arma (para defensa)
Su destino inmediato fue una dependencia policial de San Pedro, donde había otros detenidos, entre los que nombró a Bravo, Crivellini, Medina y un trabajador de La Esperanza. Dos horas después fue trasladado al Penal de Villa Gorriti y alojado en la celda nº 32. “Desde entonces nunca he dejado de jugarle al 32 a la quiniela”.
En ese lugar estuvo detenido hasta octubre, cuando lo llevaron al pabellón 3 de máxima seguridad. “Creíamos que a los que estaban allí los cepillaban”, comentó.
Moisés relató que durante esos meses él no fue maltratado, pero que supo de muchos detenidos que sí lo fueron.
A lo largo de exposición que duró dos horas, relató cómo eran sus días en prisión, y cómo se las ingeniaban para comunicarse y entablar diálogos entre las celdas. Recordó que durante su detención en el pabellón 3 los sacaban cerca de las 5 ó 6 de la mañana y por las tardes alrededor de las 20, para ir al baño.
A comienzos de los setenta, el mundo había conocido por el cine y la literatura, la obra “Papillón”, del francés de Charrière Henri. Moisés dijo que al igual que el protagonista de esa historia, se había hecho proporcionar cuatro elementos por parte de un conocido: un clavo; una mina de lápiz; un pedazo de papel y una hoja de afeitar. Con ello se las ingenió para poder abrir la cerradura de su celda y poder salir cuando lo necesitaba por las noches.
El dirigente peronista comentó cuestiones internas del penal, como por ejemplo las clasificaciones que se hacían de acuerdo a los pabellones en que eran alojados.
En reiteradas oportunidades, Julio Moisés dijo que tuvo suerte de que lo trataran, dentro de lo que era posible bien, y que en tres oportunidades lo dejaron ver a su esposa. Cuando nació su hijo lo llevaron por 20 minutos a la Clínica del Norte. En una oportunidad vio que militares hacían un gran operativo y comenzaron a sacar a todos los detenidos de sus celdas. Sólo quedaron en el pabellón dos o tres, entre los que se encontraba él.
Durante las preguntas por parte de la querella, el abogado Ariel Ruarte indagó a Moisés acerca de Luis Aredes. En este momento el testigo volvió a quebrarse y una vez repuesto lo definió como un hombre honesto y trabajador. “Hay muy pocos hombres con su honestidad en política”, aseguró y dijo que “era un hombre que aglutinaba a la gente”.
La declaración del intendente de San Pedro continuó en medio de recuerdo y anécdotas, con su clásico estilo, y una vez finalizado su testimonio formal, expresó: “Todo esto hace muchos años que lo había borrado de mi vida y mi corazón. Lamentablemente, con el tiempo las Fuerzas Armadas no cumplieron con su rol como correspondía. Yo no quería volver a estos estrados. Le pido a la Justicia que actué con responsabilidad”, finalizó.