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Ernesto Samman: “A partir de ahora sos el número 56”

Ernesto Reynaldo Samman fue detenido dos veces, el 24 de marzo de 1976 y el 21 de julio de ese año, un día después de la fatídica Noche del Apagón.

El relato de Samman sobre sus detenciones –como ocurrió con otros testigos- vinculan a la empresa Ledesma con la represión. De hecho esto está siendo investigado en causas que se encuentran en etapa de instrucción.

La primera detención del testigo se produjo el 24 de marzo de 1976 en la Portería del Ingenio Ledesma donde se desempeñaba como empleado de primera categoría en el Departamento Administrativo. Ese día, al llegar a su lugar de trabajo, su Jefe le comunicó que el Área de Personal necesitaba hablar con él. Pidió entonces, un pase para salir de la fábrica que le fue denegado. “Vaya así nomás, no va a haber problemas” le dijeron. Por entonces, el clima ya estaba enrarecido, se habían producido detenciones de dirigentes del sector azucarero. De hecho desde el 74 en Jujuy se suceden los secuestros.

Samman al recorrer la distancia que mediaba entre su lugar de trabajo y la Portería, unos 500 metros aproximadamente, fue advertido por un trabajador sobre la presencia de dos personas extrañas. Al llegar a la Portería se encontró con el portero y dos personas con ambos que le preguntaron si él era Samman. “¿Sos de los subversivos?”.  Lo sacaron violentamente de la fábrica y lo subieron a un Chevy.

Primero, lo condujeron hacia su casa donde los efectivos efectuaron un allanamiento y robaron objetos de valor, joyas, medallas; lo mismo hizo después en la casa de su suegra y de su madre. Al mediodía lo llevaron a la Comisaría de San Pedro y de allí a la Central de Policía en Jujuy donde estaban ya detenidos Raúl Bartoletti, su pareja, los hermanos Oscar y Luis Alfaro y Lito Juárez, entre otros. Todos habían estudiado en Tucumán y trabajan entonces en Ledesma.

En la Central recordó la presencia del Cro. Ernesto Jaig, el Cro. Damián Vilte y el oficial César Vázquez y afirmó que en ese lugar se hacían requisas y se escuchaban voces. En ese contexto supo que Jaig pedía torturar personalmente a las mujeres detenidas.

Samman fue interrogado por el Capitán Jones Tamayo acerca de su actividad como estudiante en Tucumán y sobre su filiación política. Samman recordó que lo incriminaron por la tenencia de “un libro: “La revolución de las armas” de historias de cowboy y un casette de Mau Mau”, que pensaban aludía a Mao Tse Tung.

Tras el interrogatorio fue llevado a una ducha donde lo torturaron. Finalmente después de esto, alrededor de las 23:00, lo liberaron y le dieron una constancia, que -al día siguiente cuando se presentó en la fábrica- intentó entregar para justificar lo sucedido. Ese día  ingresó por error a una oficina de la empresa donde observó con estupor que se encontraban  las mismas personas que lo habían secuestrado el día anterior. Dialogaban con el entonces Jefe de Relaciones Humanas, que se sorprendió al verlo ingresar.

La segunda detención de Sammán se produjo el 21 de julio, inmediatamente después de la Noche del Apagón. En efecto, precisó Samman el 20 de julio en la noche se produjeron varios apagones y un clima de terror se enseñoreó del pueblo cuando se desató un operativo masivo de secuestros y detenciones.

Sammán el 20de julio había dormido en la casa de su madre porque era su cumpleaños.  Lo habían buscado esa noche por su casa domicilio. Por eso, en la mañana siguiente se presentó a la Seccional 11, donde le informaron que el allanamiento había dado negativo y le requirieron que se presentara en la Seccional 24 del Ingenio Ledesma. Fue allí y pidió hablar con el Comisario José Lescano, quien entonces le anunció que a partir de ese momento estaba a disposición de las autoridades militares.

Un agente le comentó al testigo que esa noche se habían producido varias detenciones En un celular fue llevado a la Central de Policía donde permaneció atado y vendado. Sin embargo pudo reconocer algunas presencias. El día posterior a su llegada –narró. Escuchó un diálogo, uno dijo “Este es el Capitán…” y otro le respondió “No, es el Tte. Braga o Fraga”.  Samman dijo que creyó haber visto a Braga en el momento en que era sacado de la Policía y subido a un patrullero que lo conduciría por Avda. Córdoba, Ciudad de Nieva hasta ingresar a la Ruta 9. Finalmente, el móvil que lo trasladaba llegó a destino, se trataba supo más adelante del Centro Clandestino de Guerrero. Al llegar ahí escuchó gritos  y le ordenan que olvidara su nombre. “A partir de ahora sos el Nº 56, ya no tenés identidad”. Lo arrojaron en una habitación contra el piso sobre otros cuerpos. Por las voces advirtió que había gente de Ledesma, de Calilegua, El Talar y otra traída de Tucumán. En ese lugar, los presos recibieron torturas colectivas. “De noche violaban a las mujeres, escuché a las chicas llorar desesperadas y el grito de satisfacción de los violadores”. También señaló que, al descubrir los efectivos que uno de los detenidos era homosexual, se le burlaron, se rieron y lo violaron.
 

Samman permaneció 13 días en Guerrero. Una noche, a Sammán y otros presos, les hicieron un simulacro de fusilamiento, los pusieron contra un paredón. “Apunten, fuego”, escuchó y las balas chocaron contra el paredón, mientras algunas personas que caían al suelo. Ese simulacro se repitió una vez más.

Relató Samman la saña de los torturadores que no dudaron en cometer las vejaciones más inimaginables. En Guerrero reconoció las voces de Ernesto Jaig y Damián Vilte. También la del Obispo Medina. “Todos los principios religiosos se me fueron al diablo” dijo y señaló que en una oportunidad se dirigió al cura diciéndole “Señor le reconozco la voz”. El Obispo le dijo “¿qué querés decir?”. Samman respondió que quería declarar para esclarecer la situación.

Posteriormente fue interrogado en forma individual. “Todos dicen que sos subversivo” le dijeron entonces, el testigo negó ese cargo y recibió el impacto de una patada en los dientes”. Le pedían que hable y Sammán no lo hacía. Llevaron entonces a un detenido y le preguntaron si conocía a Samman, el preso respondió “es del ERP, de prensa y propaganda, repartía revistas en Tucumán”. Fue entonces Sammán sometido a otra sesión de tortura, submarinos, golpes en la cabeza y en los oídos, inclusive le dieron •un chispazo en sus zonas íntimas y patadas.

Trajeron a otro preso más y se repitió la misma escena. Luego llevaron a un detenido que había sido compañero del secundario y a pesar de que este dijo “no andaba en nada, era un buen deportista”, nuevamente fue sometido a torturas y perdió el conocimiento. Más tarde se despertó al recibir un chorro de agua y le hicieron firmar una declaración. Posteriormente, de nuevo fue  arrojado sobre otros cuerpos.

Una noche uno de los detenidos en Guerrero se destabicó –recordó el testigo- y reconoció el lugar: “Conozco esta casa acá me trajo Mario Paz” dijo el detenido, entonces los guardias se abalanzaron sobre él, lo sacaron y se escuchó después una ráfaga de tiros. Ese preso no regresó más.

Después de 13 días de haber vivido en ese infierno, el testigo y otros presos fueron llevados en un celular a la Central de Policía, donde les sacaron fotos y los ficharon. De allí, fueron trasladados al Penal de Gorriti, donde su situación quedó un poco más legalizada.
 

En la penitenciaría de Gorriti, Eduardo Sammán vio al “Padre Labarta” que les decía “tranquilos, ya va a sar” y les anunció que el Obispo Medina oficiaría una misa. Así fue, a fines de agosto Medina ofició una misa y durante el sermón les preguntó “¿ustedes saben por qué están aquí?” y respondió él mismo: “Porque no han hablado”. Medina se ofreció entonces para recibir confesiones y delaciones, “para que cuenten la verdad”.

Samman sabía que Vargas era el Director del Penal donde vio entre otros a Jorge Weisz que paseaba a su hija “Libertad” nacida en cautiverio, también vio a Carlos Patrignani, los hermanos Díaz y a Carlos Tilca.