El legado de Alan García
El saliente presidente de Perú prometió implantar un gobierno de diálogo y apertura, trabajar por la justicia social y redistribuir la riqueza a favor de los pobres. Hoy asume su sucesor, Ollanta Humala.
No hay nada de lo que se jacte más el saliente presidente Alan García que de entregar a su sucesor Ollanta Humala un país con un crecimiento económico del 7% en promedio anual, una inflación menor del 3%, y unas reservas internacionales que alcanzaron un acumulado histórico de US$ 47.000 millones.
Pero esa no es la única herencia que hoy legará en la ceremonia de transferencia de mando. Durante sus cinco años de gobierno se multiplicaron los conflictos sociales y las demandas populares insatisfechas. Recibió el país con 84 y le entregará a Humala 217 confrontaciones, según la autónoma Defensoría del Pueblo.
Su política bandera durante su segundo periodo fue la de permitir la explotación petrolera en la jungla peruana y promover los intereses de las multinacionales de energía y minería, lo que enfureció a las comunidades nativas. El sector representa más del 60% de las exportaciones del país.
Los grupos indígenas del Amazonas se organizaron en contra del Gobierno que concesionaba gas y petróleo en sus territorios ancestrales sin su permiso lo que, a su vez, enfureció a García, que dejó ver, juzgaron sus críticos, una personalidad autoritaria.
La confrontación con las comunidades indígenas y las clases populares marcó su gobierno. El peor hecho de violencia ocurrió en 2009 con la muerte de 34 personas, entre ellos 24 policías, en un cruento enfrentamiento entre agentes y nativos amazónicos. No se recuerda en la historia de Perú un incidente con tan alto costo de vidas en una protesta social.
Rolando Luque, funcionario de la Defensoría del Pueblo, dice que más del 50% de los procesos de diálogo instaurados para solucionar conflictos sociales se iniciaron después de generada la violencia, lo que demuestra una “falta de reflejos” del Gobierno para actuar en las etapas tempranas del conflicto.
Pero más que atribuir responsabilidades al Gobierno por el incremento de los conflictos sociales, Luque afirma que esa situación se produce en una coyuntura de crecimiento y veloz desarrollo que viene experimentando Perú, adonde llegan en gran escala las inversiones de empresas transnacionales básicamente dedicadas a la extracción de los recursos naturales.
“Se dice que hay más conflictos sociales, y claro, si es que hay cinco veces más inversión”, se defendió el Mandatario.
Al cierre de su mandato, Alan García deja un ambiente de polarización. Muy satisfechos a los empresarios e inversionistas, quienes han alabado su gobierno, pero una gran frustración entre las clases populares, a las que dirigió sus promesas de campaña.

