Norberto Alonso… el “capitán Beto”
Este fin de semana los hinchas de River estrujaron las camisetas y las besaron en tu nombre, como emulando aquella tarde en la cancha de Boca, el día que se jugó con una pelota anaranjada (vuelta olímpica incluida) Con miles de imágenes, el pueblo millonario te abraza imaginariamente por tus sesenta “pirulos cumplidos”.
Bendito sea aquel 4 de Enero de 1953, cuando como dijo el flaco Spinetta: “Ahí va el capitán Beto por el espacio… Porque si Diego Maradona fue un “barrilete cósmico”, vos no podías ser menos que otro galáctico surcando el cielo para posar tu nave por todas las canchas del futbol argentino.
Bienaventurado el día en que el brasileño Didí decidió bendecirte el 8 de Agosto de 1971, dándote tus primeros minutos de futbol ante Atlanta, cuando River 2 a 0, para luego con tus juveniles años acompañar a River al regreso a los títulos, como en aquel 1975, luego de 18 años de “mufa”.
Tu vida fue una película con final feliz, que culminó en 1987 con un Estadio Monumental convertido en un planeta, en el que solos los riverplatenses pudieron entender los códigos de agradecimiento y las señales de amor.
Cómo no honrarte por esos destellos de futbol que alumbraban los domingos, por ese sublime pie que podía convertir una pelota en una bellísima lluvia de estrellas o de repente convertirlo en un meteoro.
Aquella vuelta parabólica en cancha de Boca, luego de tus gritos inmortales con la pelota naranja dejando atónito al “loco” Gatti e inerte a la Bombonera; la de América y la Intercontinental del 86, con la que consagramos tu nombre para siempre en nuestros corazones, serán parte de la evocación perpetua.
Como tantos próceres que tenemos en nuestra pinacoteca, tu lienzo nos mostrará con elegante frac en pose, acariciando la pelota de zurda. Así reviviremos aquel gol que el “negro” Pelé nunca pudo hacer ante el arquero Mazurkiewicz, o el que vos si pudiste ante Santoro. De ahí que te bautizaron “El Pelé blanco”, haciendo más fascinante tus memorias.
No importa haberte visto solo por un ratito en el Mundial 78, yéndote lesionado, o sufrir tu ausencia un par de veces, cuando te fuiste al Olympique de Marsella luego del 75, como así también luego del 81 cuando llegó Distefano, para irte por un tiempo a Velez.
Los jujeños todavía te recordamos en un Torneo Nacional, jugando contra Altos Hornos Zapla en el estadio “Centro Siderúrgico”. Fue una pelota a la raya del fondo sobre el arco del arroyo Las Martas; era para llegar y meter un cómodo centro. Raúl Otaola fue a cortar el supuesto centro, sin embargo, vos “enganchaste” para dentro haciendo pasar como “colectivo lleno” al defensor “merengue” que venía de refuerzo de Gimnasia de Jujuy. Vos displicentemente tiraste un centro con pierna derecha, mientras en el fondo de la cancha había quedado marcado un surco por la acción desesperada del “negro” Otaola.
Otros te vimos de más chiquito en cancha de Gimnasia y Tiro de Salta; el lobo jujeño era un rival peligroso para aquel River del 75 que necesitaba ganar aquel certamen. Pero te vimos, claro que te vimos… con la elegancia de siempre, con la seducción de tu juego.
La frialdad de los números dirán que jugaste 370 partidos, con 149 goles, 10 títulos (incluido el Mundial 78) 24 superclásicos…
Pero para nosotros ya estás en la galaxia de los mejores que el futbol pudo concebir. Afortunadamente con apenas sesenta años, podemos todavía observarte como un astro que todavía brilla por los pasillos del planeta Monumental.
El “flaco” Spinetta que anda en otra dimensión celestial, antes de viajar al más allá, te dejó desde su genial fantasía hecha música diciendo: “Ahí va el capitán beto, por el espacio…”. Mientras, en el universo del futbol los hinchas de River lo imaginan volar en estos maravillosos sesenta años de luz.