El gen presidencial de la corrupción
Con la ratificación de la sentencia sobre Lula Da Silva, el ex presidente de Brasil parece ser el primer funcionario de renombre que se expone a una condena tras las rejas.
Pero la segunda mitad de la década se ha visto inmersa en escándalos e investigaciones, al punto que casi ningún funcionario parece ingresar con el mismo prestigio ético con el que asume.
Tomando como punto de partida el caso más significativo de corrupción internacional ´´Odebrecht´´, miembros de la política de 12 países (10 del continente americano) se vieron involucrados en el caso de coimas que por ejemplo también incluye al ex mandatario brasileño.
En el caso del gigante sudamericano, Dilma Rousseff y el actual presidente Michel Temer también se han visto implicados.
Relativo al mismo escándalo por cobro de coimas, Perú tiene una seguidilla completa de máximas autoridades acusadas. Partiendo desde el ex presidente Alejandro Toledo (2001 - 2006) prófugo internacional, Alán García (2006-2011) considerado por los peruanos como la gestión más corrupta de los últimos años, Ollanta Humala (2011-2016) con prisión preventiva desde mediados del año pasado, llegando al actual presidente Pedro Pablo Kuczynski asechado por la oposición ante un nuevo pedido de destitución.
El caso más emblemático de la causa Odebrecht cierra, Juan Manuel Santos, presidente de Colombia quien reconoció a mediados de 2017 el financiamiento turbio de su campaña con fondos provenientes de la constructora brasileña.
En Paraguay los últimos dos gobiernos tampoco le escaparon a las investigaciones judiciales, en 2012 Fernando Lugo fue destituido por el parlamento de su país tras considerar el mal desempeño de sus funciones, hecho que generó caos en las relaciones internacionales. Su vicepresidente tuvo una gestión con un final aún peor, Federico Franco completaría el mandato y dejaría a Paraguay con el mayor déficit fiscal de la historia a pesar de su propio incremento patrimonial. Desde 2013 a la fecha, Horacio Cartes ha remado contra marea por sus vínculos con empresarios corruptos y narcotraficantes y el país se encuentra actualmente en una profunda crisis institucional.
Al otro lado de la cordillera, Michelle Bachelet ha tenido una aceptación positiva durante sus dos períodos al mando del ejecutivo chileno (2006-2010 y 2014-2018) sin embargo sus familiares cercanos se han visto comprometidos con la justicia. Su hijo Sebastián Dávalos recientemente sobreseído en un caso de tráfico de influencias y lavado de dinero entre otros, tuvo que renunciar a su cargo de Director Sociocultural de la Presidencia en 2015. Su esposa Natalia Compagnon, mientras tanto se encuentra acusada de estafa.
Y como ha sucedido en nuestro país tras cada previa de elección, la declaración jurada de Sebastián Piñera lejos estuvo de coincidir con la realidad. Mientras que la revista finaciera Forbes calcula su fortuna en 2700 millones de dólares, en las últimas elecciones donde resultó ganador, solamente declaró 800 millones.
En Uruguay, Pepe Mujica (2010-2015) pareció inmaculado durante su extensa carrera política sin embargo, organizó una masiva fiesta durante 2013 con un gasto de 370 mil dólares para la apertura de una planta desfuziladora donde Cristina Fernández obró de oradora junto a la organización política ´´La Cámpora´´. El gasto desmedido generó revuelo y recién tuvo su tratamiento judicial durante 2017. Durante 2016 una comisión investigadora se encargó de investigar la posibilidad del accionar ilegal en beneficio de la apertura de una planta de gas de una empresa brasileña.
A sabiendas de la extensa lista de casos de distinta índole que involucran a Cristina Fernández de Kirchner (Hotesur, Los Sauces, Dólar Futuro, Enriquecimiento Ilícito) sin olvidar al actual presidente Mauricio Macri sobreseído en algunas e investigado en otras (Panama Papers, Odebrecht, Ventas irregulares de empresas, Memorándum con Qatar) pareciera que Evo Morales (2006 - a la fecha) es el presidente sudamericano menos comprometido con la justicia. Esto no quita que en múltiples ocasiones funcionarios cercanos de su gestión se hayan visto seriamente comprometidos en escándalos de corrupción como en 2015 con la construcción de viviendas fantasmas resultantes en enriquecimiento ilícito.
El descreimiento en las instituciones políticas en la región es factor común y los principales mandatarios de la última década, en mayor o menor medido, han forjado este concepto del gen de la corrupción.