El papa destacó el valor de los deportes
“En Italia, como en mi país, en la Argentina, se corre el
riesgo de hablar solamente de fútbol y dejar en segundo lugar a los otros
deportes. En cambio, cada deporte tiene
su valor, no sólo físico o social, sino también moral, ya que ofrece la
posibilidad a la gente, especialmente a los niños y a los jóvenes de madurar en
el equilibrio, en el autocontrol, en el sacrificio y en la lealtad a los demás”,
dijo el pontífice esta semana al recibir en el Aula Pablo VI, a más de 7.000
personas, entre jugadores, dirigentes, miembros y simpatizantes de la Sociedad
Deportiva del Lacio, uno de los dos equipos de fútbol de la capital italiana.
La Sociedad Deportiva del Lacio nació hace ciento quince años, cuando un grupo
de personas decidió crear un club abierto a los jóvenes del pueblo que
perpetuase los valores morales y éticos del deporte.
“En aquella época -dijo Francisco- el deporte organizado era una prerrogativa
de la gente rica. La intención del grupo fundador era difundir el deporte en
todos los niveles y en todas las categorías sociales. Los animo, por tanto, a
seguir siendo hospitalarios, a valorar los diversos talentos y a que su club
deportivo sea siempre una casa abierta, donde se pueda experimentar la
fraternidad y la armonía entre las personas sin discriminaciones”.
El lema del club es la frase de Salustio: “Concordia parvae res crescunt,
discordia maximae dilabuntur” (En la
armonía las cosas pequeñas crecen, en la discordia las más grandes decaen)
y el Papa afirmó que la historia de la Sociedad Deportiva la corroboraba porque
a lo largo de los años se enriqueció con diferentes actividades y se articuló
en muchas secciones deportivas, unidas por el espíritu olímpico y la
solidaridad mutua.
“Uno de sus méritos -dijo- es haber trabajado para dar igualdad de condiciones
a todos los deportes. Cada deporte tiene su valor, no sólo físico o social,
sino también moral, ya que ofrece la posibilidad a la gente, especialmente a
los niños y a los jóvenes de madurar en el equilibrio, en el autocontrol, en el
sacrificio y en la lealtad a los demás. Y
quiero subrayar esta última: la lealtad. Lealtad hacia los demás porque la
costumbre de traicionar está en aumento: “Esto no me conviene, lo dejo de
lado”. ¡Lealtad!. El deporte la hace crecer.”
“La Biblia nos enseña -finalizó el Santo Padre- que el ser humano es una
unidad: espíritu y cuerpo. Por lo tanto, los animo a cultivar siempre, junto a
la actividad deportiva, la dimensión religiosa y espiritual. Además no hay que
descuidar el estudio, las amistades, el servicio a los pobres. No hay que dejar
todo esto para hacer solamente una cosa”.
“Gracias a Dios tenemos algunos bellos ejemplos de hombres y mujeres atletas,
incluso de grandes campeones, que nunca dejaron de vivir la fe y el servicio a
los demás. De hecho, el verdadero deporte fomenta la construcción de un mundo
más fraterno y solidario, ayudando a superar las situaciones de injusticia y de
malestar humano y social”.