EE.UU: Habrían atrapado al responsable del tiroteo en la iglesia
La violencia racista volvió a sacudir a la pequeña ciudad portuaria de
Charleston, en el sur de Estados Unidos, donde un joven blanco entró
anoche a una de las iglesias de la comunidad negra más antiguas del
país, se sentó con la congregación durante una hora y luego mató a nueve
personas con una pistola.
Ni bien se conoció el tiroteo, las autoridades de la ciudad del estado
de Carolina del Sur, que no es ajena a este tipo de violencia racial,
ordenaron un masivo operativo para buscar y detener al joven sospechoso
de 21 años, al que identificaron, como Dylann Roof.
Horas después, el jefe de Policía de Charleston, Greg Mullen, informó en
una conferencia de prensa que fuerzas de seguridad habían detenido a
Roof en la localidad de Shelby, en el vecino estado de Carolina del
Norte, gracias a que un ciudadano identificó el auto del sospechoso y
avisó a las autoridades.
Desde la Casa Blanca, el presidente Barack Obama, se mostró conmovido
por el atentado. "He tenido que hacer declaraciones como esta demasiadas
veces", se lamentó el primer mandatario negro de la historia del país.
"Decir que nuestros pensamientos y oraciones están con las víctimas, sus
familias y su comunidad no empieza a describir el dolor, la tristeza y
la bronca que sentimos", sentenció, parado junto a su vice, Joe Biden,
según informó la agencia de noticias EFE.
El mandatario puso el acento en la necesidad de controlar la venta de
armas, una pulseada que perdió en 2013, y en cambio evitó hablar de un
crimen racial, como habían hecho el jefe de Policía de Charleston y su
secretaria de Justicia, Loretta Lynch.
Según contó el tío del sospechoso detenido, Carson Cowles, a la agencia
de noticias Europa Press, la pistola calibre 45 que usó Roof anoche para
masacrar a parte de la congregación de la Iglesia Africana Metodista
Episcopal de Emanuel fue un regalo de su padre para su último
cumpleaños.
El joven de 21 años fue recordado por algunos de sus compañeros de la
secundaria de la que se graduó en 2014 como una persona "que pasaba
desapercibida", mientras que otro ex alumno, John Mullins, lo describió
como alguien "un poco salvaje" que tomaba "drogas fuertes" y hacía
"chistes racistas", según publicó el portal de noticias estadounidense
The Daily Beast.
Roof había sido detenido dos veces en su corta vida. Una vez por
traspasar propiedad privada y una segunda por posesión de drogas, según
informó Mullen, sin dar más detalles.
La foto del perfil de su página de Facebook lo muestra con una campera
con las banderas bordadas de la Sudáfrica y la ex Rodesia (hoy Zimbawe)
de la era del apartheid, los dos regímenes racistas africanos que
impusieron una completa segregación racial entre blancos y negros
durante varias décadas en el siglo XX.
Otra de sus fotos de Facebook lo muestra sentado sobre el capó de un
auto, cuya patente tiene la bandera de la Confederación, el símbolo que
representó al Sur esclavista de Estados Unidos hasta la victoria del
Norte abolicionista en la Guerra Civil, en 1865.
El uso de esa bandera no es raro en Charleston, una ciudad de 127.000
habitantes con cerca de un tercio de su población negra, que hasta
finales del siglo XVII fue una de las cuatro ciudades más importantes
del país, junto con Boston, Nueva York y Filadelfia.
Hace apenas 15 años, después de un tenso debate y de importantes
protestas, el Consejo Municipal de Charleston finalmente tuvo que
remover la bandera de la Confederación que flameaba sobre el edificio y
dejar sólo la actual de Estados Unidos.
Eso sí, volvió la izarla a sólo unos metros de allí, en el memorial de
los soldados de la Confederación caídos durante la Guerra Civil
estadounidense, en el mismo predio del Congreso local.
Charleston fue una de las ciudades que más tardó en eliminar todos los
rastros legales de la segregación racial, allá por los años 60, pero
también alberga símbolos históricos de las primeras comunidades negras
en esa región, como la sede de la Iglesia Africana Metodista Episcopal
de Emanuel, la más antigua del sur del país.
Fue esa misma iglesia, construida en 1891 para una congregación que se
instaló en el país a principios de ese siglo, la que fue atacada por
Roof anoche.
Una sobrina de una de las víctimas fatales, el reverendo y senador
estadual, Clementa Pickney, contó en una entrevista con la cadena de
televisión NBC que su hijo, que también se encontraba dentro de la
iglesia en el momento del tiroteo, intentó disuadir a Roof antes que
empezara a disparar.
Según su relato, el asesino le respondió: "Tengo que hacer esto. Ustedes
violan a nuestras mujeres y están apoderándose del país, y tienen que
irse de aquí".
El sospechoso estuvo rezando una hora junto a sus futuras víctimas antes
de sacar su arma, según mostraron los registros de cámaras de seguridad
distribuidos por la policía de Charleston y difundidos por el diario
local Island Packet.
El reverendo y senador estadual Pickney y otras siete personas murieron
dentro de la iglesia, mientras que la novena víctima fatal falleció en
el hospital más cercano, a donde también fueron trasladados otros dos
heridos.
Las víctimas fatales fueron Tywanza Sanders, un estudiante universitario
de 26 años; Cynthia Hurd, la encargada de 54 años de la biblioteca
municipal; Ethel Lance, una jubilada de 70 años; Susie Jackson, una
miembro de la congregación de 87 años; Depayne Middleton, un ex
funcionario de 49 años, y tres pastores: Sharonda Coleman-Singleton de
45 años, Myra Thompson de 59 años, y Daniel Simmons de 74 años.
Poco después de conocerse la masacre, decenas de miembros de la
comunidad negra de Charleston se concentraron frente a la antigua
iglesia con carteles que recuperaron el mismo slogan de las protestas
que se multiplicaron en los últimos meses a lo largo y ancho del país
contra la brutalidad y el racismo policial: "Las vidas de los negros
importan".
No era la primera vez que la comunidad negra de Charleston salía a las calles con esos carteles.
A finales de abril pasado, un transeúnte filmó cómo un policía blanco
acribilló por la espalda, con ocho tiros, a Walter Scott, un hombre
negro de 50 años que estaba desarmado y que había sido detenido a plena
luz del día, cuando conducía su auto.
Las imágenes desataron la ira de la comunidad afroamericana de esa
ciudad, que salió a la calle y se encontró, como en Baltimore, Ferguson y
Nueva York, con una fuerza policial intransigente, que intentó hacer de
la muerte de Scott un caso aislado.