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Juicio histórico: “El que salía de Gorriti no volvía”

Esas fueron expresiones de  Gladys Ramona Artunduaga , una de las testigo víctima que declararon ayer en la jornada número 19 del juicio por delitos de lesa humanidad, que se desarrollan en nuestra ciudad.

Como ha ocurrido en la mayoría de las ocasiones desde que se desarrolla el juicio, la audiencia se vio retrasada por problemas de orden técnico, por lo que dio comienzo poco antes de las 10 de la mañana.

Hay que recordar que Orlando Vargas, uno de los acusados, se encuentra detenido en el Complejo Penitenciario Nº 1 de Ezeiza y por lo tanto es necesario mantener comunicación permanente por medio de videoconferencia. Una vez restablecida esta comunicación, se procedió a dar inicio a la audiencia.

Santiago Sabino Roldán prestó un breve pero importante testimonio, utilizando esta tecnología desde Salta.

Roldán es la última persona que vio al Dr. Luis Aredes con vida, a quien calificó como “un buen amigo”.

Dijo que era amigo de la familia y que algunas veces se juntaban a cenar. Roldán no recuerda el día que lo vio pero calcula que debe haber sido un domingo alrededor del mediodía.  Ese día se dirigía a un campo en la camino al paso de Jama.

Santiago Roldán relató que vio a Aredez en su automóvil cuando se dirigía en sentido contrario, a la altura del Puente Zapala, entre Palpalá y Forestal. “Iba acompañado por tres o cuatro hombres vestidos de azul y me saludó con la mano izquierda” relató el testigo. Comentó también que lo vio a unos cinco metros de distancia pero durante unos pocos segundos, por lo que no pudo distinguir nada extraño.

El segundo testimonio que recibió el Tribunal Oral Federal –TOF- fue el de Gladys Ramona Artunduaga, testigo víctima de la causa.

La mujer era docente y al momento de su detención el 22 de mayo de 1975, se encontraba dando clases en la Escuela Gabriela Mistral de San Pedro. Era además, miembro de ADEP y realizaba tareas como alfabetizadora en los barrios, para un plan del gobierno peronista de la época.

Artunduaga dijo que fue detenida por orden del comisario Morales, de San Pedro, y fue sacada del aula mientras daba clases en segundo grado. Contó también que a otra detenida la torturaron hasta obligarla a dar su nombre y así poder ponerla en una lista.

El día de su detención fue llevada a la comisaría de La Mendieta y de ahí la trasladaron a una repartición de nuestra ciudad que no recuerda, de donde fue derivada al Instituto Buen Pastor. Dijo que allí fue bien tratada y que tenían libertad para moverse por donde quisieran menos salir, porque estaban en calidad de detenidas. Tiempo después fue alojada en la cárcel de Gorriti donde comenzaron las penurias.

La testigo dijo que en el penal ingresaba permanentemente personal del Ejército y de Gendarmería. “Pasábamos situaciones de terror. Nos tiraban al piso, nos tapaban con sábanas y nos apuntaban con las armas como si fueran a matarnos. Pasamos situaciones de pánico” relató la mujer.

Tiempo después se produjo el golpe militar y comenzaron a llegar a la cárcel mujeres con evidentes signos de haber sido golpeadas. Artunduaga comentó que las torturaban para que se acusaran entre ellas y dieran nombres de otras personas.

Según comentó la mujer, un día a las seis de la mañana llegó el comisario Jait quien comenzó a llamarlas a los gritos. Una de ellas le dijo “hoy me van a matar” y le dio una cadenita para que entregara a su hija.

Gladys Ramona Artunduaga dijo que antes de ser trasladadas a Devoto, en Buenos Aires, las torturaban psicológicamente. “Nos hacían saber que estábamos en sus manos”, comentó.

Entre Gorriti y Devoto permaneció detenida siete años.

A raíz de los permanentes cruces entre las distintas partes intervinientes en el juicio, el presidente del Tribunal, René Vicente Casas,  decidió llamarlas al orden para que no hagan preguntas inconducentes, reiterativas y que no se hostigue a los testigos mediante las preguntas. Los jueces Morín y Almaraz, dejaron en claro que se trata de un llamado de atención y no de una sanción.