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El arte de no perder calma durante una discusión: 5 claves para lograrlo

Para que una discusión no nos haga sacar lo peor de nosotros es importante que nos conozcamos bien y que seamos capaces de controlar nuestras emociones

Conocer a los demás es sabiduría, pero conocerse a uno mismo es iluminación. Ahora bien, pero ¿por qué es necesario que me conozca a mí mismo para discutir con eficacia?

Por tanto, lo que no es cierto no tiene por qué hacerte daño.

El conocimiento y el saber conectar con nosotros mismos y con quien tenemos delante nos confiere mayor control sobre la situación.

Si quieres mantener la calma en una discusión debes aprender a controlar tus emociones negativas.

La rabia, el orgullo, el despecho, la ira, el nerviosismo… Todo ello son dimensiones que nos ponen a la defensiva y con las “uñas” preparadas.

Llega un momento en que nos situamos ya en “modo ataque”, y es así como uno pierde el control, deja de argumentar de forma lógica para derivar solo en los reproches y en esos diálogos rígidos donde no se llega a nada.

Para tomar las riendas de esa situación, haz lo siguiente:

En las discusiones donde no se llega a nada los interlocutores no se escuchan, las preguntas se sobreponen a las respuestas y, al poco, se lanzan comentarios envenenados, críticas nada constructivas y frases de las que más tarde nos arrepentimos.

¿De qué nos sirve llevar a cabo este tipo de conductas? Obviamente de nada.

No obstante, recuerda que esa respuesta no puede incrementar aún más la tensión.

Por otro lado, si vemos que esa discusión no nos lleva a ningún sitio y solo sirve para hacer uso del reproche y las emociones negativas, zánjala.

No olvides que hay discusiones que no valen la pena.

Cuando estamos alerta, cuando mantenemos una discusión, nuestro cerebro lo interpreta casi como una amenaza.

Es entonces cuando se disparan toda una serie de reacciones: palpitaciones, temblores, respiración entrecortada, boca seca, dolor de estómago…

En estos momentos, y para conservar la calma en medio de una discusión, nada mejor que controlar nuestras respiraciones.

Para ello, nos será de utilidad tomar aire de modo profundo y exhalar con tranquilidad.

Un cuerpo más sosegado razona mejor.

Nuestro día a día demanda mucho de nosotros: que discutamos con eficacia, que nos enfrentemos a la frustración, las críticas y, en esencia, a esas pequeñas adversidades de la vida.

Estar preparados “por dentro” nos ayudará a afrontar mejor los retos que acontecen en el exterior.

Para ello, te será de gran utilidad poner en práctica las siguientes actividades:

Para concluir, no dudes en poner en práctica estos sencillos consejos. Estamos seguros de que la próxima vez en que no tengas más remedio que iniciar una discusión, la afrontarás de forma más eficaz y competente.

Fuente: mejorconsalud.