Francisco, un constructor de la paz
(DyN) - Guillermo Villarreal
Jorge Bergoglio lo hace desde su condición de líder de la Iglesia Católica y con el peso específico que el Vaticano tiene en el contexto diplomático de las naciones, pero también convencido de que no puede hacerlo solo. Por eso, ha comprometido a referentes de las demás religiones monoteístas en esta tarea de construir la fraternidad entre los pueblos.
El accionar de esta especie de "Internacional de las Religiones" no se circunscribe a este don y tarea, sino que abarca a otras cuestiones que el Papa considera son un atentado contra la paz: el hambre, las formas nuevas de esclavitud, los abusos sexuales, el desempleo.
El primer gran logro de la gestión pacifista del pontífice argentino ha sido, sin dudas, tender puentes de diálogo entre los Estados Unidos y Cuba para que puedan restablecer relaciones diplomáticas tras más de 50 años de tensiones.
Tanto el presidente estadounidense Barack Obama como su par cubano Raúl Castro reconocieron públicamente el papel "personal", "fundamental" y "crucial" que tuvo el Papa.
El acercamiento histórico entre las partes fue posible gracias a dos cartas del pontífice a los mandatarios y a reuniones reservadas en Canadá y el Vaticano. También a la labor discreta del Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, un experto diplomático en América Latina y China.
No tan efectivos, aunque importantes, fueron los pasos dados por Francisco para derribar los "muros de la enemistad" entre Palestina e Israel en la Franja de Gaza.
El Papa no logró cortar el círculo vicioso de odio y violencia, pese a los gestos inéditos que propició para pacificar esa región de Medio Oriente históricamente convulsionada.
El rabino argentino Abraham Skorka, quien se abrazó con Francisco y el referente musulmán Omar Abboud en el Muro de los Lamentos, aseguró que la persistencia de la tensión y los enfrentamientos "no confirma de ninguna manera el fracaso de la iniciativa de paz" del Papa.
Sin embargo, reconoció que Francisco "no hubiera querido ver" nuevos enfrentamientos después de su viaje a Tierra Santa en mayo y el posterior encuentro de oración en el Vaticano con los presidentes Simón Peres, de Israel y Mahmud Abbas, de Palestina. Francisco, quien ha condenado los asesinatos "aberrantes" en Siria e Irak, tampoco descarta visitar esos países dominados por los yihadistas del Estado Islámico que persiguen a los cristianos y otras minorías religiosas. Pero reconoce, como lo hizo en noviembre cuando regresaba de Turquía, que "no es el momento".
Otro motivo de preocupación del Papa fue la tensión bélica entre Rusia y Ucrania, por lo que en marzo instó a la comunidad internacional a hacer todo lo que esté en sus manos para "favorecer el diálogo de las partes".
El Papa también hizo un encendido llamado a la reconciliación de las dos Coreas, separadas entre el sur próspero y el norte sometido a un férreo régimen comunista, en el marco de su visita de agosto a Seúl.
China aparece, sin embargo, como el desafío próximo del pontífice, aunque ya hizo algunos movimientos estratégicos para abrir instancias diplomáticas que lo acerquen a ese país, que no tiene relaciones con el Vaticano desde 1951.
En septiembre, el dirigente justicialista Ricardo Romano, acompañado por el representante de la Academia de Ciencias Chinas ante el Mercosur, José Luján, entregó en Beijing un mensaje oficial del Papa invitando al presidente chino Xi Jinping al Vaticano.
A través de una acción diplomática indirecta, Francisco le pidió al mandatario chino que lo visite en la Casa Santa Marta a fin de meditar juntos por la paz mundial.
El primer gesto de acercamiento del gigante asiático hacia Roma se hizo evidente en diciembre, cuando el vocero del Ministerio de Exteriores chino dijo que su gobierno confía en que la Santa Sede "pueda seguir los principios relevantes y trabajar" para optimizar el vínculo.
La señal llegó, llamativamente, después de que el Papa no recibiera al Dalai Lama, el Premio Nobel de la Paz y líder espiritual del budismo tibetano enfrentado con las autoridades chinas.
El deseo del Papa de viajar al país asiático es evidente, tal se lo manifestó a los periodistas tras sobrevolar suelo chino de regreso de Corea: "¿Que si quiero ir a China? íPero claro, mañana!".