La posibilidad de nuevos choques en Egipto está latente
(Télam)
Ayer salieron a manifestarse en las calles de El Cairo, y de las principales ciudades de Egipto, sectores que están a favor de la nueva Constitución que propone el presidente Mohamed Morsi, y aquéllos que esperan que el resultado del referéndum de hoy sea negativo y se dé marcha atrás con la norma suprema.
A casi dos años de la caída del régimen de Hosni Mubarak, el pueblo egipcio sigue dividido –ayer hubo heridos por enfrentamientos en Alejandría–, y la posibilidad de nuevos choques no sólo está latente, sino que los pronostican hasta los más cautelosos.
¿Pero no estaban todos contentos con el fin de la dictadura militar? Al parecer no todo es tan sencillo, y menos en Medio Oriente. En junio de este año se realizaron elecciones en Egipto que consagraron presidente a Morsi, de los Hermanos Musulmanes (partido político islamista), arietes desestabilizadores que terminaron con el régimen de Mubarak. Hasta ahí, todos contentos. Pero el camino a la democracia siempre es sinuoso, y para lograrlo el gobierno redactó una nueva Constitución que hoy (y el sábado que viene) el pueblo egipcio debe aprobar o rechazar con su voto.
Pero la oposición, que supo estar junto al actual Gobierno en tiempos de Mubarak, no quiere saber nada con la nueva Carta Magna ya que, acusan, fue redactada sin consenso de la asamblea debido a que la minoría laica se retiró por el dominio islamista. Además, se oponen a que la votación se haga en dos instancias (hoy y el sábado que viene). Sin embargo, como los jueces –encargados de fiscalizar la votación– boicotearán el referéndum por considerar que la nueva Constitución contiene ataques a la justicia, no hay suficientes magistrados para supervisar la elección y por eso la división en dos instancias.
La Constitución
La nueva Carta Magna establece al islam como religión del Estado y la sharia (código moral y ley religiosa del Islam) como fuente principal de la legislación, lo que los laicos consideran segregacionista. Además, no sólo mantiene la discriminación a la mujer (por ejemplo, sólo pueden heredar la mitad que heredan los hombres ante una persona con el mismo parentesco) sino que la potencia, mencionando a las mujeres solo de forma residual y siempre en relación con sus obligaciones familiares y del hogar.
Por otra parte, el borrador no incluye la supremacía del derecho internacional por encima de las leyes nacionales, por lo que dispone a Egipto a recibir fuertes críticas y denuncias de distintos organismos internacionales de derechos humanos.