Historias distintas, destinos comunes de siete detenidos y desaparecidos
Distintas historias y destinos comunes, sufrieron los siete detenidos y desaparecidos víctimas de la Dictadura Militar, cuyas causas que será juzgada a partir de hoy por el Tribunal Oral Federal.
Dominga Álvarez Scurta, tenía 36 años cuando fue secuestrada. Nació en San Salvador de Jujuy, era maestra y trabajaba en la Escuela Nacional Nº 86 “El Sunchal”, departamento del Carmen. Formaba parte del gremio de docentes de escuelas nacionales. Tiene dos hijos y una hija; en el momento del secuestro Raúl tenía 17 años, Jorge de 12 y Claudia de 15.
Fue secuestrada de su domicilio, conducida al CCD comando radioeléctrico de la central de policía y de allí al penal provincial. Claudia su hija, fue secuestrada junto con Dominga; pasó una noche en el CCD comando radioeléctrico, luego fue liberada. Con posterioridad, pudo visitar a su madre en un par de oportunidades, la vio en muy malas condiciones. Les encargó a sus hermanos y le contó que una patota del ejército iba todas las noches a torturae a los detenidos que estaban en ese lugar.
El cuerpo de Dominga fue enterrado clandestinamente en un predio del ejército (polígono de tiro), encontrado en julio de ese año por dos niños que andaban por esa zona. Lo levantó la Policía de la Provincia y bomberos, lo trasladaron a la morgue del hospital Pablo Soria y de allí al cementerio de Yala.
En enero de 1984, ante una denuncia, se llevó a cabo la excavación de varias sepulturas. De allí se rescataron los restos de Dominga, Roberto Oglieti, María Amarú Luque y Rodolfo Usinger pareja de María Amarú; estos tres últimos víctimas de la masacre de Palimotas. Fue el único cuerpo que se pudo recuperar de las víctimas del terrorismo de Estado en Jujuy.
María Alicia del Valle Ranzoni, tenía 33 años, nació en San Salvador de Jujuy, era maestra, trabajaba en la Escuela Martín Miguel de Güemes de El Talar, departamento de Santa Bárbara.
Fue secuestrada de la escuela donde estaba trabajando, alojada en la Comisaría de Yuto; de allí la llevaron al CCD comando radioeléctrico de la central de policía, luego trasladada al penal de donde fue sacada “en comisión”.
Luego de producirse el “traslado” final, cuando las celadoras del penal pasaban frente a la celda que había ocupado se persignaban, pero sus creencias no evitaron la rapiña; entre ellas se peleaban por apropiarse de la cosas de Alicia que habían quedado en el calabozo que ella ocupó, como una radio pequeña que su madre le había podido hacer llegar. En la sede de ADEP, el gremio docente, una placa la recuerda.
Juana Torres Cabrera, tenía 22 años, nació en Metan Provincia de Salta. Era taqui-dactilógrafa; tiene una hija Laura, que en el momento del secuestro tenía un año;, su pareja Mario López había sido detenido en junio de 1975.
Fue secuestrada de su domicilio; de allí la llevaron al CCD comando radioeléctrico de la Central de Policía.Luego la trasladaron al penal de donde fue sacada “en comisión”.
Juana tenía claro su destino, mientras estuvo en el penal de Villa Gorriti le entrego una cadenita a otra presa, el encargo fue: “Para mi hija, para cuando sea grande”.
Cuando secuestran a Juana su hija estaba internada en el Hospital de Niños por problemas respiratorios. Casi 7 meses después pudo ser recuperada por su abuelo; recién en 1982 pudo reencontrase con su padre, año en que este recuperó la libertad.
Pedro Torres Cabrera tenía tan sólo 17 años. Nació en Metán Provincia de Salta. Era jornalero y desde los 12 años demostró interés y compromiso por las injusticias de este mundo.
Fue secuestrado de la finca del ingeniero Labarta en presencia del mismísimo ingeniero propietario de la finca. De allí la llevaron al CCD comando radioeléctrico de la Central de Policía, luego trasladado al penal de donde fue sacado “en comisión”.
Esta era la segunda vez que Pedro caía en manos de “las fuerzas”; con tan sólo 15 años de edad conoció la perversidad de sus verdugos. Ante el atropello que sufrió su madre Brígida, cuando la fueron a detener y por defenderla, enfrentó a la Policía Federal de Salta a puño y patada limpia. Eso le costó la primera detención y por consecuencia la tortura.
Lo absurdo. En el año 1979, el Juez Magnus Topp libra orden de captura por considerarlo desertor del servicio militar obligatorio. El juez que fue cómplice de la dictadura y que una y otra vez rechazó los habeas corpus que presentaban los familiares de las víctimas.
La familia de los/as Torres Cabrera fue terriblemente castigada. Brígida, la madre, fue detenida en Salta en el mes de octubre de 1974, trasladada al penal de Villa las Rosas en Salta. De sus cuatro hijas dos, Juana e Hilda, están desaparecidas al igual que su hijo Pedro. En noviembre de 1974 detienen a Lucía su otra hija; esta última sobrevivió junto a su madre. Susana la más pequeña de 10 años, quedó a cargo de su padre Domingo.
También estuvo desaparecido Roque, la pareja de Hilda. La hija de ambos, Victoria, fue apropiada por un coronel del Ejército de apellido Tetzlaff. Gracias al trabajo de Abuelas recupero su identidad en el año 2001. Los restos de Roque fueron identificados y restituidos en el 2012.
Osvaldo José Giribaldi. Tenía 27 años, nació en Santiago del Estero; Estudiante de 4º año de Ingeniería Agrónoma en Tucumán, fue presidente del centro de estudiantes de secundaria. Detenido en 1972 y trasladado a Rawson, sale con la amnistía de Cámpora en ´73.
A poco tiempo de salir en libertad, se radica en la localidad de El Talar, departamento de San Bárbara. Era empleado de la empresa Ledesma, supervisor de obra. Tiene dos hijos y una hija. En el momento del secuestro, Jorge tenía 3 años, Santiago 2 y Rosana venia en camino; Rosana no pudo conocer a su padre.
Fue secuestrado de su trabajo, mientras era apresado por un grupo de tareas; paralelamente, a su casa lo fueron a buscar en una camioneta de la empresa Ledesma. Alojado en la comisaría de Yuto, de allí lo llevaron al CCD comando radioeléctrico de la Central de Policía, luego trasladado al penal de donde fue sacado con destino al CCD Arsenales de Tucumán. Allí compartió cautiverio con Mario, su hermano. Mario fue asesinado el 13 de noviembre de 1976 en un simulado intento de fuga. Su cuerpo nunca apareció.
Marta, le la esposa de Osvaldo, estaba embarazada de tres meses. Mientras elegían el nombre, él sugirió que si era niña, como siempre le regalaba rosas quería que se llamara así; la niña se llamó Rosana.
Cuando Marta cursaba entre el séptimo y octavos mes de embarazo fue secuestrada y llevada a Arsenales. Cuando la sacaron, atada con alambres de púas, la tiraron en Salí, y se salvó sólo porque la encontró una persona del lugar.
Jaime Lara Torres, tenía 32 años, nació en el departamento de Chuquisaca – Bolivia. Era profesor de dibujo y vocal de la comisión directiva de ADEP.
Su padre era perforista de interior mina, por eso pasó parte de su infancia en las minas de Huanuni, Colquiri, Siglo XX y Cancañiri. A los nueve años de edad se trasladó a Jujuy junto con su madre, padre y sus diez hermanos y hermanas.
Fue secuestrado de su casa; de allí lo llevaron al CCD comando radioeléctrico de la Central de Policía, luego trasladado al penal de donde fue sacado “en comisión”. Al momento de su secuestro estaba preparando su primera exposición de pinturas. Se recibió de profesor de dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Jujuy. Para poder ejercer la docencia se naturalizó argentino. Inició su carrera docente como profesor de dibujo en la ciudad de La Quiaca. En 1973 es destinado a la Escuela Domingo T. Pérez de San Pedro de Jujuy.
Su compromiso social lo llevó a integrar en 1976 la comisión directiva como vocal de ADEP (Asociación De Educadores Provinciales) junto con Marina Vilte.
A Jorge Ernesto Turk le decían “Dumbo”. Tenía 32 años; nació en San Salvador de Jujuy, de profesión abogado, ejerció la docencia en Instituto de Educación Superior Nº 5 José Eugenio Tello. Siguió estudiando en condición de alumno libre el Profesorado de Historia en la provincia de Córdoba. Tiene una hija Paula, que al momento de su secuestro tenía 5 meses. Paula hoy ejerce la misma profesión que su padre.
Fue secuestrado cuando se presentó voluntariamente en una seccional de la Policía de la Provincia, al enterarse que lo habían ido a buscar al estudio. De allí lo llevaron al CCD comando radioeléctrico de la Central de Policía, luego trasladado al penal de donde fue sacado “en comisión”.
Ante la insistencia de la familia, el jefe de policía, el mayor Arenas, le dijo a su esposa Elena… “Bueno, señora, yo... tengo que comunicarle... que su marido ha sido abatido en Tucumán”. Supuestamente víctima de la masacre de Palomitas. Lo que llevó a Elena a peregrinar en busca del cuerpo de su marido por Salta y Tucumán sin obtener ninguna noticia sobre su destino.
El obispo Medina asiduo visitante del penal, ante las insistentes preguntas sobre el destino del grupo por parte sus compañeros, vociferó… “fueron llevado a Tucumán juzgados y ejecutados”.

